Hay veces que una mirada dice más que mil palabras, me consta.

Por Shantale Carrera

 

Foto: Shutterstock

 

Hay otras que las palabras son necesarias porque es nuestro único recurso cuando nos separa el mar.

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Pero hay un escenario más terrenal, en el que puedo besar con todas mis fuerzas a aquel a quien por tanto tiempo he deseado. Besarlo bien, sin remordimientos, sin prisas ni complejos. No importando si para llegar a su boca me pongo de puntillas; sin ninguna garantía de que volverá a ocurrir.

Lo mágico de esto es que por un momento esos dos seres que hasta antes de ese beso no eran más que un par de extraños, se entregan y se llevan mutuamente a otro sitio. Ese lugar al que puedes volver cada vez que lo desees, el recuerdo.

Hoy tengo eso, una imagen de un beso dado con ganas, con la boca y con los ojos; también con las manos y en un descuido, con el corazón.