La vida del controvertido autor estuvo llena de contrastes y a la fecha se mantiene como un referente de la literatura japonesa.

Por Rubén Pintos

 

Pocos artistas despiertan sentimientos tan encontrados en la población japonesa como lo logra Kimitake Hiraoka, mejor conocido como Yukio Mishima. El autor, quien habría cumplido 93 años el pasado 14 de enero, se consolidó como una de las figuras literarias más importantes de su tiempo, a pesar de que en Japón su nombre aún divide opiniones.

La cinta biográfica en torno al escritor realizada por Paul Schrader en 1985 (Mishima: A Life in Four Chapters) a la fecha no ha sido exhibida en cines en su país natal, esto luego de que la viuda rechazara categóricamente involucrarse en un proyecto que exploraba episodios muy específicos de la vida de su esposo (lo referente a su homosexualidad).

Foto: Wikimedia Commons
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Mishima fue alguien obsesionado con encontrar una belleza absoluta en su obra, en su cuerpo y en su espíritu. El autor acuñó una ideología romántica en la que se exaltaba las virtudes del alma, la lealtad y el sacrificio. Mishima repudiaba la vida del Japón de la postguerra, del “salary man” convertido en esclavo de empresas, esclavo de su salario y de una forma de vida frívola y superficial, alejada del código de valores del Japón imperial. Esta nostalgia del escritor por el pasado feudal causaba estupor en otros compatriotas, más en una época (los 60) en la que predominaban los movimientos estudiantiles de izquierda, quienes acusaron al escritor de Confesiones de Una Máscara de tener ideas fascistas.

Foto: Wikipedia

Desde que el joven Mishima vio por primera vez la imagen de San Sebastián atravesado por afiladas flechas empezó a dar forma a su muy particular sistema de valores. Al formar su ejército privado con jóvenes hombres buscaba moldear el alma, mente y cuerpo de estos para que fueran instrumentos de batalla, más esta no era una batalla que se desarrollara en ningún terreno con trincheras. La batalla era en el día a día, en el arte y en la cultura de una sociedad en la que el escritor se sentía cada día más ajeno.

Su acto final en vida fue también su acto final como artista; fue una declaración de principios en donde la letra logró entrar con sangre. Su suicidio ritualista, luego de intentar tomar el control de una base militar, terminó exactamente como Mishima lo tenía planeado. Su muerte se convirtió en el acto definitivo de un hombre que buscaba sacrificarse en nombre de sus ideales. Esta muerte fue su obra definitiva, una que aún se estudia hasta nuestros días.

Video de una breve historia de la vida y muerte de Yukio Mishima