Salud / Tendencias

Señalización celular: lo nuevo para evitar envejecer

Crecimos pensando que con el paso del tiempo era inevitable que nuestras células comenzaran a morir y, con esto, nuestro cuerpo envejeciera sin poder hacer nada al respecto, pero esto es falso. Las investigaciones y avances en medicina han demostrado que tenemos el poder de controlar la salud y el funcionamiento de nuestro organismo a través de la dieta.

Por difícil que sea creerlo, cada alimento transmite un mensaje positivo o negativo a tus células, y éste se distribuye a todo tu cuerpo mediante la señalización celular (la forma en que las células se comunican). Los mensajes positivos provienen de los productos naturales, mientras que los procesados, los cuales contienen conservadores y pesticidas, sólo mandan señales negativas.

Los alimentos que más favorecen el antienvejecimiento son aquellos ricos en antioxidantes porque su función principal es bloquear el efecto de los radicales libres, las sustancias que provocan la oxidación de tus células, por eso es importante que estén presentes en tu dieta siempre.

Si no tienes idea de por dónde comenzar, te compartimos una lista de los diferentes tipos de antioxidantes naturales y los alimentos que los contienen:

  • Ácido elágico: fresas, frambuesas, cerezas, uvas, kiwis y arándanos.
  • Antiocianos: uvas, cerezas, kiwis, ciruelas.
  • Capsaicina: chiles y ajíes picantes. 
  • Carotenoides: zanahoria, tomate, naranja, papaya, lechuga y espinacas.
  • Catequinas: té verde, cacao, cinc, cobre, azufre, selenio y  manganeso.
  • Hesperidina: frutas cítricas.
  • Isotiocianos: brócoli, calabaza, mostaza, nabos y berros.
  • Isoflavonas: soya, arvejas, lentejas, garbanzos y cacahuetes.

Lo importante es que logres crear menús variados que no te aburran y te permitan mantenerte joven y saludable.

 

 

Salud

Runnorexia: ¿eres adicto a correr?

Salir a correr es uno de los ejercicios predilectos para las personas que quieren aumentar su capacidad pulmonar,  resistencia y quemar grasa sin estar encerrado en un gimnasio. Esta actividad es considerada como una de las mejores de cardio.

Sin embargo, cuando quien la practica se engancha de más y se vuelve  adicto, se le conoce como runnorexia, la cual es demasiado perjudicial para la salud, como cualquier adicción.

Se debe tener en cuenta que no siempre más es mejor, quienes se obsesionan con esta actividad y no logran verlo así, buscan reemplazar actividades sociales, familiares y demás con el running.

¿Por qué me engancho?

Al correr se libera endorfinas, las cuales producen una sensación más que placentera en el cuerpo, hasta aquí todo está bien y es sano, empero, cuando el deseo de realizar esta actividad es más y más grande, que no importa si estás lesionado o enfermo, puede resultar sumamente peligroso.

Algunas consecuencias de esta adicción es el sobreentrenamiento, lesiones por la actividad repetitiva que se realiza, además, cuando el cuerpo no descansa lo suficiente, hay una baja importante de defensas por lo que somos más susceptibles a enfermedades;  también se ve un considerable aumento en el estrés, se altera el funcionamiento del metabolismo, puede haber alteraciones emocionales, conflictos en las relaciones sociales y familiares; es decir, todos lo comportamientos negativos de la obsesión.

 

 

 

Bienestar

El lunes empiezo la dieta… ¡Ajá!

¿Cuántas veces nos hemos repetido “Ahora sí el lunes voy al gym/ arranco la dieta/ dejo el pan”?

Vivimos aplazando la “terrible fecha” al pasar de las semanas, cuando realmente sabemos que es urgente poner un límite a nuestra flojera, malos hábitos o mala alimentación.

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Pero todo el proceso de la dieta se convierte en un verdadero duelo que, según los estudiosos de la psicología, es “la reacción de la mente ante la pérdida de una persona, animal, objeto o evento significativo. Se trata de una reacción principalmente emocional y de comportamiento en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe”.

Trasladando esto a la dieta, significa que, aunque muchos lo neguemos, sí existe un vínculo emocional profundísimo con la flojera o la tristeza y las papas fritas, las galletas o el refresco. Por lo que perderlos o alejarlos de nuestra vida nos hace vivir un “luto” que hace que acabemos con las buenas intenciones a la menor provocación.

