Bolsa de trabajo

6 maneras de ganar dinero sin un título profesional

Los tiempos han cambiado y lo que antes era básico -como ir a la universidad-, ahora no lo es tanto.

Cada vez más personas prefieren ahorrarse los cuatro años -o más- de deudas escolares y aprovechar ese tiempo en encontrar su pasión o emprender su propio negocio.

Sujan Patel, empresario y co fundador de ContentMarketer.io, compartió algunas formas de ganar dinero y hacer lo que te gusta, sin la necesidad de tener un título profesional enmarcado en la pared.

1. Crea un producto y véndelo en línea. Libros, música, arte o tu mejor invento. Existen miles de sitios online donde puedes encontrar clientes que busquen justo lo que tú ofreces.

2. Renta tus cosas, puede ser desde antigüedades para decorar el set de una película hasta tu propia casa. Hay gente que ha construido negocios de renta de equipos empezando por rentar los propios.

3. Si eres aventurero, ¡ese es tu negocio! Si nadie cree que tengas futuro porque lo que más amas es lanzarte del paracaídas, quizá ese es tu futuro. Explota tu pasión: organiza retiros en grupos, consigue certificaciones.

4. Ofrece servicios de consultoría, desde contaduría hasta comunicación. Estos trabajos son muy bien pagados y te dan flexibilidad de tiempos. Pero, por supuesto, tienes que esforzarte por ser el mejor de tu ramo.

5. Abre un negocio de servicios. Piensa en algo que sepas hacer y que la gente esté dispuesta a pagar una y otra vez. ¿Diseño web, mercadotecnia, un despacho contable? Hay muchos nichos de oportunidades.

6. Busca trabajos que no requieran un título… y de verdad existen muchos. Para ser desarrollador web o hasta pilotos, lo único que requieres es certificaciones y entrenamiento, pero no asistir a una universidad.

Opinión

La vida de mis hijos, ésa donde no hay un camino único

Ya tengo mis añitos, pero aún recuerdo un programa de televisión de mi niñez que daba “clasecillas” de moral e instruía sobre “lo que no se debía hacer”. A mí me daba entre miedo y culpa porque aparecía un diablito que te aconsejaba “feo” y un angelito que te decía cómo seguir el camino del “bien”. Hoy me río de imaginar a mis hijos, millennials los cuatro, viendo la simplicidad de lo que allí se planteaba en términos de decisiones de vida y de dilema moral. ¡Nada que ver con lo que enfrentan hoy mis criaturas!, las que les siguen a ellos y de pasadita los de generaciones anteriores que no sabemos bien pa’dónde jalar.

A mis 15 años se suponía que si hacías lo que te decían, conseguirías lo que querías. Pero ahora no hay caminos únicos, respuestas certeras ni verdades absolutas. Y si bien lo ético estará por siempre, los cuestionamientos presentes rebasan lo “moralino” de antaño y se instalan en el mundo de lo diverso y de la complejidad. Más allá de “lo que no se debe hacer”, un sin fin de quimeras entran en el territorio de las posibilidades reales.

Un mundo que nos pinta asequible tooodoooo lo que deseamos, te hace darte de topes ante la dificultad de conseguir lo que en un pasado reciente parecía conquistado. No se puede elegir con facilidad una carrera profesional porque hay 2000 opciones a escoger, difícilmente se puede sostener una relación longeva teniendo las largas vidas que ahora se pueden gozar, también hay pocas opciones de trabajos eternos en un mercado laboral salvaje y, por supuesto, no se puede asegurar que los hijos nos van a cuidar cuando uno esté viejo.

¡No se puede estar al 100 en una reunión, porque mientras cenas te invitan por chat a tantas otras fiestas más!

Andrés, mi tercer hijo, me compartió una reflexión que estaba fuera de mi alcance mental cuando me casé: “Madre, pensaba el otro día que, si quiero tener hijos, que aún ni siquiera sé, tendré que elegir a una mujer (más allá de que me guste y la quiera) con quien pueda formar un equipo de padres para toda la vida, muy aparte de lo que pueda durar nuestra relación”. ¡Uf, uf… pues síiiii! Y yo que el tema lo sé de memoria, con esa confesión comprobé que hoy los chavos y “treintichavos” observan cosas que ni de forma remota estaban en mi haber mental.

Y de estos ejemplos tengo miles (con mis hijos, con pacientes y en mi vida personal).

Pues bien, cómo no entender a los millennials y a sus contemporáneos que miran tanto y quieren todo. Yo me maravillo de lo que estamos viviendo (esto es lo que tenemos y con esto es con lo que podemos bordar). Por supuesto que por ratos me mareo un poco ante la infinidad de opciones y dudas que te presenta la vida moderna, pero tampoco paro (ni pararé) de soñar.

Psicología / S1NGULAR / Sexualidad

¿Qué pasa con los hijos de las familias poliamorosas?

Crecer dentro de una familia poliamorosa no es sinónimo de enfermedad. De acuerdo con la socióloga Elisabeth A. Sheff, autora del libro The Polyamorists Next Door: Inside Multiple-Partner, Relationships and Families, no hay un patrón que determine que este tipo de núcleos implique problemas para los niños.

La autora asegura que las familias con este modelo en las que están involucrados niños “pueden crear ambientes sanos, estables, cariñosos para los pequeños si los adultos se encargan de fomentarlo”.

