Psicología

S1ngular brinda apoyo psicológico gratuito tras el sismo

Sabemos que una de las necesidades más urgentes tras un desastre es atender la salud emocional; por ello S1NGULAR se suma al gran apoyo que se está viviendo en las calles e instituciones para dar servicios gratuitos vía Skype y teléfono a todo aquel que busque ayuda psicológica tras el sismo que sacudió la Ciudad de México, Morelos y Puebla.

S1NGULAR cuenta con una amplia cartera de reconocidos expertos en psicología alrededor del país que están dispuestos a atenderte y orientarte. Para acceder a estos servicios puedes escribir vía Whatsapp o mensaje de texto solicitando tu consulta a nuestros siguientes especialistas:

 

Diana Lara

5514 734104

Ana Paula Cornejo

5528 553873

Daniela Wladislawoski

55 5509 7745

Maribel Becerril

55 2297 0796

Edgar Núñez

55 2260 9815

 

Y si lo prefieres, estos psicólogos estarán dando terapias grupales:

Alejandra Usabiaga

55 5401 1035

Leticia Uribe

55 5437 3443

Ana Solís

55 4499 3117

Maribel Zarco

55 1319 0383

Manuel Turrent

55 5501 9368

Opinión

Al país que vayas… Aprende mucho (y ayuda más)

Durante los viajes se disfruta de nuevas experiencias que llenan completamente nuestros sentidos, pues no sólo nos ayudan a descansar y salir de la rutina, sino que nos permiten desconectarnos de la vida diaria para conectar con nosotros mismos: con nuestras ideas, emociones y pensamientos. Al recorrer otros lugares, nuestro corazón y cerebro se llenan de nuevas imágenes y sensaciones, momentos que con el tiempo se convierten en recuerdos.

Para ser sincero, siempre que viajo intento conocer cosas relacionadas con mi profesión: desde qué tipo de enfermedades se presentan frecuentemente en cada zona, hasta qué cirugías plásticas son las más practicadas en ese país.

En Brasil por ejemplo, hay una cultura de la cirugía plástica diferente a la que tenemos en México: mientras aquí creemos que es algo que debemos esconder (pues es visto como un tabú), allá los pacientes son muy abiertos en comentar qué tipo de procedimientos estéticos se realizan, sin pena ni prejuicios. Incluso los comentan como parte de su estatus social, es algo de lo que hablan con naturalidad y en ocasiones para presumir.

«La sensación de ayudar a personas sin recursos y con la necesidad de una cirugía de este tipo es indescriptible».

Durante todos estos años de entrenamiento en Cirugía Plástica he tenido la suerte de participar en campañas de cirugía extramuros para atender a pacientes con labio y paladar hendido en el sureste del país (Chetumal, Cozumel), Estado de México y en la Cuidad de México, así como en cirugías de reconstrucción de mama en pacientes con antecedentes de cáncer en Piedras Negras. La sensación de ayudar a personas sin recursos y con la necesidad de una cirugía de este tipo es indescriptible.

Lo comento porque lo imaginemos o no, la cirugía plástica tiene un lado social y humano muy importante y del cual pocas veces se habla. Recordemos que como médicos, el fin último de nuestro trabajo es la salud y el bienestar del paciente. Este tipo de campañas, entre otras cosas, tienen el objetivo de integrarlos a la sociedad o una actividad física que por algún problema médico, estético o reconstructivo no pueden realizar.

Así, al formarme en esta disciplina quirúrgica, he observado en todos los países en los que he estado, que la prioridad siempre es el paciente, una preocupación que es común para todas las especialidades, en cualquier lugar del mundo. Hoy, más que nunca, los viajes son una buena oportunidad para aprender cosas nuevas y de paso, ayudar a los demás.

S1NGULAR

Sextorsión

En el 2015 una joven fue rescatada del suicidio en los baños de un establecimiento comercial en Guadalajara, gracias a una llamada al 091 y a maniobras por parte de la policía quienes practicaron RCP para recuperar las constantes vitales.

Este suceso se produjo debido al acoso que sufría la joven por parte de un hombre de 27 años quien exigía sexualmente a la menor, a cambio de no publicar fotos íntimas.