Fase de negación

“Creo que la secadora hizo chiquito este suéter que el invierno pasado me compré”

No es sencillo aceptar que lo que estuviste haciendo por semanas o meses no te ha traído nada bueno, que ya es notorio el efecto del descuido y que necesitas poner manos a la obra. Pero, si te empiezas a creer la idea de que no lo necesitas o evitas subirte a la báscula para no enfrentarte a la realidad, lo único que entiende tu cerebro es que NO existe motivo o razón para sufrir y, por tanto, cualquier cambio es innecesario, así que

empiezas una dieta literalmente negado a terminarla o a no volver de ella un cambio de hábitos permanente.

Mejor…

  • párate frente al espejo
  • obsérvate con detenimiento
  • reconoce que es necesario un cambio
  • piensa que éste será para bien, que te estás regalando a ti y a los que te quieren años de vida de calidad, y que cada día que pase te sentirás mejor y más determinado a cumplir tus objetivos

Fase de ira

“Maldita toronja, la odio”

Cada hoja de lechuga, cada manzana, cada cucharada de queso cottage hace que te enojes más y más, que te recrimines, maldigas en arameo a toda la cadena alimentaria, y que, por supuesto, decidas que hasta aquí llego la dieta. Si te dejas caer en este punto, lo más probable es que el mismo enojo te lleve a un atracón con su respectivo remordimiento y caigas en un círculo vicioso más difícil de romper. Por eso, cuando te enojes por no poder comer un alimento que se te antoja o te quieras aislar para evitar las tentaciones:

  • cambia tu manera de ver las cosas: piensa que estos alimentos, aunque deliciosos, no te hacen bien por el momento (ya conoces el sabor, la textura y el efecto de pérdida de control que tienen sobre ti)
  • espera un poco para poder disfrutarlos, acuérdate que no es la única galleta o la última bolsa de papas fritas de tu vida
  • recuerda que tu meta es mucho más importante que eso

Fase de negociación

“Qué tanto puede engordar una galletita. Ya me porté bien toda la semana, me la merezco”

healthy or unhealthy
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Eso se llama, en otras palabras, brainwash, porque muy dentro de ti sabes que no te vas a comer sólo una galleta y que la hamburguesa no la quemas con sacar a caminar a tu perro, mejor acepta que te mueres de ganas de probarlo y que ya llegará el momento de hacerlo.

Ahora bien, si el antojo es demasiado:

  • prueba una mordida, saboréala, disfrútala y motívate a continuar la dieta
  • una “probadita” no significa romper la dieta, pero nada de volver a empezar hasta el lunes, ni de negociaciones
  • disfruta TODAS tus comidas como se debe: prepara tus ensaladas de manera deliciosa, con colores y texturas
  • prueba recetas distintas y aprende a saborear y disfrutar tanto tus nuevos alimentos, como el increíble efecto que causarán en tu cuerpo

Fase de depresión

“Una semana a dieta y la ropa me queda igual, me quiero morir”

Dejemos una cosa clara, los kilos que subiste en un mes, un año o diez, no los bajas en una semana. El cuerpo necesita tiempo para acostumbrarse a la nueva forma de alimentación, a recibir otro tipo de nutrientes y a soltar lo que no necesita, y esto se empieza a notar después de por lo menos dos semanas.

Los kilos que se pierden rápido, rápido regresan

Mejor:

  • ten paciencia y deja que el cuerpo de manera natural tome su ritmo
  • bajar entre medio kilo y un kilo por semana es lo saludable y adecuado para no poner en riesgo tu salud
  • no olvides que estamos tratando de crear hábitos y no sólo de entrar en el vestido de la fiesta

Fase de aceptación

“Wow, sí existe la vida más allá del refresco. ¡Jamás lo hubiera imaginado!”

 

Éste es el momento en que, después de torturarte por días o semanas, te das cuenta que sí te sientes mejor, que te estás adaptando a los nuevos hábitos y que si no haces ejercicio, no te sientes tan feliz en el día. Es decir, esta nueva vida sí te gusta y a tu cuerpo también.

 Es cuestión de seguir por el buen camino hasta lograr tus metas y no desistir

Cada vez que te mires al espejo, piensa en todo el camino que recorriste, lo que te costó no caer en la tentación, el levantarte temprano para hacer ejercicio a pesar del sueño, y disfruta los resultados.