Sin embargo, así como en su momento se llega a platicar acerca de un divorcio en una familia “tradicional”, los acuerdos poliamorosos necesitan también ser tratados en una conversación.

Sheff recomienda tomar en cuenta la edad de los niños, como primer paso, pues de eso depende qué palabras utilizar para explicarles este modo de convivencia amorosa.

Alrededor de los 8 años o menos, los niños no profundizan demasiado en los conceptos amorosos, por ello asegura que a esta edad no es rigurosamente necesario explicarles el significado del poliamor y sus variantes. Pero para los preadolescentes, de entre 9 y 12 años, que están formando estas ideas, es esencial expresarles que, dentro de esta dinámica, los padres son honestos con todos y cada uno de los involucrados en la relación, y que todas las parejas de su papá o mamá están en un acuerdo mutuo.

Sheff, quien ha estudiado los roles, el ambiente y las relaciones entre los padres poliamorosos y sus hijos durante 15 años, encontró que no sólo hay tabúes alrededor de este tipo de familias, sino que también existen ventajas para tanto para los niños como para los adultos que están involucradas en ellas:

  • Al haber más de un adulto involucrado, obtienen más atención y protección por parte de las parejas de sus padres.
  • Conviven distintos modelos paternos y posturas respecto a la educación para los menores. Lo ideal es que los adultos establezcan qué principios están de acuerdo en seguir para no confundir al niño.
  • Hay mayor tiempo libre para los adultos, ya que se pueden tener responsabilidades familiares compartidas.
  • En los casos en que también se acuerda compartir gastos de los menores, la economía podría resultar más flexible y funcional para la familia poliamorosa.
Bienestar / Psicología / S1NGULAR

Mi “egoísta” decisión de no tener hijos

Las mujeres enfrentan una constante presión por convertirse en madres; no sólo de manera externa, sino también interna, al crecer pensando que nacen y que están diseñadas para concebir.

Pero ¿qué pasa si por un momento hacemos a un lado lo que se espera de cada género? Tener o no tener hijos no las hace menos mujeres o personas.

Ésta es la carta de una S1ngular, con la que muchas de ustedes podrán identificarse.

 

“Durante años mi familia me ha pedido insistentemente “una niña”, porque hasta en eso se ponen espléndidos y se atreven a especificar el género, como si solo se tratara de ir al súper y elegir el sabor que te agrada. No solo mi familia sino amigas, tías, compañeras de oficina, ex novios, ex suegras. Todos y cada uno de ellos en su debido momento me han preguntado “¿por qué no quieres ser mamá? Si es lo mejor que te puede pasar en la vida, si una vez que lo tengas sabrás lo que significa el verdadero amor”.

Y hasta ahora, a mis casi 42 años, y a pesar de su insistir, no ha habido algo o alguien que me haya hecho cambiar de opinión. Porque para mí, la vida no solo se trata de seguir una receta de cocina dónde naces, creces, te reproduces y mueres. Tampoco me convence la frase de “dejar huella en este mundo” o peor aún, la que me han dicho muchas personas “¿y qué harás cuando seas vieja, quién te cuidara?” ¿De verdad pensamos así en esta época?

Para mí, la decisión de no tener hijos refleja un acto de introspección que inicié hace años cuando me preguntaba una y otra vez, “¿qué quieres hacer con tu vida?” En realidad nunca me he cuestionado “¿qué espera la sociedad qué haga con mi vida?” Por eso creo que cualquier explicación que me haya hecho para responder el porqué no quiero ser madre es suficientemente válida.

Sólo pido que respeten mi elección. Yo no ando por la vida preguntando “Y usted por qué tuvo tantos hijos? ¿Por qué solo tuvo uno? ¿Por qué lo tuvo a tan temprana edad? ¿Por qué se esperó tanto tiempo? ¿Por qué no educa a sus hijos?

Después de todo, es una decisión que como todas conlleva responsabilidad. Y aunque me han tachado de egoísta, puedo decir orgullosamente que soy una mujer INMENSAMENTE FELIZ y que eso es lo que importa. Lo demás, es lo de menos.

Bienestar / Finanzas

Cómo administrar tus finanzas si eres madre soltera

Las madres solteras se han vuelto expertas en el desempeño de múltiples tareas. Trabajan, mantienen la casa limpia y en orden, pagan las cuentas, cuidan a sus hijos y buscan momentos de esparcimiento para sus pequeños.

Es por todo esto que muchas madres solteras pueden llegar a sentirse abrumadas por el esfuerzo que implica la administración de su propio futuro financiero.

La Fundación de la Asociación Nacional de Tesoreros Estatales propone 6 pasos que las madres solteras pueden seguir para manejar sus finanzas hoy y en el futuro:

1. Fija metas

Es esencial que te tomes por lo menos 15 minutos de manera regular, para pensar en lo que realmente quieres para ti y tu familia. Establece algunas metas financieras a corto, mediano y largo plazo. Toma nota de éstas para recordar constantemente por qué estás ahorrando dinero. Por ejemplo, si una de sus metas es que tu hijo vaya a la universidad, podrías pensar en un fondo de ahorro universitario. Si te acostumbras a fijar metas mientras tu hijo es pequeño, podrás acumular significativos ahorros y cumplirlas.

