El poder de la cerveza es enorme. Se autoinvita a las fiestas y pasa desapercibida como acompañante para luego hacer explotar los sentidos.

Por Nuria Ocaña

 

Foto: Cortesía Stella

La cerveza provoca carcajadas, hace que las personas se contoneen al ritmo de la música, ayuda a crear lazos “fraternales” y, sin dudarlo, genera experiencias que trascienden el tiempo. Pero Stella es diferente. Stella Artois es más.

Su inconfundible color oro la ha posicionado como una de las cervezas más emblemáticas y exclusivas del mundo.

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Su historia, como su espesor, su olor y su botella, es única. Nace en 1366 en República Checa y es hasta 1717 que Sebastián Artois retoma la receta original de Den Hoorn, compra su cervecería y lanza una edición especial de Navidad a la que llama con su nombre actual: Stella por la estrella de Navidad y Artois, por su apellido. Esta edición se convierte en una sorpresa para todo el mundo y es motivo de celebración y de #FollowYourStella. Se trata de un happening que durante tres días reunió a las personalidades que están marcando una diferencia en el mundo actual.

Polanco fue el punto de encuentro. Ceviche de pulpo con cítricos y albahaca, y pesca del día en salmuera de estragón, naranja y curry; el sello gastronómico de Oscar Portal Higuet (Estudio Millesime) y de Vicente Torres (Garum); el brindis del artista plástico Jorge Tellaeche y de la ilustradora Giselle Lozano. Todo maridado con Stella Artois. Y es que, sus más de 650 años le han dado a este brebaje la destreza para relacionarse con la música, el arte, la moda y por supuesto, la comida.

Foto: Jorge Tellaeche, cortesía Stella

En cada velada, Artois se muestra clásica, como su tradición, pero la frescura que acarrea en cada sorbo le deja ganar también la seducción de un público joven. La sofisticación es su constante, el origen de la experiencia Stella. #FollowYourStella