Opinión

Selfie: “sonría a su eguito”

Creo que fue en el concierto de Radiohead (marzo de 2009), cuando vi (seguro usted lo presenció mucho antes, pero yo no lo había notado hasta entonces) el fenómeno masivo de las selfies.

Luego de la magistral (e incomprendida) presentación de Kraftwerk, y de una espera soporífera para que salieran los “divos de Oxfordshire” (sic), lo que más me impresionó no fueron sus mamadores fans con sus “comentarios elevados”, ni que la mayoría de la gente no atendiera al concierto (la nula interacción de Thom Yorke con el público no merecía menos), sino que de inmediato, como si se tratara de un proceso autómata, muchos (por lo menos en las gradas) empezaron a tomarse selfies y a llamar a otros por teléfono. Llegó un momento en que se oían más los gritos de la gente que pretendía “hablar” que la música en sí.

«Contracción de “self-portait”, el concepto de “selfie” fue nombrado “la palabra del año” en 2013 por el Diccionario Oxford»

Ahora nos parece “normal” que la mayoría, ante cualquier evento (llámese marcha, concierto, palenque, alerta sísmica, etcétera) o entorno (museo, funeral, accidente vial, lo-que-se-le-ocurra), saque su teléfono móvil, enfoque bien su pose (pues muchos ya tienen más que ensayada la jeta-ángulo-mirada con que salen “menos peor”) y haga varios clics que, en la menor oportunidad, irán a parar a las redes sociales.

Contracción de “self-portait”, el concepto de “selfie” fue nombrado “la palabra del año” en 2013 por el Diccionario Oxford pero, más allá de sólo incluir un término, también repararon en una práctica social que refleja mucho de nuestra reciente afición (¿o adicción?) a la tecnología portátil.

La selfie no sólo transmite el mensaje de “Miren:

  • cómo me veo”
  • con quiénes (o en dónde) estoy”
  • qué estoy comiendo (o a quién me voy a ‘comer’)”

«Es irónico que, en la Era de la privatización, se haya expropiado la intimidad» —José Emilio Pacheco

Si no que, como la mayoría de nuestras prácticas de consumo, es algo aspiracional. Una selfie, sin hacerlo evidente, también anuncia:

  • así quiero (o yo mismo quisiera) que me vean
  • en estos lugares (o con estas personas) quiero que me relacionen
  • con estos objetos (o prácticas) espero estar vinculado siempre

Más allá del narcisismo, la selfie es una búsqueda de autoafirmación (que también busca ser identidad), aunque sea momentánea o diste de la realidad: es una necesidad de reinventar la propia imagen pues, en este mundo de consumo, tal parece que uno mismo se ha convertido un objeto más de “deseo” (o que “debería ser deseable”), para quienes se topen con “nuestra marca”.

Tampoco la censuro ni caeré en la obviedad de señalar a la selfie como “una muestra de nuestro vacío interior” (sic), pero bien me hace recordar a mi querido (y ausente) José Emilio Pacheco, cuando afirmaba: “Es irónico que, en la Era de la privatización, se haya expropiado la intimidad”.

×