2. Elabora presupuestos

Una de las claves para una crianza exitosa cuando solo está presente uno de los padres es decidir con anticipación y actuar al respecto para no sentir que se toman decisiones apresuradas a medida que las situaciones ocurren y las circunstancias cambian, por lo tanto es importante administrar las finanzas, una manera de lograrlo es crear un presupuesto real al que te puedas ajustar. El diseño de un presupuesto basado en los gastos fijos y el monto para el ahorro, te ayudará a liberarte de presiones, así podrás tomar decisiones de forma anticipada.

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3. Crea un fondo de ahorros de emergencia

La mayoría de las madres solteras viven al borde del abismo financiero. Una deuda grande e inesperada, una reducción de las horas de trabajo, una enfermedad o un accidente, pueden marcar la diferencia entre estar apretado económicamente y estar al borde del abismo. Estudia tu presupuesto e identifica en qué gastos podrías recortar y cómo podrías ahorrar dinero, con el fin de acumular una reserva de efectivo suficiente para cubrir los gastos de tres o preferentemente seis meses.

4. Protege el futuro de tus hijos

Como madre soltera, estás consciente de la responsabilidad de cuidarte a ti y a tu(s) hijo(s) ahora y en el futuro, por lo tanto es importante contar con un seguro de gastos médicos. Si no cuentas con seguro de vida y testamento antes de fallecer, puede ocurrir que un ex cónyuge, un familiar o el estado decida quién será el tutor legal de tus hijos.

5. Pon en orden tus tarjetas de crédito

Al principio, puede ser fácil usar la tarjeta de crédito para cubrir gastos de emergencia. Luego se convierte en una manera habitual de complementar tu ingreso. Sin embargo, la acumulación de deudas mediante las tarjetas de crédito puede transformarse en una obligación financiera que no se puede pagar y a la larga puede convertirse en un impedimento en la toma de decisiones.

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6. Invierte en tu educación

Considera tomar clases para obtener una certificación laboral adicional (como una maestría o diplomado) y continua capacitándote. La educación adicional proporciona mayores oportunidades de trabajo y rentabilidad que pueden proporcionarles a ti y a tus hijo (s) seguridad financiera en el futuro. Además servirá de ejemplo a tus hijos para siempre sigan estudiando, es un legado que siempre recordarán poniéndolo en práctica.

Psicología

¿Cómo influye un entorno hedonista en la conducta de los hijos?

“Si te portas bien, te compro un dulce”, “si sacas buenas calificaciones, te doy un iPhone”. ¿Les suena conocido? Algunos científicos sociales, tales como Ulrich Beck, Jürgen Habermas y Gilles Lipovetsky, piensan que este tipo de interacción se encuentra fácilmente en sociedades hedonistas, y en realidad a lo que invitan los padres es al consumo, no a la buena conducta.

Los niños que tienen problemas de comportamiento, como desobediencia, rebeldías injustificadas y faltas de respeto, entre otros, son el reflejo de una sociedad hedonista. Por tanto, ellos son:

Niños hedonistas

De acuerdo con la doctora Eva Marcuschamer, de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, un niño hedonista suele ser alguien que está continuamente insatisfecho, que es egocéntrico, que tiene poca tolerancia a la frustración, que no es empático, que traspasa límites, que exige mucho y que no cumple acuerdos.

«También intervienen en su educación y desarrollo la televisión, la escuela, los amigos, el transitar diario, los vecinos, la familia y un largo etcétera que se llama “vivir en sociedad”».

Al respecto, desde la psicología se proponen algunos consejos básicos para los padres de estos niños:

  • Aprender a poner límites
  • Definir tiempos y espacios de actividades
  • Hacerles partícipes de obligaciones y responsabilidades

Asimismo, es importante que el adulto cumpla con lo necesario como autoridad, para que el menor sepa que debe seguir ciertas reglas y que son sus padres quienes le dan las pautas y las normas básicas. Sin duda, esto ayuda mucho a la relación entre padres e hijos, pero hay que estar conscientes de que el padre o la madre no son los únicos que los educan; también intervienen en su educación y desarrollo la televisión, la escuela, los amigos, el transitar diario, los vecinos, la familia y un largo etcétera que se llama “vivir en sociedad”.

Contexto hedonista que envuelve a los hijos

Nuestra cultura social está en caducidad constante; ya nada permanece inmutable: todo parece ser desechable. Y, en este contexto, los niños y los adolescentes encuentran placeres que se terminan al siguiente instante y la búsqueda vuelve comenzar. Esto no es característico sólo de los menores, sino que se ha vuelto un síntoma del consumo del que son partícipes.

«La satisfacción ya no se encuentra en el objeto mismo, sino en el consumo de ese objeto».

Es decir, el consumo irracional fomenta este tipo de hedonismo, el cual se caracteriza por el efímero placer de las cosas y por la constante insatisfacción. De acuerdo con las ideas de Lipovetsky, filósofo y sociólogo francés, la diferencia entre estos niños y sus padres es que, en el siglo XXI, la satisfacción ya no se encuentra en el objeto mismo, sino en el consumo de ese objeto.

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Por ello, es importante estar atentos a que, si se continúa generando satisfacción en la adquisición de cualquier artículo, es posible que se produzcan mayores ausencias emotivas. Sus asociaciones empáticas y emocionales estarán más relacionadas con la adquisición de algo que con la socialización entre personas. Por esa razón, no comprenden la empatía, la solidaridad, la amistad, el respeto, porque en ello no encuentran la satisfacción que genera el consumo. No le es útil, de acuerdo con los estándares socioculturales.

