Psicología

5 tips para ser mamá (después de los 30)

Sin duda, tener un hijo es un reto enorme que implica constantes renuncias, pero si sabes lidiar con la frustración de no ser la “madre ejemplar”, de “no poder entender a tus hijos” o de “no poder combinar el trabajo con la crianza”, entenderás que convertirte en madre puede ayudarte a ser una mejor versión de ti misma.

Si has decidido comenzar con esta etapa hasta haber pasado los 30, apóyate con estos consejos para disfrutar al máximo de esta nueva fase de tu vida.

  1. Organiza rutinas en las que incluyas tiempo y actividades para ti. Al principio sentirás que es imposible con un bebé demandando tu atención 24 horas, pero puedes comenzar con pequeñas tareas que no te exijan demasiado tiempo, eso te permitirá encontrar un balance poco a poco.
  2. No te compares con otras madres ni compares a tu hijo con otros niños. Poner expectativas altas sobre su desempeño o el tuyo sólo conseguirá frustrarte cuando el resultado no sea el esperado. Permítele desarrollarse a su propio ritmo y reconoce tus logros como madre, así estarás fomentando su autoestima y fortaleciendo la confianza en ti misma a la vez.
  3. Quítate la culpa por salir a trabajar o por quedarte en casa. Sentirte realizada influye positivamente en el desarrollo emocional de tu hijo. Establece tus prioridades en función de tus objetivos personales y dedica tiempo de calidad a cada una; recuerda que todas son etapas y se vale cambiar de parecer.
  4. Rodéate de gente afín a tu nuevo rol. Puedes integrarte física o virtualmente a grupos de maternidad que te harán sentir que hay muchas mamás como tú librando la misma batalla. Es momento de explorar otras actividades y amistades que se adapten a tus necesidades y horarios.
  5. Sé paciente. Aunque los berrinches son parte del desarrollo, recuerda que tu hijo es tu espejo y aprenderá autocontrol por imitación. Si gritas, puedes esperar la misma reacción de vuelta. Considera su inmadurez como natural. Poner límites con amor requiere de un alto grado de paciencia, pero a largo plazo estarás formando a un adulto tolerante.

Ser madre no tiene que convertirse en un suplicio ni en una carga psicológica, recuerda que miles de mujeres hemos pasado por lo mismo y siempre buscamos mejores formas de ser y de estar en el mundo.

Opinión / S1NGULAR

También hay vida sin hijos

No querer hijos es un tema que sale cada vez más del clóset. Por ello, ahora existe una multitud de investigaciones, libros, estadísticas, ensayos, blogs y grupos en redes sociales dedicados a intercambiar experiencias y apoyarse ante la presión social y cultural de formar una familia con niños.

En los últimos 50 años, las academias internacionales han buscado las razones de los bajos índices de natalidad mundial. Las líneas de investigación casi siempre han dado prioridad a los enfoques económicos y demográficos, pero con el tiempo se han incorporado otros aspectos que enfatizan el punto de vista y la individualidad femeninos. Las mujeres que eligen voluntariamente no ser madres le dan prioridad a un determinado estilo de vida y le declaran al mundo que la identidad femenina no se basa en tener hijos.

La investigación “Teoría de las preferencias”, realizada en 25 países,  encontró que lo que se imponía detrás de la voluntad de millones de mujeres que no quisieron tener hijos, era un estilo de vida con el que no concordaban. La antropóloga Yanina Ávila González, autora de Mujeres frente a los espejos de la maternidad: las que eligen no ser madres, reconoce que estamos ante una etapa histórica que cuestiona la maternidad como núcleo de la identidad femenina; “son mujeres que le están diciendo NO a los mandatos sociales y culturales. Y eso es una gran transformación”, menciona.

Hace algunos años, el Centro de Investigaciones Pew —institución líder en el monitoreo de tendencias sociales y estilos de vida— encuestó a estadounidenses para medir la creencia de que los hijos eran el eje central de un matrimonio y en qué medida la decisión de no tenerlos era un acto individual. Descubrieron que la presión social sobre las mujeres para tener descendencia había disminuido, ya no consideraban que los hijos garantizaran la estabilidad en una pareja y que la decisión de tenerlos o no era individual.

