Especial / Psicología / S1NGULAR

¿Qué dice la ciencia sobre el destino?

Tenemos una idea bastante incongruente del destino. A veces -en espacial, si resulta conveniente- creemos a ciegas en él y otras,  simplemente decidimos negar su existencia. El problema es que ni siquiera sabemos a qué llamar destino, ¿es libre albedrío?, ¿son coincidencias prefijadas?, ¿es intervención divina?

La primera acepción de la palabra en el Diccionario de la Lengua Española lo define como “hado (fuerza desconocida)” y si buscamos la palabra hado, sus significados dirán 1. “Fuerza desconocida que obra irresistiblemente sobre los dioses, los hombres y los sucesos”, y 2. “Encadenamiento fatal de los sucesos”. Así que creas o no en él, lo cierto es que la humanidad lo creó para explicar su pertenencia a este mundo y ha estado presente a lo largo de la historia.

Y aunque las ciencias no han encontrado un consenso a su definición, la Física, en particular, utiliza una serie de normas universales conocidas como Leyes Clásicas, que explican, a grandes rasgos, el comportamiento de todo cuanto nos rodea.

“Todo objeto tiene una trayectoria: se mueve siguiendo un camino concreto a unas velocidades concretas”, dice José Luis Crespo, físico de la Universidad Autónoma de Madrid. Así pues, si seleccionas un sistema de partículas y reflexionas un momento de dónde vienen y qué velocidad llevan, es posible determinar a dónde se dirigirán. Los astrónomos lo utilizan, por ejemplo, para determinar el comportamiento de los astros.

Teniendo en mente la idea de que la Física nos permite saber de dónde vienen y a dónde van las cosas, desde la partícula más elemental hasta las galaxias y sistemas mismos, Crespo señala que “el universo sería una especie de mecanismo increíblemente grande, pero sutil; un espacio en el que todo sucede por un motivo; un universo en el que el verdadero azar no existe”. Y es que si lanzaras una moneda y tuvieras todos los datos de su movimiento (velocidad, peso, rotación, masa, aceleración, etc.), podrías determinar si caerá cara o cruz.

Entonces, si suponemos que somos parte de este universo “mecánico” y predecible, y además asumimos que cada ser humano es un microcosmos en sí, resulta totalmente viable la idea de que todas las partículas contenidas en nosotros tienen y tendrán un destino totalmente cuantificable. Incluso, al saber que nuestro cerebro está formado por materia gris, redes neuronales y átomos, es posible creer que nuestros pensamientos y sentimientos forman parte de dicho mecanismo. Fascinante, ¿cierto?. Ahora ¿crees en el destino?

 

Salud

A los millennials les cuesta más trabajo adelgazar que a los boomers

De acuerdo con un estudio publicado en la revista de Investigación de Obesidad Clínica, los adultos jóvenes de hoy en día tienen más dificultad para mantener el peso que aquellos que fueron adultos hace 20 o 30 años, aún comiendo la misma cantidad de comida y con el mismo ejercicio.

La investigación siguió las dietas de 36,400 estadounidenses entre 1971 y 2008, así como la actividad física de 14,419 personas entre 1988 y 2006. Unieron los datos por comida, actividad, edad  e Índice de Masa Corporal y descubrieron que si actualmente tienes 25 años, tendrías que comer menos y ejercitarte más que alguien más grande de edad para evitar subir peso.

Y aunque los factores de estos cambios entre generaciones aún no están confirmados, los especialistas tienen una hipótesis: ahora, la gente está más expuesta que antes a químicos en la comida, como pesticidas y sustancias en los empaques que alteran nuestro proceso hormonal y las maneras en las que nuestro cuerpo sube y baja de peso.

Además, el aumento de casos de depresión ha generado que crezca el consumo de antidepresivos, que contienen compuestos ligados con subir de peso.