Educar no significa aislar

No es posible aislarlos de lo social, pero sí crear vínculos emotivos, sentimentales, que los “humanicen” más. Y tampoco es necesario quitarles todos sus tesoros tecnológicos; es decir, no se trata de cambiar al mundo, sino de evitar que el mundo los aísle, de que su contexto los aparte de los placeres más simples y de prevenir que se vuelvan incapaces de disfrutar sin esperar algo a cambio.

«No es posible aislarlos de lo social, pero sí crear vínculos emotivos, sentimentales, que los “humanicen” más».

Entre las posibles actividades para modificar conductas en los hijos está el contacto con otros niños en espacios abiertos, lo cual propicia la socialización, que es una parte fundamental del desarrollo de todos los seres humanos. Asimismo, promueve los valores, la convivencia y ayuda a la creación de identidad.

Otra opción que puede ser positiva para crear empatía es hacerlos participar en eventos altruistas o conseguirles una mascota que forme parte de la familia. Aunque, si la mascota llegara a morir, es muy importante permitir que la pérdida forme parte de sus emociones. En este tenor, la doctora Kübler Ross invita a los adultos a no ocultar a los menores las vivencias dolorosas, pues éstas les ayudan a tomar conciencia de sí mismos como humanos y de lo que ello implica.

Por último, es importante que nuestros hijos se den cuenta de que el placer y las satisfacciones tienen muchas tonalidades y que se hallan en distintas vivencias enriquecedoras, no sólo en la adquisición de algo más a cambio.

Psicología

¿Podemos ser amigos de nuestros hijos?

Antes de profundizar en cualquier situación, es importante saber cuáles son las bases de una amistad: es una relación que se basa en el afecto, la simpatía y la confianza y se da entre pares.

El sitio lafamilia.info plantea que, a menudo, los padres se cuestionan qué tan amigos y qué tanta autoridad tienen que ser con sus hijos, por lo que es muy importante diferenciar lo que es una relación de amistad y una de confianza.

Por ejemplo, ¿puede uno ser amigo de su jefe(a) en espacios en donde no estén bajo ningún compromiso laboral? Por supuesto que sí, porque no todo el tiempo se es jefe(a) o empleado(a). Sin embargo, no se puede afirmar lo mismo entre padres e hijos, pues no se puede dejar de ser papá, mamá o hijo según el espacio o la situación en la que se esté, puesto que existe el riesgo de perder la línea autoritaria necesaria para que los hijos identifiquen los límites que existen en la vida.

Las mamás y los papás son los primeros que representarán un límite para cualquier niño, lo cual no quiere decir que no se pueda tener una relación cercana, de confianza o empatía, pero para eso es importantísimo tener bien clara la línea de autoridad, planteada de manera respetuosa.

Es muy importante dejar en claro que el límite no significa tener el control de absolutamente todo lo que hacen los hijos, sino marcarles la pauta para que ellos puedan ir manejándose individualmente en distintas situaciones.

Un conflicto común que se presenta en las amistades entre padres e hijos es el uso abusivo de la relación. Los hijos pueden identificar la necesidad de cercanía con ellos y utilizarlo para manipular o; en otros casos, los papás pueden ser quienes impongan su autoridad, sosteniéndola en que ésta se debe respetar para cuidar la amistad.

Además, según se ha expresado en diversos foros, a los hijos les genera inseguridad y ansiedad sentirse a la par de sus papás. Los seres humanos tardamos varios años en desarrollar las capacidades que nos permiten sobrevivir por nuestros propios medios; por eso es fundamental para los hijos ver a sus padres como personas superiores a ellos.

Como puedes leer, ser amigo de tu hijo tiene desventajas claras, pero también tiene su lado positivo. La principal ventaja es la cercanía, pues, al fomentar una relación abierta y de confianza con ellos, sentirán que pueden acudir a ti como apoyo en situaciones complicadas.

Más allá de las diversas posturas que pueda haber respecto a la amistad con los hijos, lo importante es no caer en los juicios de si está “bien” o “mal”, sino identificar los puntos importantes para ambas partes.

He ahí el reto para los padres: construir una relación de confianza y empatía con los hijos, sin dejar de lado un límite ético y respetuoso, en donde se tenga clara la autoridad y la necesidad de ésta, de forma que ambos puedan ocupar el lugar que requieren y generar un ambiente familiar sano.

Agenda / Teatro

Las Analfabetas

La Teatrería presenta, desde el 3 de junio y hasta el 17 de julio Las Analfabetas, una obra escrita por el chileno Pablo Paredes y bajo la dirección de Paulina García. La obra narra la historia de dos mujeres: una alumna y una maestra que entre clase y clase, se acompañarán en una búsqueda personal para descubriese una a la otra y así, dejar de ser analfabetas.

Esta pieza teatral es un relato íntimo y conmovedor que reflexiona sobre la marginación social, las pocas oportunidades para desarrollarse plenamente y la labor de las mujeres en la educación, pero también, sobre un aspecto que pocas veces es abordado de manera tan excepcional en la dramaturgia nacional: el analfabetismo emocional y la debilidad de nuestros vínculos afectivos. A través de la actuación de Dolores Heredia (Ximena), una mujer madura que ha sobrevivido a la vergüenza que siente por ser analfabeta y Gabriela de la Garza (Jaqueline) una joven maestra de español sin oportunidades para desarrollarse plenamente, el montaje también reivindica la amistad entre mujeres, la superación peronal y la lucha contra la adversidad.