En 2015, la socióloga israelí Orna Donath publicó un libro que llevaba el peso subversivo en el título, Madres arrepentidas, en el cual recogió el testimonio de 23 mujeres que, bajo el anonimato, explicaban por qué se arrepentían de su maternidad. Orna —que no tiene hijos— ha dicho que su texto no ataca la maternidad, sino que busca visibilizar una realidad que existe y que es tabú: si las mujeres pudieran volver a tomar la decisión de ser madres, no lo harían. El ideal de la “madre perfecta” pesa demasiado y hace sufrir a millones de mujeres que no se atreven a cuestionarlo.

Especial / Psicología / S1NGULAR

Sé un papá feminista

Es innegable la importancia de ambos padres para el desarrollo de los hijos, sin embargo la inclusión de los hombres en las labores domésticas y de crianza sigue siendo bastante desigual.

A pesar de que la cantidad de papás involucrados en el cuidado diario de los niños va en aumento, menos del 7 % reduce sus jornadas laborales o dedica un tiempo adicional para hacerlo.

Ahora se sabe que ambos pueden y deben aportar en partes iguales al desarrollo de los más pequeños, y que incluso éste un factor determinante para darles una formación plena: física y mental.

Aquí es donde el término de paternidad positiva sale a colación. La paternidad positiva ocurre cuando el padre se implica de manera activa en las labores de crianza, desempeñando roles y prácticas igualitarias. Esto, a su vez, empodera a su pareja y  promueve que ambos tengan el mismo nivel de autoridad en la familia.

Pero la relevancia de estos hombres no queda únicamente en el plano familiar sino que permea hasta el social, pues ellos son pieza fundamental en la transformación de los paradigmas hacia un trato más justo e igualitario con ambos géneros.

Mayor ejercicio de la paternidad positiva en las diferentes sociedades, representaría mejorías a nivel familiar, social y hasta económico. Según datos recogidos por el Panorama del Estado de los Padres en el Mundo (State of the World’s Fathers), el género femenino invierte de dos a diez veces más tiempo en labores no remuneradas de trabajo doméstico y ganan de un 10 a 30 % menos que los hombres por realizar el mismo trabajo. Por ello, si tuvieran la misma participación en el mercado laboral que ellos, el Producto Interno Bruto (PIB) de los países aumentaría de manera considerable: 5 % en los Estados Unidos, 9 % en Japón y 34 % en Egipto, por poner algunos ejemplos.

Además, la violencia de género que se transmite de generación en generación podría romper el ciclo con una correcta paternidad positiva. Cuando los niños son testigos de violencia, tienen 2.5 más probabilidades de replicarla en sus familias al crecer. Y no son pocos los niños que experimentan algún tipo de violencia en casa: cada año, una de cada tres mujeres sufre violencia por parte de su pareja a nivel mundial y más de 275 millones de críos la viven.

La paternidad positiva es feminismo en su estado más noble y puro: acciones que empoderan a mujeres y niñas. Así que anda, anímate y sé un padre feminista. Tu familia -y el mundo- lo agradecerá.

 

Psicología

Los dispositivos electrónicos retrasan el desarrollo del lenguaje en los bebés

Los padres están habituados a utilizar diversos dispositivos electrónicos para mantener a sus hijos distraídos, pero recurrir a ellos de forma frecuente y por largo periodos, trae consecuencias gravísimas que, aunque no se notan a corto plazo, a mediano y largo resultan devastadoras.

Según estudios presentados en el Pediatric Academic Societies Meeting, el tiempo que pasan los niños frente a una pantalla puede retrasar considerablemente el desarrollo de su capacidad lingüística. Es decir, cada vez se tardan más en lograr formular palabras y oraciones completas, por simple que éstas sean.

