Psicología

Los dispositivos electrónicos retrasan el desarrollo del lenguaje en los bebés

Los padres están habituados a utilizar diversos dispositivos electrónicos para mantener a sus hijos distraídos, pero recurrir a ellos de forma frecuente y por largo periodos, trae consecuencias gravísimas que, aunque no se notan a corto plazo, a mediano y largo resultan devastadoras.

Según estudios presentados en el Pediatric Academic Societies Meeting, el tiempo que pasan los niños frente a una pantalla puede retrasar considerablemente el desarrollo de su capacidad lingüística. Es decir, cada vez se tardan más en lograr formular palabras y oraciones completas, por simple que éstas sean.

Catherine Birken, pediatra y científica canadiense, estudió a 900 niños de entre 6 y 24 meses de edad. Los resultados mostraron que, al llegar a de 18 meses, el 20% de los bebés que tenía contacto con dispositivos móviles 28 minutos en promedio por día, enfrentaba importantes deficiencias en su desarrollo lingüístico y, entre mayor era el contacto con las pantallas, peor era el problema: por cada media hora extra en que estos críos pasaban al día enajenados a la pantalla, el riesgo incrementaba en un 49%.

Sin embargo, este problema no es nuevo. Giovanni Sartori (1924-2017), sociólogo y politólogo italiano, destacó en su libro Homo videns: la sociedad teledirigida (1997) el problema social que genera el hecho de dejar a los bebés sentados frente al televisor por horas.

Estos “video-niños” (término acuñado por él) crecen con una capacidad bastante limitada para la abstracción, pues antes de saber leer, escribir e incluso hablar, el niño aprende a ver. Y lo que ve no es más que cosas concretas, es decir, ve números en lugar de comprender las matemáticas; letras, sin entender la lengua; corazones, no amor; así que cuando este niño tiene que enfrentarse a la escuela, lo que más siente es aburrimiento y frustración porque ésta le exige formular ideas que no son ni visibles ni tangibles. Lo cual, finalmente, provoca que crezca temeroso de la escuela y aumente la posibilidad de que trunque sus estudios.

Pero el problema no es el iPad ni en el televisor, sino en cómo los padres los utilizan como el sustituto ideal de una niñera. Jenny Radesky, coautora de las Directrices recientes para el uso de los medios infantiles, reconoce la ventaja que dan estos dispositivos para mantener ocupados a los niños, por ejemplo, durante un largo viaje por la carretera y asegura que las aplicaciones y programas diseñados para los más pequeños, usados como herramientas de aprendizaje y no como opciones de entretenimiento, pueden resultar de gran beneficio para el desarrollo mental, motor y lingüístico.

Opinión

La vida de mis hijos, ésa donde no hay un camino único

Ya tengo mis añitos, pero aún recuerdo un programa de televisión de mi niñez que daba “clasecillas” de moral e instruía sobre “lo que no se debía hacer”. A mí me daba entre miedo y culpa porque aparecía un diablito que te aconsejaba “feo” y un angelito que te decía cómo seguir el camino del “bien”. Hoy me río de imaginar a mis hijos, millennials los cuatro, viendo la simplicidad de lo que allí se planteaba en términos de decisiones de vida y de dilema moral. ¡Nada que ver con lo que enfrentan hoy mis criaturas!, las que les siguen a ellos y de pasadita los de generaciones anteriores que no sabemos bien pa’dónde jalar.

A mis 15 años se suponía que si hacías lo que te decían, conseguirías lo que querías. Pero ahora no hay caminos únicos, respuestas certeras ni verdades absolutas. Y si bien lo ético estará por siempre, los cuestionamientos presentes rebasan lo “moralino” de antaño y se instalan en el mundo de lo diverso y de la complejidad. Más allá de “lo que no se debe hacer”, un sin fin de quimeras entran en el territorio de las posibilidades reales.

Un mundo que nos pinta asequible tooodoooo lo que deseamos, te hace darte de topes ante la dificultad de conseguir lo que en un pasado reciente parecía conquistado. No se puede elegir con facilidad una carrera profesional porque hay 2000 opciones a escoger, difícilmente se puede sostener una relación longeva teniendo las largas vidas que ahora se pueden gozar, también hay pocas opciones de trabajos eternos en un mercado laboral salvaje y, por supuesto, no se puede asegurar que los hijos nos van a cuidar cuando uno esté viejo.

¡No se puede estar al 100 en una reunión, porque mientras cenas te invitan por chat a tantas otras fiestas más!