Por último, el consumo de carne es mucho más alto que en décadas pasadas; productos que son tratados con diferentes hormonas y antibióticos para fomentar el crecimiento acelerado de los animales; por lo que toda esa carne podría estar cambiando nuestra bacteria intestinal en formas sutiles.

Especial / Sexualidad

Lo mejor del sexo llega dos días después

Aunque nadie puede negar que lo más memorable de un encuentro sexual son los increíbles orgasmos, un estudio descubrió que hay una mejor parte que sucede los dos días después.

Un estudio encabezado por la científica en psicología Andrea Meltzer demostró que dos días después de tener sexo, las personas se sienten completamente felices, a lo que ella le llamó el “resplandor crepuscular” o “afterglow”.

Para descubrir esto, Andrea midió los datos de dos estudios realizados con 200 parejas de recién casados a quienes les pidieron que todas las noches y todas las mañanas escribieran en un diario qué tan felices y satisfechos se sentían con su relación.

Así, a través de estas notas, descubrieron que siempre que la pareja tenía sexo, ambos se sentían más felices los siguientes dos días; y esto sucedía con participantes de todas las edades.

Además, se dieron cuenta de que las parejas que tenían relaciones sexuales con mayor frecuencia reportaban menos conflictos matrimoniales, a diferencia de los que casi no tenían.

Finalmente, este estudio apoya otro que encontró cómo las parejas se sienten más conectadas cuando se acuestan abrazados que cuando tienen un orgasmo.

Bienestar / Tendencias

La ciencia explica por qué los solteros son más plenos

Algunas de las preocupaciones de los padres y otros miembros de la familia es ver a sus hijos, sobrinos y/o nietos a cierta edad sin pareja, porque eso es sinónimo de “infelicidad, de no sentirse pleno, no tener una estabilidad económica, etc.”, sin embargo, el estudio realizado por The American Psychological Association (APA) Convention, dio a conocer que las personas sin pareja tienden a tener más dinero y alcanzar una mayor plenitud que quienes están casados.

Bella DePaulo, lider del proyecto, científica en la Universidad de California, y autora del libro Cómo los solteros son estereotipados, estigmatizados, ignorados y aún así viven felices explica que , “vivir solo tiene grandes recompensas, como un crecimiento personal más fuerte”.

Por otro lado, la científica dijo que lo anterior es porque los solteros suelen ser más seguros al tomar decisiones, además de que suelen formar relaciones sociales más fuertes.

 

 

Tendencias

5 mujeres astronautas que te inspirarán a llegar al infinito y más allá

El estudio del universo ha llamado la atención del ser humano desde que inició la era espacial, en 1957, con el primer satélite lanzado al exterior de la Tierra por parte de la ex Unión Soviética. Las investigaciones para dar respuestas “lógicas” a lo que hay detrás de cielo, en ese pequeño gran lugar llamado espacio,  se han convertido en una gran aventura y reto para los astronautas de la NASA. La participación de las mujeres ha tenido bastante relevancia, a pesar de que sólo el 10 por ciento ha viajado al espacio. Te contamos quiénes fueron las más destacadas.

Valentina Tereshkova

Es la primera mujer cosmonauta, quien a los 26 años comandó una misión que tenía como objetivo observar los efectos del espacio en el cuerpo humano. Este viaje lo realizó a bordo del Vostok 6.

valentina-tereshkova

Sally Ride

Se convirtió en la primera mujer estadounidense en ir al espacio, el cual fue a bordo del transbordador Challenger. Posteriormente, Ride estuvo en varios proyectos para incentivar a las niñas y mujeres el interés por la ciencia y la tecnología.

sally-ride

Eileen Collins.

