Opinión / S1NGULAR

Soltería: to be or not to be

A los solteros se nos juzga siempre: si la pasamos mal, si nos divertimos, si salimos con alguien, si estamos solos, si estamos con varios… Y si no llegamos el domingo al café, nos juzgan también.

Generalmente quienes más nos juzgan son las personas casadas, y con más ahínco los que están “bien casaditos”. No tengo nada contra ellos, estuve casada por 26 años, y di el salto a la soltería tras años de querer encontrar (sin éxito) la “piedra filosofal” de mi matrimonio.

«Di el salto a la soltería tras años de querer encontrar (sin éxito) la “piedra filosofal” de mi matrimonio».

Y, desde que me divorcié, “¡ah, cómo le ha dado vuelo a la hilacha!”, decían los de mi entorno: compadeciéndome, exhortándome, envidiándome, instruyéndome y criticándome, porque el estatus de emparejado se privilegia, de preferencia si es matrimonial (y ante juez y curita mejor), en tanto que “las ovejas descarriadas” están en la mira de todos los que se transitan gozosos por el “sendero del amor”. Pero ¿quién les dijo a los casados, y “al público en general” que la soltería es tan amarga?
Por eso, yo de la manita de Bella DePaulo (profesora de Psicología en la Universidad de California, Investigadora Social de Harvard, y soltera de hueso colorado), hago notar, cada vez que puedo, los mitos que rondan a los solteros: esas creencias extendidas sobre nosotros y que poco tienen que ver con nuestros sueños, nuestras vivencias y nuestra forma de sentir y pensar.

Los solteros ni estamos urgidos de emparejarnos, ni vivimos el día a día tan mal como lo creen.

Para abrir boca, señalo la creencia de que los casados saben más de nosotros mismos, y bajo esa premisa suponen que nos sentimos fracasados y solos y, por tanto, que nuestra vida gira en torno a un único y principal interés que es ¡conseguir pareja! Auxilio, la vida de pareja puede ser muy agradable, pero los solteros ni estamos urgidos de emparejarnos, ni vivimos el día a día tan mal como lo creen. Así, otro mito es pensar que la vida en soltería es trágica y miserable. ¿No es esto una terrible suposición?

No digamos del estereotipo del soltero como una persona infantil e inmadura, que sólo piensa en sí misma, egoísta, por lo que su tiempo, sus intereses, sus actividades tienen poco valor: como si ser s1ngular fuera pura falta de compromiso y total diversión. Y ¡ni qué decir de los mitos de los hijos de padres y madres solteras!: criaturas condenadas a vivir en un hogar “disfuncional” y tener más problemas que los niños que viven en una familia “normal”.

Antaño, sexo, familia, madurez y autonomía se conjuntaban dentro de la institución matrimonial; pero, desligados estos componentes, se abren múltiples estilos de vida. La libertad de diseñar vidas s1ngulares es privilegio particular de los solteros, la tenemos muchos, al alcance de nuestra mano, hoy, aquí.