Catherine Birken, pediatra y científica canadiense, estudió a 900 niños de entre 6 y 24 meses de edad. Los resultados mostraron que, al llegar a de 18 meses, el 20% de los bebés que tenía contacto con dispositivos móviles 28 minutos en promedio por día, enfrentaba importantes deficiencias en su desarrollo lingüístico y, entre mayor era el contacto con las pantallas, peor era el problema: por cada media hora extra en que estos críos pasaban al día enajenados a la pantalla, el riesgo incrementaba en un 49%.

Sin embargo, este problema no es nuevo. Giovanni Sartori (1924-2017), sociólogo y politólogo italiano, destacó en su libro Homo videns: la sociedad teledirigida (1997) el problema social que genera el hecho de dejar a los bebés sentados frente al televisor por horas.

Estos “video-niños” (término acuñado por él) crecen con una capacidad bastante limitada para la abstracción, pues antes de saber leer, escribir e incluso hablar, el niño aprende a ver. Y lo que ve no es más que cosas concretas, es decir, ve números en lugar de comprender las matemáticas; letras, sin entender la lengua; corazones, no amor; así que cuando este niño tiene que enfrentarse a la escuela, lo que más siente es aburrimiento y frustración porque ésta le exige formular ideas que no son ni visibles ni tangibles. Lo cual, finalmente, provoca que crezca temeroso de la escuela y aumente la posibilidad de que trunque sus estudios.

Pero el problema no es el iPad ni en el televisor, sino en cómo los padres los utilizan como el sustituto ideal de una niñera. Jenny Radesky, coautora de las Directrices recientes para el uso de los medios infantiles, reconoce la ventaja que dan estos dispositivos para mantener ocupados a los niños, por ejemplo, durante un largo viaje por la carretera y asegura que las aplicaciones y programas diseñados para los más pequeños, usados como herramientas de aprendizaje y no como opciones de entretenimiento, pueden resultar de gran beneficio para el desarrollo mental, motor y lingüístico.

Opinión

La vida de mis hijos, ésa donde no hay un camino único

Ya tengo mis añitos, pero aún recuerdo un programa de televisión de mi niñez que daba “clasecillas” de moral e instruía sobre “lo que no se debía hacer”. A mí me daba entre miedo y culpa porque aparecía un diablito que te aconsejaba “feo” y un angelito que te decía cómo seguir el camino del “bien”. Hoy me río de imaginar a mis hijos, millennials los cuatro, viendo la simplicidad de lo que allí se planteaba en términos de decisiones de vida y de dilema moral. ¡Nada que ver con lo que enfrentan hoy mis criaturas!, las que les siguen a ellos y de pasadita los de generaciones anteriores que no sabemos bien pa’dónde jalar.

A mis 15 años se suponía que si hacías lo que te decían, conseguirías lo que querías. Pero ahora no hay caminos únicos, respuestas certeras ni verdades absolutas. Y si bien lo ético estará por siempre, los cuestionamientos presentes rebasan lo “moralino” de antaño y se instalan en el mundo de lo diverso y de la complejidad. Más allá de “lo que no se debe hacer”, un sin fin de quimeras entran en el territorio de las posibilidades reales.

Un mundo que nos pinta asequible tooodoooo lo que deseamos, te hace darte de topes ante la dificultad de conseguir lo que en un pasado reciente parecía conquistado. No se puede elegir con facilidad una carrera profesional porque hay 2000 opciones a escoger, difícilmente se puede sostener una relación longeva teniendo las largas vidas que ahora se pueden gozar, también hay pocas opciones de trabajos eternos en un mercado laboral salvaje y, por supuesto, no se puede asegurar que los hijos nos van a cuidar cuando uno esté viejo.

¡No se puede estar al 100 en una reunión, porque mientras cenas te invitan por chat a tantas otras fiestas más!

Andrés, mi tercer hijo, me compartió una reflexión que estaba fuera de mi alcance mental cuando me casé: “Madre, pensaba el otro día que, si quiero tener hijos, que aún ni siquiera sé, tendré que elegir a una mujer (más allá de que me guste y la quiera) con quien pueda formar un equipo de padres para toda la vida, muy aparte de lo que pueda durar nuestra relación”. ¡Uf, uf… pues síiiii! Y yo que el tema lo sé de memoria, con esa confesión comprobé que hoy los chavos y “treintichavos” observan cosas que ni de forma remota estaban en mi haber mental.