Es reconocida como la primera mujer piloto de un transbordador espacial, este título lo ganó en 1990, tiempo después fue la primera en dirigir una misión. El registro de Collins es de aproximadamente 872 horas en el espacio.

collins-eileen

Ellen Ochoa

La primera mujer hispana, de ascendencia mexicana, en realizar una misión al espacio, la cual consiguió a bordo del Discovery.

ellen

Peggy Whitson

Con más de 376 días en el espacio y el récord de mayor tiempo fuera de la nave realizando actividades extraveículares, Whitson es considerada la mujer con mayor experiencia en la NASA. Fue la primera mujer comandante de la Estación Espacial Internacional.

peggy_a-_whitson

Opinión

El amor es científico mientras dure

Hace unas semanas cayó en mis manos un libro subversivo. Un texto donde la academia hace un “mea culpa” por no haberle puesto atención, salvo algunas excepciones de autores europeos, al estudio del amor. ¿Por qué había pasado esto? Porque no se consideraba digno de respeto, no daba prestigio intelectual, era un asunto frívolo, y un “delirio ideológico”. Las relaciones han entrado en un caos, la intimidad se transforma, el espectro afectivo y los acuerdos amorosos han mutado, pero la academia hacía el fuchi al mundo amoroso. Era como aceptar estar frente a los libros de autoayuda en un Sanborns.

Los ochenta dieron el primer aviso de que había que ponerle atención, pero en los noventa, las ciencias sociales, las humanidades y las ciencias naturales (a través de la neurociencia) iniciaron la cruzada interdisciplinaria de bajarle a la arrogancia, tejer más fino y ponerse a trabajar en el aparato moderno del amor. Al mismo tiempo, reconocen las autoras del libro Cuerpo y afectividad en la sociedad contemporánea, Adriana García Andrade y Olga Sabido Ramos, que la disciplina conocida como la Sociología de las Emociones, jugó un papel muy importante para voltear a ver, de manera científica, al amor.

El amor lo convulsiona todo y es tan serio que no hay que dejarlo al garete.

La investigadora Anna G. Jónasdóttir, en este libro, recuerda que en 1985 participó en Barcelona en una conferencia internacional con un ensayo sobre el amor y fue cuestionada con el argumento de que el amor pertenecía al ámbito de la ficción. Casi se burlaron de ella. Veinte años después, les da la bienvenida a todos aquellos que menospreciaron el tema y que ahora coordinan investigaciones, publican, desmenuzan y le otorgan categoría de objeto de estudio central para entender las nuevas formas de emparejamiento, la violencia en todas sus esferas y los estados afectivos que ésta genera, la discriminación a personas por su mera apariencia física, los miedos y las angustias que se vuelven cuerpo, y muchos más aspectos que se viven cotidianamente. El amor lo convulsiona todo y es tan serio que no hay que dejarlo al garete.

El amor como un poder creativo, único, transformador, con posibilidades de generar un cambio en la sociedad contemporánea, pero también con capacidad de hundirla. Eso es lo que han resuelto los recientes estudios.

Un gran grupo de teóricos modernos, como Ulrich Beck, Anthony Giddens, Niklas Luhmann, Eva Illouz, y Zygmunt Bauman, han puesto las reglas del juego y han advertido que hay que aceptar el reto, y que sólo desde la mirada multidisciplinaria se podrá entender la importancia de las variadas revoluciones (sin terminar) que están teniendo lugar en el mundo de la sexualidad y la intimidad.

Sexualidad

La ciencia y el sexo

La ciencia lleva 124 años buscando los hilos negros de la sexualidad humana, explorando los laberintos íntimos de hombres y mujeres.

Si hace falta meterse en el cerebro de una mujer para conocer su actividad neurológica durante el orgasmo, ahí están los especialistas tomándole imágenes en el momento climático. Si se quería saber cuántas veces piensan en sexo los hombres (19 veces al día) o si había razones para sospechar que buena parte de los gemidos sexuales femeninos son falsos, los científicos han hecho lo necesario para comprobar que, en efecto, las mujeres sí fingen que la están pasando bien. Los científicos del sexo no descansan.