Una dura crítica a una historia compartida y nada nueva en América Latina: la exclusión educativa, ya que si bien, el texto original fue escrito para retratar esta situación en la sociedad chilena, la historia toma vigencia en nuestro país y se convierte en un instrumento para entender la actual situación educativa, así como para sensbilizarnos ante lo que hoy estamos viviendo: la aparente crisis de un modelo educativo y el poco entendimiento que tenemos sobre este tema.

Dónde: La Teatrería: Tabasco 152, colonia Roma, Ciudad de México
Horarios: viernes a las 21:00 horas; sábados a las 18:00 y 20:00 horas y domingos a las 17:00 y 19:00 horas
Hasta el 17 de julio

Psicología

Ideas para sobrevivir a la maternidad siendo soltera

Pese a lo compleja que puede resultar la maternidad sin contar con una pareja con la cual dividir los gastos y las responsabilidades, existen diversas maneras de sobrellevar las etapas más difíciles de la crianza y manutención de los hijos. Éstas son tan sólo algunas de ellas:

Pedir ayuda a la familia. Muchas mujeres evitan solicitar apoyo económico o presencial de sus seres queridos para no generarles problemas o preocupaciones. Sin embargo, en la mayoría de los casos, ellos son precisamente quienes pueden brindarles justo lo que necesitan de manera incondicional. “Mi familia me ha dado el apoyo económico… y el moral, las porras.

Ellos son la única imagen de familia que tiene mi hijo”, explica Alicia. No obstante, quienes se apoyan en la familia, e incluso viven con ella, deben permanecer en comunicación constante para evitar problemas de crianza. Según Manuel Turrent —especialista en terapia familiar—, “tiene que haber un diálogo muy grande entre la mamá soltera y sus padres, buscando que éstos no dejen de ser abuelos, pues ellos no educan: consienten, cuidan, acompañan, contienen. La parte de la educación no hay que delegarla en los abuelos, pues se pierde la jerarquía de la mamá y ella se vuelve la hermana. Hay que tener cuidado”.

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Construir una red de ayuda fuera de la familia. ¿Para qué son las amigas? Para echarnos la mano cuando más las necesitamos. El respaldo de otras personas es la vía más sana y accesible con la que cuenta una madre soltera para resolver problemas cotidianos. Por ejemplo, cuando no puede salir del trabajo a tiempo para recoger a su hijo o cuando le es urgente tener un momento de descanso y/o esparcimiento. “Las madres solteras necesitan forjar redes de solidaridad. Últimamente hay una tendencia entre las mujeres trabajadoras de ponerse de acuerdo entre ellas (sean solteras o no) para repartirse actividades y cuidar a los hijos de las otras. Esa ayuda es fundamental”, menciona la socióloga Carla Carpio.

La parte de la educación no hay que delegarla en los abuelos, pues se pierde la jerarquía de la mamá y ella se vuelve la hermana. Hay que tener cuidado

Buscar organizaciones de madres solteras. En México existen organizaciones civiles, creadas por madres solteras, que tienen el propósito de ofrecer apoyo emocional y laboral a las mujeres que crían a sus hijos sin ayuda de una pareja. En estas asociaciones se publican constantemente ofertas laborales, así como talleres donde las madres pueden compartir sus experiencias, sus miedos y también las soluciones. Manuel Turrent explica: “Si tengo un buen grupo de apoyo, me voy a sentir mejor. Los grupos de apoyo de madres solteras pueden dar mucha fortaleza y, al juntarse ellas con personas que viven una situación parecida, pueden hablar de problemas similares, pero también encontrar virtudes similares. Una comunidad de apoyo es fundamental”.

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Procurarse el poder sanador de la terapia. “En algunos casos extremos, es importante aceptar que no pueden con todo solas y que necesitan terapia para estar bien, porque la carga es muy fuerte”, señala Turrent. Pedir ayuda es el primer paso para resolver una situación que quizá nos ha rebasado y con la que ya no sabemos qué hacer. Los pretextos (normalmente la falta de dinero o de tiempo) se terminan si recordamos que, al estar bien nosotras, nuestros hijos también lo estarán.

Pedir ayuda es el primer paso para resolver una situación que quizá nos ha rebasado y con la que ya no sabemos qué hacer.

Contar con figuras masculinas, ¡sí las hay! A muchas madres solteras les preocupa que sus hijos crezcan sin una imagen paterna, pero existe una sencilla solución a esta situación, y está al alcance de sus manos. “Siempre hay figuras masculinas a nuestro alrededor. Yo enfatizaría, con ellas, que buscaran a alguien que fuera como la figura antigua del mentor, es decir, un hombre a quien los hijos vean como una persona que ya recorrió un camino que es el que ellos querrían recorrer”, sugiere Turrent. Esta figura puede ser un amigo, un tío, el abuelo: una persona con valores que ellas compartan y a quien les gustaría que sus hijos imitaran.