Evita premiarte con comida, busca otro tipo de satisfactorios, como una salida distinta, comprarte ropa nueva o algún detalle en tu casa u oficina que te recuerde que cada día tu voluntad es más fuerte y que puedes lograr cualquier cosa que te propongas.

Así, cambiándonos el chip, verás que no es necesario esperar a enero, al lunes o a que pase la fiesta del amigo para empezar a cuidarte. Puedes hacerlo todos los días, sin excusas, y verdaderamente disfrutar del increíble placer de comerte algo delicioso y quemarlo al día siguiente en el gimnasio. Asesórate de verdaderos profesionales, motívate cada día, haz equipo con la gente que te quiere.

Sigue en redes a nuestra especialista en nutrición clínica, la Dra. Julia Salinas Dücker:

FB: Dra. Julia Salinas Dücker

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Salud

Dieta Atkins

Esta dieta fue creada por el médico estadounidense Robert Atkins y ha sido usada desde los años sesenta para el tratamiento de la obesidad. Es una dieta baja en carbohidratos y alta en proteínas y grasas.

¿Cómo funciona?

Su objetivo es eliminar parcialmente la principal fuente de energía del cuerpo (los carbohidratos), de esta manera el cuerpo trabajará quemando grasas para sobrevivir.

Al empezar la dieta, te quitan el 90% de los carbohidratos que una persona normalmente consumiría durante un día, lo que significa adiós pastas, arroz, frutas, pan, dulces, cereales, etcétera… y poco a poco los van aumentando, permitiendo el consumo de verduras y sólo algunas moras; pero sigue siendo insuficiente para que el cuerpo pueda trabajar adecuadamente por lo que comenzara a sacar energía de nuestros músculos y posteriormente de la grasa, claro que este camino es más complicado para nuestro cuerpo, y como resultado producirá unos desechos ácidos llamados cetonas, las cuales son tóxicas para el cuerpo y deben ser eliminadas por medio de nuestros riñones… tanto trabajo puede deshidratarnos rápidamente.

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Resultados, consideraciones y riesgos

Si sigues esta dieta, es probable que te sientas satisfecho, pues la proteína y grasa tarda más tiempo en digerirse y nos llena muy rápido, y claro que perderás un poco de grasa, pero la constante producción de cetonas hace que este tipo de dietas no se pueda seguir por mas de 4 semanas ya que sus efectos secundarios no son para nada placenteros ¡y mucho menos sanos!, tendrás dolor de cabeza, mal humor, fatiga, mala digestión y riesgo de presentar piedras en los riñones o gota.

Y por si fuera poco, para seguirla al pie de la letra, necesitas comprar sus productos especiales cero carbohidratos como son barritas, licuados, suplementos y libros haciendo que esta dieta no nos salga nada barata.

Especialista

Dra. Julia Salinas Dücker
Médico Especialista en Nutrición Clínica
juliasalinasducker@gmail.com
Consultorio: 53601879

Salud

Dieta de la toronja

También conocida como la dieta “Hollywood”, se basa en nada más y nada menos que en comer toronja: jugo de toronja, toronja en gajos, toronja con toronja… algunas proteínas y mucha cafeína.

Es obvio que los resultados de la dieta se dan por ser extremadamente baja en calorías y debe seguirse paso por paso para que funcione; se dice que la toronja tiene propiedades quema grasa, pero no están 100% comprobadas. Tiene una duración de 12 días en los que puedes llegar a perder más de 5 kilos, principalmente de agua y muy poco de grasa.

Es una dieta de emergencia con resultados inmediatos pero para nada saludable. El costo de la dieta dependerá de que tan cara esté la toronja esa semana en el supermercado y se puede encontrar casi todo el año.

Te presento un ejemplo de menú al seguir esta dieta:

Desayuno: ½ Toronja sin azúcar, 2 huevos, 2 rebanadas de tocino y un café o te negro.

Comida: ½ Toronja o jugo de toronja, carne magra, ensalada con aderezo light y café o te negro

Cena: ½ Toronja, carne o pescado al gusto, vegetales de color amarillo, rojo o naranja preparados a la mantequilla y café o te negro.