Miles de estudios, pequeñas radiografías, infinidad de investigaciones descabelladas, hallazgos sorpresivos, búsquedas azarosas, rompecabezas incompletos, terapias exhaustivas, nuevas leyendas urbanas, laberintos sin salida. Los científicos de la sexualidad lo han intentado todo y lo siguen intentando para resolver los misterios de la conducta sexual humana.

Búsqueda incansable

En 1886, el alemán Richard von Krafft-Ebing abrió las puertas al estudio de la sexualidad, con su libro Psychopathia Sexualis. El entomólogo Alfred Kinsey, 62 años después de la publicación de aquel trabajo, dejó de diseccionar insectos para concentrarse en entrevistar a 18 mil personas, con una plataforma de 521 preguntas, que revelarían los más profundos deseos, conductas y fantasías sexuales de hombres y mujeres. En 2011, los doctores Ogi Ogas y Sai Gaddam, autores de A Billion Wicked Thoughts, siguieron el comportamiento sexual de 100 millones de cibernautas para conocer sus preferencias eróticas online.

Pese a estos esfuerzos, la ciencia sólo ha dado pellizcos para profundizar sobre una pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿por qué nos gustan las cosas que nos gustan en el terreno sexual?

Pero los científicos no tiran la toalla ni se dan por vencidos; por el contrario, siguen echando mano de todos los métodos, recursos, ingenios e interpretaciones para hallarle sentido a la madre de todos los misterios. Tal vez uno de los estudios más polémicos del siglo XXI, convertido en libro y anunciado como “el mayor experimento del mundo que revela los deseos humanos”, es el realizado por los neurocientíficos Ogi Ogas y Sai Gaddam, autores de A Billion Wicked Thoughts.

¿Qué hicieron? Seguir el comportamiento que las personas tienen en Internet bajo la protección del anonimato. Observaron, organizaron datos, los cruzaron y los interpretaron. Con el apoyo de sitios pornográficos y de romance, combinaron la información sobre el comportamiento erótico online con avanzados métodos de las neurociencias para analizar miles de millones de datos sexuales sin una agenda previa, dispuestos a andar por el camino que marcaran los propios datos.

Siguiéndole el rastro a los estudios más novedosos, incluso a los más desorbitados, presentamos una breve recapitulación de los que llaman más la atención por su excentricidad o por sus posibilidades terapéuticas.

Orgasmos, gemidos y lágrimas

La Universidad de Rutgers, en Estados Unidos, ha captado con imágenes de resonancia magnética lo que ocurre en el interior del cerebro femenino cuando alcanza el orgasmo. Una voluntaria se introdujo en el interior de un escáner y buscó la estimulación en solitario hasta llegar al clímax. Después, la tomografía fue convertida en película animada y se asignaron colores para mostrar la actividad cerebral. El rojo, baja; el amarillo, alta. El cerebro de esa mujer era una fiesta amarilla. La idea del experimento fue mostrar dónde se interrumpe el proceso en los casos de anorgasmia.

Un hallazgo importante de la investigación fue saber qué pasa con el cerebro femenino cuando ellas fingen un orgasmo.

Otra investigación que ha arrojado resultados sorprendentes ha sido la de Gert Holstege, de la Universidad de Groningen, en Holanda. Él analizó el funcionamiento cerebral de 13 mujeres y 11 hombres cuando experimentaban un orgasmo. Encontró que, durante el orgasmo, todas las regiones del cerebro relacionadas con el miedo o la alerta se apagan. “Es una especie de apagón momentáneo del cerebro”, ha dicho el experto holandés.

Un hallazgo importante de la investigación fue saber qué pasa con el cerebro femenino cuando ellas fingen un orgasmo. El escáner pudo detectar la mentira. Se activó la región del córtex motor que controla voluntariamente el movimiento pélvico, cuando en realidad esta región no se enciende con un orgasmo real. En otras palabras: Meg Ryan tenía razón.