Aprovechar los escasos programas de gobierno. Muchas madres solteras lo desconocen, pero tanto el gobierno federal como los locales cuentan con algunos programas de ayuda que ellas podrían aprovechar. Uno de ellos les permite inscribir a sus hijos a un Centro de Desarrollo Infantil (Cendi) aunque no cuenten con IMSS o ISSSTE. El costo es mínimo y sólo necesitan solicitar el espacio. Si no tienen seguro médico y no pueden pagar uno privado, tienen la posibilidad de inscribirse, junto con sus pequeños, al Seguro Popular; en éste se les cobrará una tarifa de acuerdo a los resultados de un estudio socioeconómico que se realiza a quienes lo solicitan.

Hacer una cita mensual con ellas mismas. Si una madre soltera ha tenido esa voluntad de hierro necesaria para sacar adelante a su hijo, sin compartir ese proceso con una pareja, sin duda encontrará la manera de lograr estar consigo misma, al menos un par de horas al mes. Para lograrlo, puede pedirle a su mejor amiga que le ayude con el cuidado del niño, y hacer algo que le encante: salir a correr, darse un baño en una tina, leer tranquilamente un libro, ir a bailar, pedir un masaje o procurarse un encuentro sexy con un amante del pasado. En esta sesión, es esencial que tenga en mente lo mucho que se merece ese espacio para ella. “Reconozcan lo que han hecho; hagan un autoanálisis: qué inteligentes, qué fregonas son: sacan adelante la educación de sus hijos, trabajan, socializan, se paran frente al mundo. Hay que valorar todo lo que sí hacen y todo lo que sí son; todo lo que han construido y todo lo que han madurado”, dice Turrent.

Opinión

¿Dónde comenzó nuestra singularidad?

Venimos de una generación en donde el “qué dirán” jugaba un papel importante en nuestra vida. Las normas sociales eran inflexibles e inquebrantables. Para nuestro padres, la mayoría de nosotros éramos “chamacos rebeldes e irrespetuosos que había que meter en cintura”. En el colegio, los maestros eran duros y estrictos. ¿Recuerdas frases como “¡obedece y no preguntes!”, o “¡no contestes a tus mayores!”? Y en casa la situación era similar: “¡atiende a los señores!”, “¡cállese, los niños no lloran!”, “¡las niñas están para servir!”.

Si bien hoy las mujeres hemos comenzado a conquistar nuestra libertad, y las reglas sociales se han relajado, el estilo de vida del sistema patriarcal sigue marcando nuestra singularidad, nuestra manera de ver, estar y transitar en el mundo.

En nuestra infancia, la mayoría de nosotros teníamos prohibido contradecir a nuestros padres. ¡Ni pensarlo! Dar como respuesta un “no” a alguna de sus órdenes era motivo de una buena reprimenda. Y si rompíamos una de sus reglas o nos negábamos a seguir sus intrucciones, éramos recibidos con cinturonazo o un buen bofetón. Nuestro padre tenía el derecho (y respaldo social) de imponer “su simple y reverenda gana” y no porque nuestros progenitores hubieran sido responsables de tamaña decisión, sino porque así les tocó a ellos, y así nos educaron.

«Este estilo de vida y respeto mal infundado, lo único que creó fueron seres inseguros, permisivos y faltos de carácter»

Por otro lado, estaba el estilo matriarcal, experimentado a través de la chancla voladora. Todo era obediencia y sumisión, acompañada de una buena y excelente dosis de chantaje y lágrimas. Dignas de la mejor actuación para conmover al más duro corazón: “¡porque lo digo yo que soy tu madre! y “¡ya verás cuando llegue tu padre!” son otras dos joyas del lenguaje maternal de esa época.
Pero la cereza del pastel, sin duda, era la culpa. Culpa que te acompaña cada vez que ese “no”, llega a salir de tus labios adoloridos de tanto callar y angustiados de incomodar a alguien.

¡Uffff! Qué pesado es recorrer así el camino, ¿no? ¿Por qué será que nos cuesta trabajo decir “no”? Este estilo de vida y respeto mal infundado, lo único que creó fueron seres inseguros, permisivos y faltos de carácter a la hora de decir: “¡no!” Por supuesto, mi intención con esto no es criticar de una malsana manera a nuestros padres, es simplemente comprender por qué carajo nos cuesta tanto trabajo decir “no”.

Si lo analizamos un poco, todo tiene lógica: crecimos recibiendo órdenes, algunos de una manera y otros de otra, pero al final aprendimos a obedecer sin cuestionar, a decir “si” y callar…
Así, hoy en día cada vez que piensas decir “no” a alguien, simplemente no puedes, te sientes mala persona, crees defraudar a la familia (que espera tanto de ti) o amigos.

«Lo divertido de aprender a decir no, es probarte a ti mismo que al hacerlo, creces y descubres un poder liberador que antes no tenías»

¿Te das cuenta que con esa historia en tu maleta a lo largo de tu vida, has vivido un sinnúmero de episodios que hoy tendrían un desenlace distinto si tan sólo pudieras decir no?

Analízalo: ¿qué pasaría si cuando llegas a tu oficina y te encuentras a tu secretaria comiendo sobre el escritorio le dices simplemente “eso no lo puedes hacer”? ¿O si rechazas a alguien que te ofrece comprar algo que no te gusta o simplemente no necesitas?