Colaciones: 1 vaso de jugo de toronja o 1 vaso de leche light.

Y así es el menú diario por 12 días, ¿se les antoja? Queda claro que por algo dura tan poco tiempo y que este tipo de dietas no cambia nuestro estilo de vida a largo plazo, recordemos que la mejor manera de perder peso saludablemente, es con una dieta balanceada que incluya todos los grupos de alimentos, sin excesos ni prohibiciones.

Especialista

Dra. Julia Salinas Dücker
Médico Especialista en Nutrición Clínica
juliasalinasducker@gmail.com
Consultorio: 53601879

Bienestar

Consejos para mantenerte en forma

En esta ocasión decidimos darte algunos consejos para que te empieces a poner en forma y te sientas libre y cómodo contigo mismo.

Identifica las razones por las que quieres hacerlo

Antes de empezar a hacer algunos cambios en tu alimentación y de iniciar tu entrenamiento necesitas identificar cuáles son las razones por las que quieres comenzar a cuidarte. Esto es importante porque de ello depende el resultado, que bien puede ser a corto o a largo plazo.

Si únicamente vas a hacer esos cambios de manera temporal, de una vez te decimos que es un gasto de dinero y de energía inútil. Desafortunadamente, muchas veces sólo se buscan resultados inmediatos y sólo hay compromiso en el tiempo en que se consiguen, para después olvidarnos de nuestra salud, volver a consumir lo que sabemos que nos hace daño. La cuestión es decidirse a cambiar la conducta y, por supuesto, las razones por las que queremos estar sanos y en forma. No sólo para presumirnos y lucirnos, sino, además de para sentirnos bien con nosotros mismos, para tener una mejor calidad de vida a largo plazo. Recordemos que no siempre vamos a tener la misma energía ni a lucir jóvenes (lo cual no tiene nada de malo), por lo que no podemos perder de vista lo importante que es tomarnos en serio la salud.

La cuestión es decidirse a cambiar la conducta y, por supuesto, las razones por las que queremos estar sanos y en forma

Busca las razones adecuadas, y no vayas a caer en la tentación de hacerlo:

  • Para conseguir pareja
  • Para ser aceptado(a)
  • Para verte como te veías cuando eras más joven (hay que aceptar que el tiempo pasa y esto no significa que pase mal)

Lo siguiente es lo más sencillo

Una vez que tienes claro por qué estás haciendo un cambio en tu vida, inconscientemente te será mucho más sencillo evitar cierto tipo de alimentos y tener la voluntad para dedicarle tiempo a tu entrenamiento. Si lo hicieras por razones ajenas a tu propia salud (física, emocional y mental), siempre habría una parte de ti que te haría retroceder, que te haría “autosabotearte” y caer en un círculo vicioso, en el que cada fin de año tu propósito sería: “Ahora sí me voy a poner en forma y me voy a mantener así”.

Existen muchas opciones para llevar una vida mucho más sana y que te asegure sentirte mejor contigo mismo.

Ya con claridad, elige un tipo de dieta (o, mejor dicho, un nuevo plan alimenticio) de acuerdo a tus actividades y personalidad. Un nutriólogo puede darte mucha luz en esto. Lo mejor es combinar una buena alimentación con ejercicio. Igual que con el tipo de comida, necesitas buscar el ejercicio que se adecue también a tu estilo de vida. Existen muchas opciones para llevar una vida mucho más sana y que te asegure sentirte mejor contigo mismo. Sólo es cuestión de que te decidas, te comprometas y, una vez que inicies, seas constante.

Adapta tu entorno a tus objetivos

Si tu talón de Aquiles son los helados, las galletas o la comida chatarra en general (que sí, lo aceptamos, es deliciosa, pero en exceso muy dañina), lo mejor es que adaptes tu alacena a tus objetivos. No tengas ningún tipo de comida de este tipo a la vista y, mejor aún, ni siquiera la compres. Esto no quiere decir que tengas que lidiar con la ansiedad todas las semanas, negándote siquiera una migaja de pan dulce. No, pero si de plano tienes muchos deseos de comerte una hamburguesa o unas galletas, hazlo fuera de tu casa, y lo más recomendable es que sea sólo una vez a la semana y no en exceso.

