Desde hace varios años, específicamente a partir de la década de los ochenta, el ritmo y las acrobacias alrededor de un tubo dejaron de ser sinónimo únicamente de erotismo y se convirtieron en una de las opciones más completas de entrenamiento para el género femenino. Pero, ¿por?

Por Nuria Ocaña

 

Foto: Cortesía Google

Lo que más resulta tentador es que una sesión de pole dance, de aproximadamente una hora y media, puede hacerte perder entre 400 y 800 calorías. Esto, además de que los instructores y quienes han experimentado ya los beneficios, aseguran que las partes del cuerpo que más “trabajas” son abdomen, brazos, piernas y espalda.

Y es que dominar el peso de tu propio cuerpo, mientras realizas una coreografía que implica movimientos aeróbicos (cuasi imposibles) como giros y saltos, hace que obtengas los efectos de una disciplina aeróbica, como quema de grasa, y al mismo tiempo los de una rutina de tonificación.

Publicidad

Lo recomendable es tomar dos sesiones por semana para ver un progreso real en tu rendimiento (aumento de tu capacidad cardiaca y pulmonar), flexibilidad y fuerza. Tu date te lo agradecerá.

Esto sin mencionar que, al no necesitar experiencia previa ni límite de edad, su práctica se vuelve accesible para casi todas las mujeres. La única limitante es presentar alguna lesión o condición de riesgo en la columna vertebral, fuera de eso: good to go!

Tal ha sido el auge de este entrenamiento que, a nivel mundial, existe ya la IPSF (International Pole Sport Federation) y la WPDF (World Pole Dance Federation), las cuales además de regular competencias en diferentes países, han propuesto al Comité Olímpico integrar esta disciplina dentro de las olimpiadas. En México, puedes acercarte a la Federación Mexicana de Pole Sports.

Así que si lo tuyo lo tuyo es el tubo, podrías ser la próxima estrella olímpica.