Andrés, mi tercer hijo, me compartió una reflexión que estaba fuera de mi alcance mental cuando me casé: “Madre, pensaba el otro día que, si quiero tener hijos, que aún ni siquiera sé, tendré que elegir a una mujer (más allá de que me guste y la quiera) con quien pueda formar un equipo de padres para toda la vida, muy aparte de lo que pueda durar nuestra relación”. ¡Uf, uf… pues síiiii! Y yo que el tema lo sé de memoria, con esa confesión comprobé que hoy los chavos y “treintichavos” observan cosas que ni de forma remota estaban en mi haber mental.

Y de estos ejemplos tengo miles (con mis hijos, con pacientes y en mi vida personal).

Pues bien, cómo no entender a los millennials y a sus contemporáneos que miran tanto y quieren todo. Yo me maravillo de lo que estamos viviendo (esto es lo que tenemos y con esto es con lo que podemos bordar). Por supuesto que por ratos me mareo un poco ante la infinidad de opciones y dudas que te presenta la vida moderna, pero tampoco paro (ni pararé) de soñar.

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¿Qué pasa con los hijos de las familias poliamorosas?

Crecer dentro de una familia poliamorosa no es sinónimo de enfermedad. De acuerdo con la socióloga Elisabeth A. Sheff, autora del libro The Polyamorists Next Door: Inside Multiple-Partner, Relationships and Families, no hay un patrón que determine que este tipo de núcleos implique problemas para los niños.

La autora asegura que las familias con este modelo en las que están involucrados niños “pueden crear ambientes sanos, estables, cariñosos para los pequeños si los adultos se encargan de fomentarlo”.

Sin embargo, así como en su momento se llega a platicar acerca de un divorcio en una familia “tradicional”, los acuerdos poliamorosos necesitan también ser tratados en una conversación.

Sheff recomienda tomar en cuenta la edad de los niños, como primer paso, pues de eso depende qué palabras utilizar para explicarles este modo de convivencia amorosa.

Alrededor de los 8 años o menos, los niños no profundizan demasiado en los conceptos amorosos, por ello asegura que a esta edad no es rigurosamente necesario explicarles el significado del poliamor y sus variantes. Pero para los preadolescentes, de entre 9 y 12 años, que están formando estas ideas, es esencial expresarles que, dentro de esta dinámica, los padres son honestos con todos y cada uno de los involucrados en la relación, y que todas las parejas de su papá o mamá están en un acuerdo mutuo.

Sheff, quien ha estudiado los roles, el ambiente y las relaciones entre los padres poliamorosos y sus hijos durante 15 años, encontró que no sólo hay tabúes alrededor de este tipo de familias, sino que también existen ventajas para tanto para los niños como para los adultos que están involucradas en ellas:

  • Al haber más de un adulto involucrado, obtienen más atención y protección por parte de las parejas de sus padres.
  • Conviven distintos modelos paternos y posturas respecto a la educación para los menores. Lo ideal es que los adultos establezcan qué principios están de acuerdo en seguir para no confundir al niño.
  • Hay mayor tiempo libre para los adultos, ya que se pueden tener responsabilidades familiares compartidas.
  • En los casos en que también se acuerda compartir gastos de los menores, la economía podría resultar más flexible y funcional para la familia poliamorosa.
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¡Deja de criar niños narcisistas!

Si eres padre sabrás lo frustrante que es enfrentarte con actitudes desagradables de tus propios hijos, y si eres tía, amigo, primo o vecino, entiendes lo molesto que puede ser tratar con un niño egocéntrico.

Educar a un crío es un enigma. Muchas veces, por más que creas estar haciendo lo correcto, el resultado es muy distinto al que esperas. “En su escuela me recomendaron hacer A, B y C para fomentar su empatía”, “Acabo de leer este bestseller y me he dado cuenta que he hecho todo mal”, ¿Alguna vez has dicho o escuchado esto?

Para empezar, debes tener claro que el temperamento de casa persona (y por personas nos referimos también a los niños) y las condiciones de su formación pueden variar enormemente, por lo cual no hay una fórmula única que garantice lograr o, por el contrario, eliminar determinadas conductas. Pero no todo está perdido.

Un estudio reciente publicado en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos señala que el inicio de las actitudes narcisistas se debe, en mayor medida, a la sobreprotección de los padres y no a la falta de cariño, como muchos creen.

Esto quiere decir que por más que pienses que tu hijo es “el más inteligente de la clase”, “la mejor nadadora” o el que “tiene más bonita letra”, es importante hacerlo con medida.

Piensa que cada vez que les dices lo que ves en ellos, escuchan e interiorizan esa imagen con la que terminan por identificarse -aunque en realidad no la sean del todo-. Además, pueden crecer tan acostumbrados al reconocimiento externo que se conviertan en personas serviles en busca del mismo nivel de aceptación y, en el peor de los casos, frustrados por no conseguirlo.