Y de estos ejemplos tengo miles (con mis hijos, con pacientes y en mi vida personal).

Pues bien, cómo no entender a los millennials y a sus contemporáneos que miran tanto y quieren todo. Yo me maravillo de lo que estamos viviendo (esto es lo que tenemos y con esto es con lo que podemos bordar). Por supuesto que por ratos me mareo un poco ante la infinidad de opciones y dudas que te presenta la vida moderna, pero tampoco paro (ni pararé) de soñar.

Psicología / S1NGULAR / Sexualidad

¿Qué pasa con los hijos de las familias poliamorosas?

Crecer dentro de una familia poliamorosa no es sinónimo de enfermedad. De acuerdo con la socióloga Elisabeth A. Sheff, autora del libro The Polyamorists Next Door: Inside Multiple-Partner, Relationships and Families, no hay un patrón que determine que este tipo de núcleos implique problemas para los niños.

La autora asegura que las familias con este modelo en las que están involucrados niños “pueden crear ambientes sanos, estables, cariñosos para los pequeños si los adultos se encargan de fomentarlo”.

Sin embargo, así como en su momento se llega a platicar acerca de un divorcio en una familia “tradicional”, los acuerdos poliamorosos necesitan también ser tratados en una conversación.

Sheff recomienda tomar en cuenta la edad de los niños, como primer paso, pues de eso depende qué palabras utilizar para explicarles este modo de convivencia amorosa.

Alrededor de los 8 años o menos, los niños no profundizan demasiado en los conceptos amorosos, por ello asegura que a esta edad no es rigurosamente necesario explicarles el significado del poliamor y sus variantes. Pero para los preadolescentes, de entre 9 y 12 años, que están formando estas ideas, es esencial expresarles que, dentro de esta dinámica, los padres son honestos con todos y cada uno de los involucrados en la relación, y que todas las parejas de su papá o mamá están en un acuerdo mutuo.

Sheff, quien ha estudiado los roles, el ambiente y las relaciones entre los padres poliamorosos y sus hijos durante 15 años, encontró que no sólo hay tabúes alrededor de este tipo de familias, sino que también existen ventajas para tanto para los niños como para los adultos que están involucradas en ellas:

  • Al haber más de un adulto involucrado, obtienen más atención y protección por parte de las parejas de sus padres.
  • Conviven distintos modelos paternos y posturas respecto a la educación para los menores. Lo ideal es que los adultos establezcan qué principios están de acuerdo en seguir para no confundir al niño.
  • Hay mayor tiempo libre para los adultos, ya que se pueden tener responsabilidades familiares compartidas.
  • En los casos en que también se acuerda compartir gastos de los menores, la economía podría resultar más flexible y funcional para la familia poliamorosa.
Psicología / S1NGULAR

¡Deja de criar niños narcisistas!

Si eres padre sabrás lo frustrante que es enfrentarte con actitudes desagradables de tus propios hijos, y si eres tía, amigo, primo o vecino, entiendes lo molesto que puede ser tratar con un niño egocéntrico.

Educar a un crío es un enigma. Muchas veces, por más que creas estar haciendo lo correcto, el resultado es muy distinto al que esperas. “En su escuela me recomendaron hacer A, B y C para fomentar su empatía”, “Acabo de leer este bestseller y me he dado cuenta que he hecho todo mal”, ¿Alguna vez has dicho o escuchado esto?

Para empezar, debes tener claro que el temperamento de casa persona (y por personas nos referimos también a los niños) y las condiciones de su formación pueden variar enormemente, por lo cual no hay una fórmula única que garantice lograr o, por el contrario, eliminar determinadas conductas. Pero no todo está perdido.

Un estudio reciente publicado en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos señala que el inicio de las actitudes narcisistas se debe, en mayor medida, a la sobreprotección de los padres y no a la falta de cariño, como muchos creen.

