Hay muchas maneras de sabrosear, una de ellas es mirar.

Por La mojigata*

Foto: Shutterstock

En la pared del gym vi un letrero que decía “Se vigilan con video todas las áreas las 24 horas”. ¡Fuck! Ya ven que con un poco de imaginación no se necesita demasiado para que en la cabeza comiencen a tejerse historias. En especial cuando te encuentras en un periodo de ley seca auto impuesto, como es mi caso, en el que ya empiezo a notar la falta de sexo (espero ser yo la única que lo nota). En fin, les decía que me quedé pensando en el circuito cerrado que hay en tantos y tantos sitios, incluso en los que nos sentimos relajados y ni por asomo se nos cruza la idea de que nos vigilan.

Me pregunto la cantidad de escenas sexuales espontáneas que habrá grabadas, horas y horas de video (de mala calidad, pero ¿qué más da?) que algunas personas miran ya sea por cuidar la seguridad o por uso lúdico; o quizá nadie las vea y quedarán sin ser vistas como una carta que no llega a ser leída porque el destinatario se mudó sin avisar.

Me parece que sin importar el motivo del monitoreo, el resultado es el mismo. El espectador mira cualquier cantidad de actos, desde aburridos e inverosímiles, hasta osados y perversos; lo mismo le sirve para tomar ideas e innovar cuando se le presente la oportunidad.

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Pienso, por ejemplo, que lo que ocurre en los elevadores y en los antros debe ser jugoso, ¿Cuántos no se habrán aventurado aunque fuera unos segundos a darse sexo oral con la adrenalina como recurso de valentía? Claro que también habrá videos de parejas insurrectas que literalmente logran hacerse una sola pieza en un lugar público con toda agilidad y desfachatez.

Después de imaginar todo aquello, fantaseé con cambiar de oficio y convertirme en vigilante. Claro que enseguida me dije: “¡Qué pendejadas pienso!, mejor me voy de fiesta y abro bien los ojos; o si no estoy de humor para salir de casa, con que compre unos binoculares“.

(Recuperado de Toc, toc, ¿quién se toca?)