Lo divertido de aprender a decir no, es probarte a ti mismo que al hacerlo, creces y descubres un poder liberador que antes no tenías, yo lo veo en mi consultorio cada vez… unas enormes sonrisas, liberadas, que iluminan caras que en algún momento llegaron adustas, sonrisas de alegría al descubrir que nunca es tarde para decir que no; la culpa se marchó muy lejos con aquel equipaje que no les pertenecía. Nunca es tarde para incluir ese “no” en tu vocabulario y hacerlo parte de tu vida, nunca es tarde para respetar lo que quieres.

Sexualidad

Virgen a los 42, ¿y qué?

“Tuve oportunidades, estuve a punto muchas veces, pero al final no dejaba que me quitaran ni el suéter”, relata con voz suave, y añade que no lo hizo porque no se sentía a gusto, notaba que sólo la querían para eso y le daba pavor ser usada, desechada y quedarse sola.

Asumió su condición sin más e incluso bromeaba al respecto, no le molestaban la sorpresa ni las opiniones en el trabajo y en otros grupos sociales donde su virginidad era del dominio público.

Sin embargo, cada tanto se preguntaba si el efecto arrebatador del sexo era cierto; si, efectivamente, se perdía de algo. La curiosidad era grande, pero no tanto como para averiguarlo, y menos de primera mano, pues probó con la masturbación hasta los treinta y tantos.

«Cada tanto se preguntaba si el efecto arrebatador del sexo era cierto; si, efectivamente, se perdía de algo.»

Como en los hogares en los que muchos crecimos, jamás se mencionó la palabra sexo; conservarse inmaculada era una tradición familiar: su madre llegó virgen al matrimonio y su hermana, también. En casa sólo había lugar para señoritas “bien portadas” y amables, que no dicen groserías; sin deseos sexuales ni fantasías. Se empeñó tanto en ello que permaneció así más allá de los 40.

Entonces el que ella llama “maldito/bendito” Tinder hizo lo suyo; de ahí, pasó a otras redes y conoció por internet al hombre con el que finalmente intimó y quien le prometió matrimonio, formalidad y vivir juntos. La posibilidad de compartir soledad, de ya no ser la solterona en las fiestas familiares (en las que incluso las más jóvenes ya tenían novio), la convenció.

«Notar sus deseos aún le asombra, pues choca con su educación»

Se conocieron en octubre y en diciembre ocurrió todo. Hubo mucho dolor y sangrado, su cuerpo, ignorante de la sensación, no lo tomó favorablemente. Acabó en el doctor, quien le aseguró que la falta de uso le causó un fuerte desgarre. Las promesas se esfumaron y todo se redujo a una relación agónica que supuestamente continúa y se reduce a llamadas telefónicas y palabras en una pantalla.

Sonriente me cuenta que ha estado con otros tres hombres, sin embargo, los nervios y el dolor persisten; además, notar sus deseos aún le asombra, pues choca con su educación. Pero “todo ha valido la pena”, dice sin dudar, ahora quiere conocer y probar más, pero no le agrada dar sexo oral, ni sabe bien qué es lo que le gusta. Al menos ya no liga el sexo con enfermedades, embarazos no deseados, abandono o abuso; se lleva mejor con su cuerpo, no necesita promesas y ya no se forra de pies a cabeza. Ahora sabe que le fascina sentirse deseada, que le excitan los piropos y afirma que el juego previo es suficiente, pues no considera necesaria la penetración.

Psicología

¿Puede un hijo saber más que sus padres?

La idea es clara e incluso obvia: una vez que nos decidimos a ser padres, debemos ser los que ilustran, aquellos que, con su ejemplo y enseñanzas, convertirán a esos pequeños seres en hombres y mujeres de provecho.

Por lo menos en México (y seguramente en el resto del mundo también), la tradición y el anhelo de los padres es que sus hijos lleven una mejor vida que la de ellos y una de las claves es estudiar. Un padre obrero o empleado es feliz al criar un hijo con licenciatura. Por ejemplo, mi madre, nacida en Tamaulipas en los años 40, no pudo estudiar por ser mujer, se quedó con las ganas de hacer una carrera universitaria y suplió esta carencia con muchos cursillos y con la esperanza de que su hija la reivindicaría consiguiendo el título que ella no pudo tener.

Sin embargo, más allá de lo que podamos desear para nuestros hijos o enseñarles, ¿qué podrían enseñarnos ellos a nosotros? Y no nos quedemos en sentimientos y aptitudes como amor, perdón, tolerancia, perseverancia y demás, enfoquémonos en cosas realmente prácticas que, en los tiempos que corren, logran que los papeles se inviertan y nuestros vástagos se conviertan en improvisados profesores.

Las nuevas tecnologías, por supuesto

Aquellos que nacimos en los años 70 pasamos nuestra infancia entre teléfonos de disco y máquinas de escribir manuales, parándonos para cambiarle de canal a la tele y buscando unos locales de maquinitas de video llamadas coloquialmente “chispas”. Ahora, ya entrados en el cuarto piso, les pedimos a nuestros hijos adolescentes que nos abran páginas en redes sociales, que nos bajen alguna aplicación en el celular y, en principio, que nos enseñen cómo contestarlo.