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Lo importante es que te vayas entrenando, y esto requiere tiempo y mucha paciencia, pero no tires la toalla, ni aún cuando vayas viendo resultados o llegues a tu objetivo. Adopta esa forma de vida y verás cómo impacta de manera positiva tanto en la manera de sentirte, como en la manera de verte a largo plazo.

En cuanto al ejercicio, puedes adaptar tu entorno tomando dos rutas básicas: primero, si de plano no tienes tiempo para ir a un gimnasio, busca ahorrar para comprarte una elíptica, una bici o una caminadora, y empieza con 20 minutos al menos cuatro veces a la semana. Puede ser llegando del trabajo o sacrificar sólo 20 o 30 minutos de sueño para conseguirlo y seguro irás viendo los resultados. En segundo lugar, si eso de ponerte tus propias rutinas no es lo tuyo, podrías comprar los videos de ejercicios que venden en cualquier tienda departamental. O una tercera opción mucho más económica y viable: camina por lo menos 25 o 30 minutos al día. Quizá puedas estacionar tu auto unas cuadras antes, bajarte antes del transporte público o incluso rentar una bici urbana.

Opciones hay muchas más que éstas, lo mismo que en la alimentación. Sin embargo, para poder hacer un cambio, antes se necesita de algo más complejo: la convicción de querer modificar hábitos y pensar a largo plazo en nuestra calidad de vida.

Opinión

¿Cómo alimentarnos sanamente?

Por aritmética simple, la “dieta” no es un método viable para la salud. Dos signos distintos dan como resultado uno negativo. Así pues, no podemos obtener un resultado positivo, con base en un pensamiento negativo o restrictivo. Si tienes que empezar una frase con un “no puedo”, queda concedido. Es imposible alcanzar un objetivo bajo esta premisa. La idea es estar sano. ¡Sentirte bien! Tal vez quieras o necesites bajar niveles de colesterol en sangre, controlar la diabetes o evitar un infarto. Asuntos de salud que no se curan en un mes, ni dos.

Nos estamos acostumbrando a tener prisa. Queremos todo para antier en un mundo que, entiendo, tiene toda la información en la palma de su mano. Pero para la naturaleza ¡no existen los resultados en 10 días! ¡Ni el pasto puede crecer en 10 días!

Ahora, a favor del siglo XXI, buscar “diet books” en Amazon arroja 200,491 resultados… ¡Tenemos recursos! Aún así, en México nos hace falta información. Todavía hay quienes piensan que la culpa es del refresco, el pan, el taco, la papa… ¡Pues si el que engorda es uno! En nuestro país las aguas frescas y las frutas están en cada esquina. El mismo papero te vende la piña. En la misma tiendita hay refrescos y agua simple. ¡Y no me salgan con que es más caro, porque no es cierto! El verdadero problema de la obesidad en este país, es el consumidor. Compramos las papas de a 3 x 10 en pleno periférico, porque la ansiedad. Hay tienditas en cada cuadra. ¡No nos esperamos a la comida!

Hay veces que los estudios científicos no me cuadran con nuestra realidad consumista. Los esquimales y el omega 3… ¿Y el Oxxo? Los Franceses y el vino, ¿y el Oxxo? La dieta mediterránea, ¿y el Oxxo? A estas alturas me pregunto si no sería más conveniente limitar la miscelánea gringa, que ponerle impuestos al azúcar.

Una vida sana cobra sentido en el momento que el consumidor toma las riendas de su vida. Cuando se atreve a ser selectivo. En nuestro país tendría que ser más fácil porque esta tierra nos da mucho: empleos y cosechas.

¡Ojalá le echáramos un ojo al campo! A los productores que aún observan la luna y agradecen la lluvia. Apuéstale a la obra maestra de la naturaleza, a la sabiduría de nuestros agricultores y ganaderos. Date el lujo de elegir a las manos de México. Involúcrate con la industria alimenticia. Muchos dan buenos empleos en el país y ofrecen productos dignos de tu organismo. ¡Date el lujo de elegir!

Dos signos positivos, dan positivo. Y una vida sana piensa positivo. Asume el futuro como garantía del bien estar. Bienestar que escribo por separado para dejar bien claro que no lo vas a encontrar en Tahití, o en Bermudas. Estar bien es gratis. Porque todo depende de lo que piensas, sientes y haces. Hábitos que, si los educamos, nos acercan a la misma libertad que se nos otorga al nacer.