“El amor duele”, según los que saben de eso. Aunque yo me he dado cuenta de que mientras más madrazos se da uno, más se disfruta cada vez tanto del otro como de uno mismo.

Por Shantale Carrera

 

Foto: Shutterstock

Volver a sentir todo aquello que implica el estar enamorado es un regalo –dudo que divino– que te das libremente y por decisión cada vez que te permites intimar con otro ser humano y te dejas ir.

A mí me encantan los regalos y en este caso no es la excepción. ¡A morir en el intento!, digo yo. Siempre valdrá la pena volverlo a intentar y permitir que alguien llegue a mi vida, que avasalle y tome lo más valioso que poseo, mis sentimientos.

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Nunca antes había considerado que las relaciones amorosas son como armar un rompecabezas (puzzle puse en el título porque me gusta la palabra en inglés), hasta hoy que la escuché, quedito, a pocos centímetros de distancia. Y lleva horas dándome vueltas en la cabeza.

Cuando te encuentras compartiendo con una pareja vas poniendo las orillas, agrupas las piezas por colores o por formas quizás; hay veces que parece que embonan bien y sigues aunque intuitivamente notas que por ahí alguna entró forzada, pero justificabas con que era del mismo color que la pieza correcta, solo que no era.

A quienes nos gusta armar y los que lo hemos hecho varias veces, sabemos que hay momentos clave, en los que decides seguir e incluso visualizas el cuadro terminado y, otros muchos en los que o abandonas la misión o dejas con cierta indiferencia que el otro la complete por ti.

Entonces te das cuenta que hay ocasiones en las que merece la pena guardar todo en la caja de nuevo, revolver las piezas por más que duela dejar ir tanto trabajo con tal de comenzar de nuevo con los ojos más frescos y lo más importante: con otra persona. Si bien no es posible iniciar de cero por todo lo aprendido, sí que el mismo juego puede lucir muy distinto.

Para lograr la nueva misión –que llegó a parecer imposible– resulta útil cambiar de área, elegir esta vez una mesa más firme y una habitación con mejor iluminación. Incluso armarlo en equipo porque otros ojos aportan una perspectiva distinta.

Tal y como hoy visualicé el construir una relación como armar un puzzle, también considero que el tamaño del mismo no es determinante para lograr el objetivo. De lo que se trata es de no abandonar, de sentarte todos los días a colocar piezas al cuadro, de compartir la tarea con alguien a quien también le entusiasme verlo terminado y que en aquellos momentos en los que parece que nada encaja, logren dejarlo reposar para volverlo a intentar más tarde.

Solo así es como se irá completando el dibujo. La motivación aparente es verlo terminado, incluso enmarcado y colgado, pero el proceso de construcción es de lo que realmente se trata el amor.