Bienestar / Editorial

Cohousing: vivir en comunidad

Casi todos hemos pasado una etapa en la que compartimos casa con otras personas. Ya sea durante tu época de estudiante, en alguno de tus primeros trabajos o al mudarte de ciudad, vivir con roomies te permite disminuir gastos y reforzar tu autonomía, pero ¿qué sucedería si lleváramos esta dinámica a niveles aún mayores? ¿Qué tal una comunidad de diferentes familias que compartan cocina, comedor, áreas para la recreación, para el lavado e incluso para el cultivo de frutas y verduras de autoconsumo?

Esta tendencia se conoce como cohousing y tiene gran éxito en Europa, Asia y Estados Unidos. Una comunidad cohousing se conforma de entre 15 y 35 viviendas privadas, reunidas alrededor de un área común que promueve la interacción entre vecinos, evitando la enajenación de los complejos habitacionales citadinos, donde nadie se conoce -ni se interesa por hacerlo-.

Se basa en nuestra necesidad básica de comunicarnos con otros para apoyarnos, protegernos y procurar la educación de los más pequeños, garantizando el bienestar de todos.

Pero el éxito de esta tendencia va más allá de una relación cordial con los vecinos: los acuerdos de convivencia se establecen con la participación de todos y las áreas de esparcimiento comunes optimizan el uso de los recursos naturales. Además, no llevan una economía compartida y tampoco responden a una religión.

Jacopo Gresleri, autor del libro Cohousing. Esperienze internazionali di abitare condiviso, afirma que el alcance de esta tendencia aún es limitado porque las grandes ciudades aún están renuentes a aceptar este modelo, en gran parte, debido a lo complicado que resulta implementarlo en los proyectos de urbanización.

Sin embargo, hay lugares donde la implementación de esta dinámica ha tenido gran aceptación. Dinamarca, por ejemplo, es ya un gran modelo a seguir, teniendo al menos un 8% de la población total viviendo en cohousing, Estados Unidos tiene 100 comunidades de este tipo en construcción y 15 en Canadá. 

Bienestar / Salud

Vivir en un barrio con arte reduce los crímenes y abusos infantiles

La mayoría de las personas, sabe que el arte tiene un importante efecto favorable en sus vidas; desde ayudarlos a socializar, hasta mejorar su estado de ánimo o funcionar como terapia para determinadas enfermedades, pero ¿sabías que también tiene la capacidad de reducir el índice de violencia?

La School of Social Policy & Practice de la Universidad de Pensilvania es la primera institución que incluyó el arte y las infraestructuras culturales como factores, al determinar la calidad de vida de una población.

Según un estudio publicado por esta institución, en los lugares de Nueva York menos favorecidos donde el arte está presente, los abusos infantiles se redujeron un 14% y los crímenes, un 18%, respecto a zonas semejantes, pero con menos infraestructuras culturales.

Los responsables del estudio afirman que el arte por sí solo no basta para mejorar la vida de los ciudadanos; es decir, es sólo un elemento que debe combinarse con muchos otros si se quiere obtener esa mejora social. De lo que sí están seguros es que la inversión resulta mucho más rentable, en comparación con zonas pudientes, las cuales pueden gastar en seguridad con mayor holgura (seguridad privada, vigilancia, cámaras de seguridad, etc.).

Así mismo, mencionan, hay una repercusión positiva mucho más fuerte en la comunidad cuando ésta cuenta con centros culturales, bibliotecas o teatros propios, a pesar de los que existen en la Ciudad, en general.

En México, ante el constante recorte presupuestal dedicado a estos fines, la mayoría de estas infraestructuras surgen como iniciativas privadas. Sin embargo, ante estos datos, es importante fomentar la creación de nuevas propuestas y apoyar su vida útil.

Con información de Yorokobu

Agenda / Especial LGBTTTI

París extiende invitación a mexicanos para inscribirse en Gay Games 2018

Este evento multideportivo se organiza cada cuatro años, desde 1982, por la Federación of Gay Games y es muy similar a los Juegos Olímpicos. Aquí no existe cabida para la discriminación, la participación y el mejor rendimiento personal están en primer plano.

En esta ocasión, Emy Ritt, directora de Relaciones Internacionales del evento, manifestó que París es un símbolo histórico de la lucha por las libertades civiles a nivel mundial. Por tal motivo, se espera que en el 2018 esta ciudad albergue a 15 mil deportistas y más de 40 mil visitantes en las 70 diferentes sedes donde tendrán lugar las 40 categorías de Gay Games.

También aprovechó para hacer una invitación a todas las personas, sin importar que sean o no atletas profesionales a participar. Y quienes ya tomaron la palabra son tres mexicanos, uno de ellos es Nicolás Pineda, que a pesar de no contar con apoyo de ninguna federación o dependencia deportiva, se inscribió para participar en los 400 y 800 metros planos en Gay Games París 2018.

Ritt dio a conocer que las cuotas de inscripción aumentarán su costo cada tres meses y podrán registrarse en Paris2018.com. Este tipo de eventos son de suma importancia para la comunidad LGBT, pues les permite demostrar a todo el mundo que son personas competitivas, capaces, disciplinadas y que pueden cumplir todas sus metas.