Sexualidad

Sexo y discapacidad, ese tabú

María Hernández* habla sin tapujos sobre su vida sexual, que inició a los 17 años, cuando descubrió el sexo oral junto con un compañero de escuela. Universitaria, usuaria activa de las apps de citas, asistente regular a bares y antros hasta hace un tiempo, afirma que, con 24 años, aún necesita trabajar en ser más libre sexualmente, en definir mejor lo que le gusta. Morena, sonriente, con el cabello a los hombros y el rostro enmarcado por los lentes, cuenta que ahora sabe que puede salir con cualquier hombre, que nada la limita, y eventualmente encontrará a alguien para tener una relación formal; en tanto, seguirá con las citas casuales y divirtiéndose.

También dice que apenas recuerda el accidente que le causó una lesión medular cuando era una niña, la cual la dejó sin movimiento ni sensación debajo del ombligo. Su historia nos recuerda algo que negamos u olvidamos con frecuencia: a la gente con discapacidad le gusta ser tocada, lamida, acariciada, penetrar o ser penetrada, y tiene posibilidades y derecho de llevar una vida sexual activa y satisfactoria como cualquier persona.

s32-sexualidad-disc-int

Irene Torices Rodarte, directora general del Grupo Educativo Interdisciplinario en Sexualidad Humana y Atención a la Discapacidad (GEISHAD), declara que siempre hay resistencia por parte del círculo familiar para que las personas con discapacidad establezcan relaciones afectivas o sexuales, especialmente quienes viven con discapacidad intelectual; asimismo, las familias solicitan asistencia porque no tienen suficiente información o no saben abordar el tema. Los casos que atienden con mayor frecuencia involucran el abuso sexual, conductas disruptivas (masturbación en público, contacto inapropiado con personas mayores o menores), anorgasmia, disfunción eréctil, así como asesoría sobre los cambios físicos en la pubertad, para iniciar una relación de pareja o comenzar la vida sexual.

«Es cómodo para las familias y para la sociedad que no se aborde el tema».

Por su parte, María asegura que conseguir información no es difícil, incluso en su escuela hubo datos básicos, pero no se enfocaban a personas con discapacidad. Fue hasta que acudió a Grupo Altía que le hablaron de anticoncepción, “fue casi a escondidas de mi mamá”, recuerda. También menciona que en el Instituto Nacional de Rehabilitación ya hay pláticas de sexualidad enfocadas a personas con lesión medular y agrega que la sobreprotección es un problema grande.

Torices Rodarte considera que la escasez de información es más por conveniencia que por desconocimiento: “Es cómodo para las familias y para la sociedad que no se aborde el tema, pues no hacerlo representa un menor compromiso para educarlos en sexualidad, pero nadie gana con la falta de educación; ganaríamos si hubiera una educación formal de la sexualidad para personas con o sin discapacidad”, y enfatiza que programas como la Estrategia Nacional de Prevención del Embarazo en Adolescentes no incluyen la discapacidad, lo que invisibiliza que este sector de la población también ejerce su sexualidad y puede tener comportamientos sexuales sin responsabilidad (no protegerse, embarazos no deseados); tampoco hay prevención óptima del abuso, “cuando la educación sexual falta, todo el mundo pierde”, subraya.

s32-sexualidad-disc-int2

Accesibilidad no es sinónimo de inclusión, sólo es una parte de ella. Colocar rampas, hacer adecuaciones a viviendas y edificios públicos, incluir el sistema Braille, proporcionar ofertas educativas, de empleo, etc., todo ello es un avance; sin embargo, aspectos fundamentales como el afectivo y el sexual continúan relegados, pues una creencia habitual es que las personas con discapacidad no requieren una vida autónoma, ni conexiones sociales como pareja o amistades.

“No sé si sea de forma consciente o no, pero muchos nos perciben como asexuados”, explica María, “la gente te ve y cree que porque no te funciona algo, no piensas en ello; todos tenemos deseos y necesidades”. De igual forma comenta que a sus padres les cuesta trabajo entender que habrá alguien que se enamorará de ella y que tendrán una relación.

“No sé si sea de forma consciente o no, pero muchos nos perciben como asexuados”

Irene Torices indica que uno de los temores es que inicien la actividad sexual antes de lo que le gustaría a las familias, “pero igual va a suceder y tendrán menos información”. Otro temor es que la descendencia herede su condición; por ello, GEISHAD asesora en cuestiones genéticas para que comprendan si el tipo de discapacidad que tienen puede heredarse o no, y también dan asesoría para recurrir a la inseminación artificial o a la adopción.

s32-sexualidad-disc-int1

María quiere seguir experimentando. Familiarizada con la masturbación, quiere usar juguetes, y opina que las personas con discapacidad deben hacerse más visibles ellas mismas, “debemos romper límites, necesitamos mayor apertura laboral, mental, sexual”, concluye.

Lo más importante es tener en cuenta que las personas con discapacidad deben tomar decisiones con respecto a si desean o no vivir su sexualidad y cómo quieren hacerlo. Cambiar la idea que tenemos del tema nos ayuda a cambiar nuestra visión tradicional del sexo y mejora nuestra tolerancia y la convivencia. Muchos de nosotros no imaginamos una vida sin amor, sin placer, ¿por qué una persona con discapacidad tendría que hacerlo?.

GEISHAD A.C.
(55) 1114 0540 y 6595 1531
geishad@geishad.org.mx
Av. Ferrocarril Hidalgo 1337. Torre Magnolia 103, Col. Tablas de San Agustín. Ciudad de México, 07860

*El nombre ha sido cambiado para proteger la identidad de la entrevistada.

×