Pero la ciencia quiere saber más sobre las leyendas negras de la conducta femenina. En la Universidad de Central Lancashire, en Gran Bretaña, se realizó un estudio de vocalización a 71 mujeres entre los 18 y 48 años. Se les preguntó cómo y cuándo usaban gemidos como “ay”, alaridos-gritos o emitían palabras como “sí” o “más”.

¿El resultado? Cuatro de cada cinco mujeres fingían utilizando estas vocalizaciones aproximadamente la mitad de las veces que eran incapaces de llegar al orgasmo. Según la investigación, las mujeres empleaban los gemidos y las palabras de ánimo para acelerar el proceso debido a la fatiga, el aburrimiento o las molestias, en vez de ser una expresión directa de la excitación sexual. El estudio también reveló que las mujeres experimentan más orgasmos durante los escarceos sexuales que en el acto sexual.

Las excentricidades científicas no tienen límite. En Israel, el Instituto Weizmann quería mostrar hasta dónde una mujer llorona inhibe el apetito sexual masculino. Investigadores hicieron que un grupo de hombres olieran, sin ellos saberlo, una solución salina; otro debía aspirar el olor de lágrimas de mujer. A medida que los hombres olfateaban la solución salina se les realizaba un escaneo para analizar la actividad cerebral. El resultado mostró que no hubo cambios significativos. En cambio, quienes olieron las lágrimas experimentaron una reducción en sus niveles de testosterona. Así que el famoso “dolor de cabeza” podría sustituirse, como pretexto para evadir el sexo, con un llanto interminable.

La miscelánea del deseo

Donde más se entretienen los científicos es en encontrar el paradigma para despertar el deseo femenino. Aunque más de un estudio ha demostrado que un buen amante, creatividad, relajación y sentido del humor favorecen el gozo de la mujer, las investigaciones han encontrado pistas que ayudan a incrementar el placer femenino.

Por ejemplo, que consumir una porción de chocolate negro al día sube la calentura; que practicar regularmente yoga, por lo menos 12 semanas continuas, aumenta la excitación, la lubricación y el número de orgasmos en mujeres de 22 a 55 años. Que mantener el colesterol y otras grasas a raya redunda en mayor actividad sexual; que las mujeres con más inteligencia emocional, es decir, que tienen la habilidad para gestionar los sentimientos propios y ajenos, tienen el doble de orgasmos.

En lo que respecta al sexo oral, las sonrisas de oreja a oreja parecen no ser coincidencia. Un estudio de la Universidad Estatal de Nueva York, en el que se analizaron los efectos del semen sobre el cerebro de la mujer, refiere que la secreción seminal contiene al menos tres antidepresivos (cortisol, estrona y oxitocina), así como “productos químicos que alteran el estado de ánimo”, aumentando el afecto e induciendo el sueño en las mujeres. La investigación fue realizada con el apoyo de 293 mujeres, a quienes se les examinó considerando su vida sexual y salud mental.

¿Y el consumo del alcohol para “entrar en sintonía”? La Universidad de Florencia reclutó a 800 mujeres, de 18 a 50, años para estudiar si beber vino tinto tenía algún efecto sobre la libido femenina. Los experimentos revelaron que consumir una o dos copas de vino al día aumenta el deseo sexual. La razón es que los antioxidantes de esa bebida aumentan el flujo sanguíneo en zonas claves del organismo.

Ellos, los senos y la longitud

Los temores masculinos se confirman: Según la revista Journal of Sexual Medicine, en un estudio realizado por el psicólogo Stuart Brody de la Universidad del Oeste de Escocia, se les preguntó a 323 mujeres sobre sus encuentros sexuales, sus preferencias en la cama y si consideran que la longitud del pene influye a la hora de llegar al orgasmo. Estas mujeres aceptaron que sus orgasmos vaginales sí los alcanzan con penes grandes.

Pero también se caen algunos estereotipos en cuanto a la “obsesión” sexual masculina. En la Universidad Estatal de Ohio se mostró que los hombres piensan en sexo cada 50 minutos, y las mujeres cada 95 minutos… Como vemos, la diferencia no es tanta como suponíamos.

