Primero el valor positivo que se agregó a la planeación familiar, luego los métodos anticonceptivos que se sumaron al control natal; el empoderamiento femenino que, como parte de sus argumentos, defiende el derecho de una mujer a optar por no ser madre y, ahora, el antinatalismo.

Por Nuria Ocaña

Desde un punto de vista sociológico, responder a si debemos o queremos ser padres, siempre ha sido un dilema que roza la ética, la religión, la economía y hasta la política. ¿Ser padres? ¿Bajo qué condiciones? ¿Qué número de hijos? Son preguntas que se entrecruzan cuando se piensa en esta posibilidad. De ahí que, como toda época con sus propios pensadores y teorías, hoy se dé la bienvenida al antinatalismo.

Su propuesta principal va más allá de tener un motivo personal para no querer reproducirse; se trata de asignar un sentido negativo al hecho de hacerlo, pues, al vivir en un mundo lleno de sufrimiento, explican, es injusto traer a otra persona, que no lo decidió por sí misma, a estas condiciones. A grandes rasgos, defiende la extinción de la raza humana.

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El responsable de esta teoría es David Benatar, profesor de filosofía en la Universidad de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y fue su libro Better Never to Have Been es el texto que dio pie a este movimiento

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En una entrevista para la BBC, Benatar menciona que al menos la mitad de los nuevos nacimientos ocurren sin ser planeados o pensados previamente.

“Es un error asumir que sólo porque reproducirnos es parte de nuestra naturaleza, es algo bueno.” 

“Sufrir enfermedades, por ejemplo, es algo completamente natural. Y no por ello se aconseja a la gente que deje de tratarse médicamente o de someterse a operaciones. La agresión es también una forma de expresión natural entre los humanos y otros animales, y no nos parece bien ceder ante ella o ante otro tipo de impulsos naturales. Lo que es natural y lo que es moral o éticamente deseable son cosas diferentes”, explica.

Incluso si se pensara en un ser humano que nazca bajo las mejores condiciones económicas y sociales, eventualmente, enfrentará momentos difíciles, se enfermará, sufrirá. “La gente olvida lo complicadas que son las cosas malas de la vida. Hay muchas evidencias psicológicas de que la gente sobrestima su calidad de vida y piensa que es mejor de lo que en realidad es. Es excesivamente optimista pensar que vamos a mejorar el mundo hasta eliminar el sufrimiento de él y poder tener hijos que no vayan a sentir el dolor que implica vivir”, explica Benatar.