Sexualidad

¿Sientes celos? Es tu problema

Sonia y Andrés son una pareja que hace tres años podía presumir estabilidad emocional y éxito social y profesional. Se encontraban en su mejor momento: no tenían problemas económicos y estaban muy contentos con su trabajo, su vida, sus amigos. Su relación amorosa y sexual era lo más cercano al ideal que se pudiera pedir… salvo el pequeño detalle de la cotidianidad y la monotonía que ya habían tocado a su puerta. No es que estuviera mal, pero empezaban a aburrirse.

Decidieron entonces hacer un experimento: acordaron fidelidad, pero no exclusividad sexual. Se dieron el permiso de tener otras parejas sexuales, pero sin involucrarse emocionalmente. Y establecieron reglas: quedó prohibido buscar a alguien de la familia, dejarse ver socialmente con el susodicho y, mucho menos, presentárselo al otro. También prohibieron contarse cosas. No veo, no me entero, no siento. Además, acordaron estar disponibles siempre que lo requirieran; ellos mismos eran prioridad.

El acuerdo funcionó bien al principio, cuando cada uno se encontraba ocupado, emocionado e ilusionado con la libertad sexual que se dieron. El problema inició al momento en que cada quien empezó a notar las llamadas del otro y los mensajes que recibía. De pronto, él se encontró solo en su casa y se preguntó dónde y con quién estaría su pareja. Empezaron a sentir, cada uno por su lado, que se estaban perdiendo de algo. Y comenzaron a sospechar: que si el acuerdo no se estaba cumpliendo como habían quedado; que si él ya no le hacía el mismo caso a ella y viceversa; que si se anteponía la relación sexual alterna a la relación de pareja. Y los celos, que nunca antes habían sentido, empezaron a dominar.

«Comenzaron a sospechar: que si el acuerdo no se estaba cumpliendo como habían quedado; que si él ya no le hacía el mismo caso a ella y viceversa»

El temor por la posibilidad de perder a la pareja y la humillación de ser comparado con la otra persona se tradujo en vigilancia mutua, derivó en discusiones e incluso rayó en la violencia. El punto álgido fue alcanzado cuando una de las partes reconoció que estaba a un minuto de enamorarse de su pareja sexual. Decidieron entonces detener el experimento y acudir a terapia.

Junge Frau

Hoy, tres años después, Sonia y Andrés presumen el hecho de haber logrado manejar sus celos y de llegar a sus 12 años como pareja.

Aprendieron que, aun cuando no hubo traición, su deseo de permanecer juntos y su sentido de posesión volvió imposible el acuerdo de libertad sexual. Así que decidieron explorar otras formas de revitalizar su relación sin ponerse en riesgo, con la esperanza de que les funcione el tiempo que sea posible.

Amenaza y culpa

Pero no todos pueden contar la misma historia de éxito y menos en esta época en la cual entre un 80 y un 90% de las relaciones padecen celos en distintos grados. Esta desquiciante emoción es la principal causa de ruptura en una relación, de acuerdo con la investigación realizada por Juan Luis Álvarez-Gayou, maestro en Psiquiatría Social, y Paulina Millán, psicóloga y maestra en Sexología Educativa (Te celo porque te quiero, editorial Grijalbo).

«El amor idealizado es el principal responsable de los celos y de la violencia en las relaciones eróticas»

“El amor romántico es el problema”, considera la psicóloga y terapeuta de pareja, Tere Díaz, tras hacer una profunda respiración: “El amor idealizado es el principal responsable de los celos y de la violencia en las relaciones eróticas. Porque situarse en el mundo ideal, sin contradicciones, nos hace olvidar que todo amor está hecho de incertidumbre y de riesgo, y que desconocemos el final. Nadie puede serlo todo para una persona siempre”.

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Para Álvarez-Gayou, el problema se centra en la idea de que la pareja es propiedad de uno. Y en esa lógica, los celos aparecen cuando decidimos impedir que alguien más llegue y se lleve lo que es nuestro. Es ese sentido de propiedad lo que nos afecta.

“Sentimos celos cuando percibimos una amenaza al vínculo con nuestra pareja. De manera general, nuestra cultura valora la exclusividad emocional y sexual. Formamos parejas y matrimonios que aspiran a ser duraderos y monógamos, es decir, no esperamos compartir a nuestra pareja ni deseamos que ésta forme vínculos eróticos o afectivos con otros. Para muchos de nosotros, entonces, un coqueteo o una cita amorosa de nuestra pareja con otra persona puede constituir una amenaza” ( Te celo porque te quiero, pág. 15).

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