Este es uno de muchos casos de sextorsión en nuestro país, lo cuales tienen un pequeño margen de acción y castigo por la poca denuncia que se realiza.

Se trata de un delito sexual cada vez más frecuente y difícil de detectar. Los ciberacosadores conducen principalmente a niños y adolescentes a una angustiosa situación que puede acabar en tragedia. Los menores son un blanco fácil porque a edades tempranas, la falta de madurez hace que no tengan los recursos necesarios para hacer frente a sus acosadores. Experimentan vergüenza, pudor, miedo a que sus padres se enteren, convirtiéndose en víctimas “silenciosas” que harán lo posible por no denunciar. Se estima que los casos de sextorsión afectan especialmente a menores entre los 11 y 17 años, siendo la franja entre los 12 y los 14 la más vulnerable.

Hablamos de sextorsión para referirnos a un tipo de chantaje de carácter sexual cuyas víctimas habituales suelen ser los menores de edad. Lo que empieza con una inocente conversación o flirteo en un chat puede abrir las puertas a un pederasta o ciberacosador. El acosador contacta con sus víctimas en las redes sociales, chats y medios similares siguiendo una técnica llamada grooming.

Haciéndose pasar por alguien de su edad, se gana su confianza hasta conseguir que el menor se muestre en la webcam o le mande fotos o vídeos con un contenido cada vez más íntimo, una práctica que se denomina sexting. El siguiente paso es pedir al menor un encuentro en persona. Cuando la víctima intenta parar este peligroso “juego”, el acosador se desenmascara y amenaza con hacer públicas las imágenes íntimas obtenidas si el menor no sigue atendiendo sus exigencias.

Mariel Cuervo, vocera de la iniciativa “Para Un Internet Seguro” la cual busca combatir este tipo de delitos mediante un canal de comunicación e información amplio, afirma que “las víctimas de sextorsión se sienten atrapadas en un callejón sin salida. A lo largo del proceso de extorsión sexual, el menor sufre un torbellino de emociones combinadas”:

  • Sentimiento de culpa al haberse dejado engañar.
  • Vergüenza al satisfacer los retorcidos deseos del sextorsionador.
  • Humillación al perder completamente el control sobre su intimidad.
  • Ansiedad ante la incapacidad para escaparse de la situación.
  • Desesperación. No sabe a quién acudir y se distancia de los demás.

Es frecuente que la sextorsión desemboque en una depresión y en algunos casos llega incluso al suicidio. El caso de Amanda Todd fue un caso muy sonado a nivel mundial, donde una adolescente canadiense que se quitó la vida tras grabar un vídeo contando el infierno al que le sometió su acosador. Fue uno de pocos casos sonados y que causaron indignación a nivel internacional, sin embargo el número de suicidios inducidos por la sextorsión está en aumento.

Para Un Internet Seguro” trabaja tanto con jóvenes como con padres de familia para evitar y denunciar acosos de esta índole, y cuyo puente de comunicación se construye bajo la clave de la confianza, educación, control, protección y prevención. Elementos que deben tener presentes los padres de familia para identificar, prevenir y solucionar casos de abuso sexual por internet.

S1NGULAR

La homofobia duele

Es tarde, el calor comienza a llegar desde el cielo hasta el suelo, el cambio de estación es inminente. Juan entra al metro, por instinto camina al inicio del pasillo y toma el último vagón, que va lleno, observa a la gente de su alrededor, parejas que sienten la necesidad de tocarse y besarse todo el tiempo, y cuanto más, mejor. Todos en el mismo lugar, buscan la necesidad de sentirse dentro de una comunidad que les abrigue: la comunidad gay.

Ahora las cosas son distintas, algunas experiencias están en el pasado, pero aún se recuerdan.

Era la primera mitad de los años ochenta, la ciudad pronto se habría de destruir en sus cimientos y la apertura del gobierno era una fantasía totalitaria; la mentalidad se expandía cada vez más y la libertad sexual se percibía con la yema de los dedos en el cuerpo de otra persona.

