Sí, duele y mucho. De repente te encuentras “solo” llorando de noche y de día y para tu fortuna (aunque ahorita pienses lo contrario) nadie muere de amor.

Por MB

Ese hueco que sientes en el pecho o en el estómago, que hace que te des unos atracones de helado o que por el contrario, sólo vivas de los tecitos de manzanilla que te prepara tu mamá -porque dicho sea de paso, ella sabe que no vas a morir de amor, pero es bueno que te dejes apapachar-. Ese hueco, decía, un día ya no lo vas a sentir.

No te darás cuenta y realmente no sabrás qué carajos hiciste para no sentirlo más. Así, de la forma que llegó se irá y entonces sabrás que no moriste de amor.

Fumar, no dormir, no comer y (bendito sea Dios) perder 10 kilos en dos meses, fue mi muerte de amor. Hoy puedo escribirte a ti, a quien me lea, con el único afán de confesar que como tú, yo también pensé que moría de amor o mejor dicho que sería mejor morir que sentirme de esa forma.

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Venía de una relación de más de una década; todo lo que hasta ese momento hacía y poseía tenía mucho que ver con él. Incluso mi mascota (único vínculo amoroso y fiel) fue una decisión en equipo.

Salí, me inventé clases de todo y a todas horas; trabajaba hasta los domingos y, entre semana, al amanecer ya estaba frente a mi computadora.

Hoy me di cuenta de que no sólo no morí, sino de que me llevé al límite. Mi cuerpo que no dormía y no comía lo suficiente, soportó. Ya no te hablo del corazón, sino de mi estómago, mi sangre, mi cabeza, toda yo… lo soporté.

Foto: Shutterstock

Aún no se cumple un año de mi pérdida, año en el que mi duelo consistió en cosas de lo más “cuerdas”, como las clases de yoga y terapia, hasta las “menos sanas” como empinarme botellas de vino o salir a aferrarme a la espalda de algún extraño.

En casi once meses, salí de vacaciones sola, dormí en una cama sólo para mí, re-conocí a mis amigos, sonreí a extraños en la calle (por cierto hazlo y sonríe mucho, te sorprenderá el resultado) y poco a poco regresé a mi centro.

No miento, busqué y sigo buscando a alguien que pueda llenar los huecos que aún quedan. Sonará raro, pero mientras lo hago, tengo presente que sólo yo puedo llenarme. Las personas que han ocupado temporalmente ese espacio han sido hombres totalmente diferentes entre ellos, y con toda la carga de energía que llevan de mí sin saberlo, han arreglado pequeñas cosas. Pero nada como lo que yo sola reparé en muchas noches de insomnio y días sin comer.

Un día sabré perfectamente que no morí de amor, no porque sea imposible que alguien muera por este motivo, sino porque no puedes morir de algo que nunca deja de existir en ti.