El mayor beneficio de esta instrucción a la inversa es la entrada de nuevas ideas, así como una mayor socialización dentro del núcleo familiar

La investigadora colombiana Teresa Correa realizó en 2015 un estudio sobre qué tanto influían los jóvenes (de entre 12 y 18 años) en sus padres con respecto al uso de las nuevas tecnologías. El resultado fue que, efectivamente, la transmisión de los conocimientos tecnológicos se llevó a cabo en un 40% “de abajo hacia arriba”, es decir, que los hijos son quienes les enseñan a sus padres. Se tomaron en cuenta diversos factores, como el nivel socioeconómico y el género. El mayor beneficio de esta instrucción a la inversa es la entrada de nuevas ideas, así como una mayor socialización dentro del núcleo familiar. También se encontró que, mientras menos autoritario fuera el hogar, más se beneficiaban sus integrantes. Además, fueron los niños varones quienes más asesoraban a sus padres. Y lo cierto es que un buen número de progenitores se negó a aceptar que su hijo le enseñó a usar una laptop.

Pero no sólo en el uso de dispositivos de comunicación nos superan los jóvenes. En noviembre de 2014, 17 alumnos de la Escuela Mexicana de Robótica RobotiX asistieron a la nasa para concursar en proyectos de investigación y obtuvieron el primero y el segundo lugar por sus sofisticados diseños de robots.

Asimismo, cada año se llevan a cabo en el Reino Unido los TeenTech Awards, que premian innovaciones tecnológicas inventadas por los adolescentes, con el objetivo de construir un mundo mejor. Sólo por dar algunos ejemplos, en 2015 ganaron proyectos como: unos zapatos que aprovechan la energía generada al caminar y la utilizan para recargar dispositivos; una aplicación que calcula el valor monetario de las tareas en el hogar, y algo aún más humanitario, una llave que regula la distribución de agua en diversas regiones pobres de África, así como un detector de enfermedades de transmisión sexual (un condón que cambia de color al entrar en contacto con alguna de éstas), lo que nos lleva a comentar otro asunto en el que nuestros hijos nos superan.

Educación sexual

Puedo resumir en una palabra lo que aprendí de sexualidad en mi niñez: nada. Mi maestra de sexto de primaria nos contó que los espermatozoides fecundan a los óvulos, pero dejó para más tarde la explicación de cómo es que los espermatozoides, que están en el cuerpo del hombre, llegan a los óvulos, que se encuentran en el cuerpo de la mujer.

Mientras más informado esté un niño sobre sexualidad, se sentirá mejor preparado para ejercerla responsablemente cuando llegue a la edad adulta.

La época de explicar el sexo con abejitas y flores terminó. Estamos en tiempos de enfermedades de transmisión sexual y de escándalos sexuales provocados por la pedofilia. Los niños no pueden quedarse en blanco con respecto a temas que los podrían poner en riesgo. Por ello, en 2010 la UNESCO publicó un documento titulado “Orientaciones Técnicas Internacionales sobre Educación en Sexualidad”, cuya intención es hacer hincapié en la enseñanza de cuestiones sexuales desde preescolar. La premisa es que mientras más informado esté un niño sobre sexualidad, se sentirá mejor preparado para ejercerla responsablemente cuando llegue a la edad adulta.

Y sí, los niños del siglo xxi saben mucho más de sexo que lo que sabíamos sus padres a su edad. Están capacitados para decir “pene” y “vagina” sin sonrojarse y ven con gran naturalidad los actuales modelos de familias: las de padre y / o madre s1ngulares, las de dos padres o dos madres, etcétera.

Ecológicamente cultos

Muchos niños de hoy están mucho más conscientes que sus padres del desgaste ecológico de su planeta: saben separar la basura, hacer composta, y no faltan los que se niegan a comer carne una vez que se percatan de que los animales son sacrificados para el consumo humano.

Éstos son sólo tres temas que nos hablan de lo que nuestros hijos pueden enseñarnos; no los podemos subestimar ni sobreproteger, tal vez sería más inteligente dejarlos aprender, equivocarse y darles la oportunidad de demostrar de lo que son capaces.

Foto: asife / Foto de archivo

Tendencias

Generación Y: “nos restaron herramientas para lidiar con la vida y nos aumentaron la presión”

A pesar de ser más longevos, de gozar de mejor salud y libertad, no somos felices. No sólo es la depresión, sino la inquietud y la ansiedad, los ataques de pánico y angustia.

Y es que individualizar la vida requiere un gran esfuerzo, porque conduce a reducir todo en la persona, y eso resulta tan novedoso como pesado porque no hay de dónde agarrarse. La necesidad de terapias psicológicas es un fenómeno nuevo.

Gilles Lipovetsky explica el aumento de la inestabilidad emocional en parte por los estilos de crianza actuales. Antes se educaba a los niños de manera más estricta, hoy la educación se ha flexibilizado tanto en la búsqueda de dar mayor felicidad a los niños que incluso se les evitan las frustraciones. El resultado de haber pasado de una educación autoritaria a una sobreprotectora deriva jóvenes débiles, ya que no se les está formando para afrontar dificultades. Los niños necesitan lidiar con la autoridad para madurar; es simple: hay cosas que pueden hacer y tener y cosas que no, en pocas palabras, nos restaron herramientas para lidiar con la vida y nos aumentaron la presión. No es de extrañar que la depresión sea la enfermedad más recurrente y que las tentativas de suicidio en todo el mundo no cesen de aumentar.

Lo que Lipovetsky señala como una tarea posible, es que desde nuestra búsqueda de felicidad nos comiencen de nuevo a importar los otros, de forma que podamos volver a formar un sueño colectivo, algo inédito sin duda, como mucho de lo que ya estamos viviendo.