Para Juan, las imágenes son desempolvadas cada vez con menos dolor. Ya puede recordar sin ansiedad, desesperación o depresión sus pasadas experiencias por agresión tras ser discriminado por su orientación sexual. Recuerda sus preferencias sexuales desde que tuvo edad para elegir, cuenta que lo expulsaron de la secundaria cuando aceptó que le gustaban los hombres (la escuela pensó que era un alumno peligroso y podía contagiar a los demás).

Es un ejemplo, sí, del cómo no agachar la mirada y encoger los hombros para defender lo que eres, lo que te gusta y cómo piensas. Sufrió dos atentados contra su vida por homofobia, en una ocasión trataron de acuchillarlo, “decían que gente como yo no merecía vivir”. La segunda vez que sintió desesperación extrema fue cuando estudiando en Hidalgo dos compañeros pasaron en un caballo con la idea de atarlo y arrastrarlo a trote. Agresiones, humillaciones e intentos de muerte, Juan me cuenta con voz grave que cuando preguntó por qué le hacían sufrir de esa manera, por qué le trataban así, sus agresores sólo contestaron: “Porque eres puto”.

Aceptar y luchar a favor de las diferencias sexuales es ya de por sí un logro; sin embargo, una batalla ganada más en el historial de Juan es su victoria frente al VIH. El mundo le cambió hace 30 años cuando supo que era VIH positivo (uno de los primeros cinco casos registrados en la ciudad). Era un tiempo en el que la información sobre este virus prácticamente no existía, las palabras eran nuevas, pero la amenaza al equilibrio de la vida era real. De sida no se moría nadie… o al menos eso se pensaba.

s21-s1ngular-heroes-int-tue

Juan hoy resiste al virus gracias a la disciplina de los medicamentos, pero cuando se le diagnosticó hace tres décadas los casos eran poco conocidos; adquirir los medicamentos era prácticamente imposible. Así que ideó un plan: visitaba Estados Unidos para acudir a los hospicios donde ya habían muerto algunas víctimas de sida, recogía los medicamentos que dejaban, las dietas y recetas. “La muerte de unos era la vida de otros”, confiesa.

Ahora Juan puede platicar que contrajo el VIH por un abuso sexual; después el agresor cayó en el hospital de la Raza y se realizó un cerco sanitario para identificar a quién había infectado, fue cuando salió el nombre de Juan y su domicilio. Así se enteró, así le quedó en ese momento la mente en blanco, sin pensamientos, los ojos bien abiertos, el mundo bien cerrado, como si de pronto la tierra se abriera para devorarlo por los siguientes años.

Es un ejemplo, sí, del cómo no agachar la mirada y encoger los hombros para defender lo que eres, lo que te gusta y cómo piensas.

Su vida se convirtió en un compás de espera donde el tiempo no caminaba. Su familia respondió con la negación, que es lo más fácil en una situación difícil, de igual manera los amigos y conocidos. Así que como muchos casos con este virus… él optó por el aislamiento. Ya no habría amigos, ni salidas, ya no habría parejas, ni cariño, ni sexo. El mundo era diferente, desierto y amargo.

Del miedo, del aislamiento, pero, sobre todo, de la necesidad de vivir, sublimó la desesperación en fuerza y decidió que tenía que ayudar a otras personas. Tras meses y años de trabajo con él mismo, ahora trabaja en una institución pública, preside la ONG “Identidad saludable” y es terapeuta.

Aunque la mayoría de las veces (o casi siempre) sea mejor no repasar el ayer y el dolor de lo que fue, en el caso de Juan es justamente su historia la que lo convirtió en el héroe que vive para contarla. Sabe que hay que regresar al pasado para cerrar ciclos, sabe que tener una pareja sentimental que acepte caminar contigo no te hace más ni menos; piensa en todo ello cuando el tren baja la velocidad, y se encamina a la puerta, para regresar a su rutina.

Hoy nadie ve que entre el sexo y la realidad haya un huracán de sentimientos. No importa la orientación sexual, tal vez todos, como Juan, sólo tengamos ganas de desempolvar lo que viejas batallas marcaron en nosotros para aceptar con orgullo las que sigan.

Ilustración de Luis Montiel