Sexualidad

Sólo quiero sexo contigo

Si las mujeres tuvieran, aunque sea por un minuto, la perspectiva de los hombres, se darían cuenta de esta sencilla verdad: es imposible confesar nuestras verdaderas intenciones.

Lo que escuchamos decir a muchas mujeres solteras (que, como muchos solteros, están en busca de amor y aventuras) es: “¿por qué si lo que quieren es sólo sexo, no te lo dicen abiertamente?” “¿Por qué no tienen los pantalones para hablar con claridad?” “¿Por qué se esconden tras una máscara de amistad y de romance cuando van a desaparecer después de la primera noche de sexo?”.

Eso lo dicen cuando se juntan a tomar café, entre un mar de risas, platicas escandalosas, chismes largos y tendidos y carrillas hacia los hombres pronunciando al unísono las palabras mágicas de la solidaridad mujeril: “¡son unos maricones!”, por no decir la palabra con “Pu…”.
Esa frase (“son unos maricones”) significa que los hombres no tienen los pantalones para hablar claramente y decir: yo sólo quiero sexo contigo.

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“Así de simple”, declaran ellas, con rostro de asombro y de “oooobvio, no?” “¿Por qué no te lo dicen tal cual, y ya una sabrá lo que hace?”. “Yo estaría dispuesta a acostarme con todos los que me hablen claramente, si es que me gustan, pero eso de que te estén engañando, ¡es imperdonable!”.

¿A quién se le ocurre?

Pero esas frases atrevidas y supuestamente “sinceras” están bien para las pláticas de café. La realidad es muy distinta. Si un hombre le dice a una mujer que lo que él está buscando en esta etapa de su vida (o en todas las etapas) es tener compañeras sexuales, y que no busca un compromiso, y le dijera a las claras: “eres muy hermosa, me gustaría tener una experiencia sexual contigo”, esa declaración lo condenaría al fracaso instantáneo. Caería de inmediato al círculo más profundo del infierno.

«Si él dijera las cosas abiertamente… todo se caería por la borda. Todo se derrumbaría dentro de ese pobre representante del género masculino que cometió el peor pecado de todos: el de la franqueza».

Ella se sentiría “usada”, por mucho que hubiera dicho en el pasado que ella quisiera precisamente eso: que le hablen claramente. Por muy abierta que se presuma ante sus amigas de ser “muy libre” en lo sexual, por muy igualitaria que sea en sus pláticas sobre género, por mucho que fanfarronee de “no tener tabúes”, o que diga que “ella puede utilizar a los hombres tanto como éstos utilizan a las mujeres”, por mucho que sea una persona que crea que entregarse a la energía sexual no es cosa de que ellos las exploten a ellas perversamente, sino de que dos adultos se pongan de acuerdo para divertirse.

Si él dijera las cosas abiertamente… todo se caería por la borda. Todo se derrumbaría dentro de ese pobre representante del género masculino que cometió el peor pecado de todos: el de la franqueza.

Pero, ¿por qué se atrevió a hablar claro? Tal vez haya escuchado infinidad de veces a sus amigas decir, llenándose la boca de espíritu progresista: “a mí, si me hablan al chile, le entro”. A lo mejor escuchó demasiadas veces eso de: “lo que me choca es que me mientan, que te seduzcan y luego que obtienen lo que desean, se desaparezcan”.  Sí, quizá por haber oído esa frase tantas veces, se haya envalentonado y finalmente se haya decidido a decir ese: sólo quiero sexo, nada de compromiso, ¿te animas? Pero el resultado será, inevitablemente, la condena al mismísimo infierno.

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No es cierto eso de que se puede hablar de sexo con las mujeres así como si nada. Sí es posible hablar de sexo, pero del sexo de otros. Incluso del propio, si ya existe más intimidad y confianza, pero nunca decir: sólo quiero sexo contigo esta noche, nada más. Eso es imposible. Indescriptible. Suicida. Lo que todo hombre sabe, o intuye, es que se tiene que seducir a esa mujer que le gusta, para poder tener una noche apasionada con ella. Debe vencer todas sus resistencias, porque ella siempre las tendrá… ¡aunque en el fondo lo que ella quiera esa noche sea sexo y nada más!

«No es cierto eso de que se puede hablar de sexo con las mujeres así como si nada».

La naturaleza de la mujer es resistirse ante los ataques frívolos y sexosos de los hombres. La naturaleza de ellos es atacar, asediar sus murallas. Pero no con palabras explícitas, que si lo pensamos dos veces, en realidad resultan, ciertamente, vulgares. Por eso, los hombres deben de “engañar”.

El “engaño”

Pero, ¿de qué se trata este supuesto engaño? ¿Es tal? ¿No es más bien un juego de seducción? ¿Un inevitable y asumido juego en el que una de las partes quiere mostrarse indiferente a la par que verifica que el otro siga con mayor ímpetu el cortejo?

A la mayoría de las mujeres les gusta hacerse las difíciles, para que cuando llegue el momento del convencimiento, el sexo sea realmente fascinante. Es parte del jugueteo sexual, ellas esconden su deseo y ellos atacan. 

La conclusión es que la seducción es un juego, que deberíamos todos tener conciencia de ello y dejarnos jugar, llegar hasta donde queramos con quienes queramos, y no seguir repitiendo aquello de: “a mí que me hablen claramente”. Eso no existe. Aunque no estaría nada más que se pudiera confesar abiertamente… Sólo quiero sexo contigo.

  • sofiga sanchez

    Tu artículo me parece que responde a tus propias creencias arraigadas y no a un análisis crítico o estudio científico que respalde lo que indicas, solo es tu opinión y me parece peligrosa que la publiques en un post, por carecer de ningún respaldo documental más que tus propios prejuicios y así convencer a más personas de tus vacuidades. Saludos

    • Armando Palafox Martínez

      Quiero sexo contigo

  • Rosa Isela Maldonado

    No creo, me parece que hoy las mujeres pensamos diferente, quizá es que los hombres no y por eso siguen hablando igual, no lo se, habemos toda clase de personas con toda clase de prioridades y objetivos en la vida.

  • Alejandra Enriquez

    Pienso que las mujeres estamos más abiertas a aceptar o no si quieres sexo , es mejor como mujer saber en donde estás parada , si hay engaño hay decepción, si sabes que él solo quiere sexo las mujeres estaremos claras que mañana puede desaparecer y ya no hay mayor dificultad. Disfrutado el cortejo claro pero siendo sinceros y saber que juego estas jugando mejor .

  • GaLi

    Quizá no me crean pero yo lo acepté, acepte que alguien me dijera “no quiero un compromiso, quiero que la pasemos bien y ya”. Siguió sucediendo y bueno, ahora es mi novio :3