Esto quiere decir que por más que pienses que tu hijo es “el más inteligente de la clase”, “la mejor nadadora” o el que “tiene más bonita letra”, es importante hacerlo con medida.

Piensa que cada vez que les dices lo que ves en ellos, escuchan e interiorizan esa imagen con la que terminan por identificarse -aunque en realidad no la sean del todo-. Además, pueden crecer tan acostumbrados al reconocimiento externo que se conviertan en personas serviles en busca del mismo nivel de aceptación y, en el peor de los casos, frustrados por no conseguirlo.

S1NGULAR

Este video sobre ser padre soltero te conmoverá hasta las lágrimas

Ser padre soltero no es sencillo. En México, 796 mil hogares son encabezados por hombres solteros y el 69% de las mujeres que llevan una casa están separadas, divorciadas, viudas o solteras.

Las historias de estas admirables personas no se cuentan tan a menudo y mucho menos se celebran. Pero el Día del Padre Soltero existe y se festeja el 21 de marzo.

Para reconocer la incansable labor de estos s1ngulares, la marca Angel Soft entrevistó a tres de ellos y les pidió que contaran lo más satisfactorio y lo más difícil de estar a cargo del hogar sin el apoyo de una pareja.

Sus palabras y la manera en la que los sorprenden al final del video ha conmovido a miles de personas alrededor del mundo.

Especial / Psicología

8 tips para enseñar a tu hijo a ser independiente

La respuesta más típica al hablarle a alguien -ya adulto- de independizarse es: ¿Para qué me voy a mover de ahí, si estoy tan a gusto? La comodidad le gana a un débil deseo de independencia y autonomía, con el plus de un significativo ahorro económico. De entrada, quienes siguen en “el nido” ya cuentan con una casa amueblada donde se sirven tres comidas al día y se olvidan de ocuparse de una multitud de tareas domésticas.

El costo de esa comodidad implica privarse de aprender a estar consigo mismos y de hacerse cargo de sí mismos en todos los sentidos. ¿Cómo va a conocerse a fondo alguien que nunca ha vivido a solas? Esta dificultad para hacerlo generalmente se oculta tras un problema de codependencia.

Por ello, si quieres evitar que tu hijo se convierta en un eterno adolescente, apóyate de estos tips en su crianza:

Fomenta su curiosidad, responde a sus preguntas con paciencia y, cuando veas oportunidad, hazlo de forma que surja una nueva duda que puedan resolver juntos.

Sé sincero sobre los riesgos. Al mentirle a tus hijo, pierdes credibilidad ante él/ella. Dile la verdad. No hace falta usar el miedo como forma de control. Evita recurrir al monstruo del clóset o al robachicos. ¿Por qué atemorizarlos?

No lo ayudes antes de que te lo pida. A mayor autonomía, mayor autoestima; déjalo solo; si tarda, no lo presiones: todo es a su ritmo, es él/ella quien está aprendiendo.

Déjalo decidir. Ofrécele, en cambio, un rango de opciones en su día a día. Si se trata de un niño pequeño, permite que elija la ropa que quiere ponerse o la verdura que más le gusta a la hora de comer. Si hablamos de un adolescente, permite que tenga la pinta que quiera tener, y que estudie la carrera que quiera estudiar, etc. Incluso, que decida si hace o no la tarea (con una “consecuencia” previamente acordada, que debe asumir sí o sí).

Estimula su capacidad para estar solo y encontrar qué hacer con ese tiempo dedicado a sí mismo (crear, leer, escuchar música, pasear, etc.).

Establece un esquema de cooperación doméstica. No sólo es importante que aprenda a mantener su cuarto ordenado, sino que colabore con el resto de las tareas de casa, como cocinar, lavar platos, recoger la mesa, sacar la basura, hacer la limpieza, etc.

Promueve el desarrollo de sus habilidades sociales, deja que pida su plato al mesero, provoca que se relacione con gente nueva y se enfrente a diferentes situaciones en diversos ambientes.

Respeta sus emociones, evita sembrarles inseguridad a costa de tu diversión, nunca lo ridiculices ni te burles de él/ella.