S1NGULAR

Este video sobre ser padre soltero te conmoverá hasta las lágrimas

Ser padre soltero no es sencillo. En México, 796 mil hogares son encabezados por hombres solteros y el 69% de las mujeres que llevan una casa están separadas, divorciadas, viudas o solteras.

Las historias de estas admirables personas no se cuentan tan a menudo y mucho menos se celebran. Pero el Día del Padre Soltero existe y se festeja el 21 de marzo.

Para reconocer la incansable labor de estos s1ngulares, la marca Angel Soft entrevistó a tres de ellos y les pidió que contaran lo más satisfactorio y lo más difícil de estar a cargo del hogar sin el apoyo de una pareja.

Sus palabras y la manera en la que los sorprenden al final del video ha conmovido a miles de personas alrededor del mundo.

Psicología

Dale alas para volar… o cumplirá 40 en tu hogar

El hecho de que un hijo de 40 años siga compartiendo el mismo techo con sus padres es resultado innegable de una crianza de sobreprotección y de una falta de límites saludables en los que el chico pudiera reconocer y desarrollar sus potencialidades.

Comodidad vs independencia

La respuesta más típica al hablarle de independizarse a una persona que vive con sus padres es: ¿Para qué me voy a mover de ahí, si estoy tan a gusto? La comodidad le gana a un debilitado deseo de independencia y autonomía, con el plus de un significativo ahorro económico, energético y de tiempo, y a que, independientemente de si aportan o no al bolsillo familiar, de entrada ya cuentan con una casa amueblada, en donde se sirven tres comidas al día en sus respectivos horarios y se olvidan de ocuparse directamente de multitud de tareas domésticas.

¿Para qué me voy a mover de ahí, si estoy tan a gusto?

Saltan a la vista las ventajas, pero el costo de esa comodidad implica privarse de aprender a estar consigo mismos y a hacerse cargo de sí mismos en todos los sentidos; y eso va mucho más allá de que no haya a quién pedirle desde el baño que te acerque una toalla. ¿Cómo va a conocerse a fondo alguien que nunca ha vivido a solas? ¿O alguien que lo hizo por una temporada y regresó a la casa materna o paterna? Esta dificultad para independizarse generalmente se oculta tras un gesto de solidaridad que, de fondo, disfraza una codependencia.

Cómo criar hijos seguros e independientes (y evitar que se conviertan en eternos adolescentes)

Si se trata de un bebé, lo más recomendable es la crianza con apego, que es partidaria del colecho, de no dejarlo llorar y de tenerlo el mayor tiempo posible en brazos para favorecer un vínculo sólido que le dé seguridad. Infórmate y practícalo.

Todo lo que sigue es aplicable para niños desde los dos años de edad hasta la adolescencia:

Fomenta su curiosidad natural, responde a sus preguntas con paciencia y, cuando veas oportunidad, hazlo de forma que surja una nueva duda que puedan resolver juntos.

Advierte sobre los riesgos. Al mentirle a tus hijos, pierdes credibilidad ante ellos. Diles la verdad. No hace falta usar el miedo como forma de control. Evita recurrir al monstruo del clóset o al robachicos. ¿Por qué atemorizarlos?

No los ayudes antes de que te lo pidan. A mayor autonomía, mayor autoestima; déjalos solos; si tardan, no los presiones: todo es a su ritmo, son ellos quienes están aprendiendo. No hagas las cosas en lugar de ellos.

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Déjalos decidir. Ofréceles, en cambio, un rango de acción en su día a día. Si se trata de un niño pequeño, permite que elija la ropa que quiere ponerse o la verdura que más le gusta a la hora de comer. Si hablamos de un adolescente, permite que tenga la pinta que quiera tener, y que estudie la carrera que quiera estudiar, etc. Incluso, que decida si hace o no la tarea (con una “consecuencia” previamente acordada, que debe asumir sí o sí).

Estimula su capacidad para estar solos y encontrar qué hacer con ese tiempo dedicado a sí mismos (crear, leer, escuchar música, pasear, etc.).

Establece un esquema de cooperación doméstica. No sólo es importante que aprendan a mantener su cuarto ordenado, sino que colaboren con el resto de las tareas de casa, como cocinar, lavar platos, recoger la mesa, sacar la basura, hacer la limpieza, etc. (con penalizaciones para el que no cumpla con su tarea).

Promueve el desarrollo de sus habilidades sociales, deja que pidan su plato al mesero, provoca que se relacione con gente nueva y se enfrente a diferentes situaciones en diversos ambientes.

Respeta sus emociones, evita sembrarles inseguridad a costa de tu diversión, nunca los ridiculices ni te burles de ellos.