Por otra parte, que los pechos femeninos vuelven locos a los hombres no es un descubrimiento, pero las razones científicas más recientes han dado una explicación neurológica: el cerebro tiene arraigado el vínculo madre-hijo. Para cerrar este segmento, otro estudio curioso, publicado en New England Journal of Medicine, sugiere que (ad)mirar senos femeninos durante 10 minutos al día, proporciona los mismos beneficios que una sesión aeróbica de 30 minutos.

El escurridizo punto “G”

“No existe”, concluyó el urólogo Amichai Kilchevsky, de la Universidad de Yale, al dar a conocer, hace un año, los resultados de una revisión de 100 estudios sobre el tema y publicados en The Journal of Sexual Medicine.

La revisión exhaustiva, con estudios que se han hecho a lo largo de 60 años, dieron por perdida la localización de esa letra misteriosa del cuerpo femenino. Los científicos han probado todos los métodos y técnicas para encontrar evidencias de su existencia pero la “G” no aparece por ningún lado. Sin embargo, Kilchevsky advirtió que deja la puerta abierta a que otros científicos, en un futuro, pudiesen hallar esa zona erógena.

No todos se han dado por vencidos. Adam Ostrzenski, del Instituto de Ginecología de St. Petersburg, en Florida, asegura haberlo encontrado tras realizar una disección de la pared interior de la vagina de un cadáver de una mujer de 83 años. El punto G se hallaría entre el aparato genital y el urinario, formando un ángulo de 35 grados con la pared lateral de la uretra. Por supuesto, la controversia no carece de sentido para todas aquellas que han experimentado orgasmos gracias a este legendario punto.

La sexualidad, como se observa, es infinita en recovecos. ¿Valdrá la pena conocerlos todos?

Los gustos sexuales online

* A los hombres heterosexuales les gusta el porno de transexuales, las escenas con penes grandes y las fantasías en las que su mujer se acuesta con otros hombres.

* Los hombres prefieren a las mujeres con sobrepeso que a las muy delgadas.

* Las mujeres prefieren los relatos a las imágenes, aunque aquellas que prefieren las imágenes suelen tener más apetito sexual, son más agresivas socialmente y se sienten más cómodas asumiendo riesgos.

* Las mujeres disfrutan con la lectura de escenas en las que dos hombres de aspecto masculino tienen relaciones sexuales.

* Los hombres suelen buscar videos eróticos de mujeres entre los 50 y 60 años.

* Los hombres gay tienen intereses sexuales online casi idénticos a los de los hombres heterosexuales (interés por parejas mayores y con sobrepeso, fetichismo por pechos, nalgas, pies y penes, sexo anónimo y sin emociones).

* El cerebro masculino moldea sus intereses sexuales en la adolescencia y rara vez cambia, mientras que los intereses sexuales de las mujeres son dinámicos y cambian con frecuencia a lo largo de sus vidas.

Fuente: A Billion Wicked Thoughts, de Ogi Ogas y Sai Gaddam

Data Sex

– Un hombre eyacula aproximadamente 7,200 veces en su vida; de éstas, 2,000 serán por masturbación.

– Durante la eyaculación, el semen alcanza una velocidad de 45 kilómetros por hora (28 millas por hora).

– El hombre tiene un promedio de 11 erecciones durante el día y, durante la noche, unas nueve.

– El hombre puede lograr una erección en menos de 10 segundos.

– Los espermatozoides necesarios para duplicar la población mundial actual entrarían en la circunferencia de una aspirina. Los óvulos necesarios para duplicar la población mundial entrarían en el huevo de una gallina.

– Un orgasmo dura aproximadamente entre tres y 10 segundos, y las contracciones orgásmicas se dan en intervalos 0.8 segundos, en los hombres y en las mujeres.

– Durante el orgasmo, el corazón puede llegar a latir 140 veces por minuto.