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Sé un papá feminista

Es innegable la importancia de ambos padres para el desarrollo de los hijos, sin embargo la inclusión de los hombres en las labores domésticas y de crianza sigue siendo bastante desigual.

A pesar de que la cantidad de papás involucrados en el cuidado diario de los niños va en aumento, menos del 7 % reduce sus jornadas laborales o dedica un tiempo adicional para hacerlo.

Ahora se sabe que ambos pueden y deben aportar en partes iguales al desarrollo de los más pequeños, y que incluso éste un factor determinante para darles una formación plena: física y mental.

Aquí es donde el término de paternidad positiva sale a colación. La paternidad positiva ocurre cuando el padre se implica de manera activa en las labores de crianza, desempeñando roles y prácticas igualitarias. Esto, a su vez, empodera a su pareja y  promueve que ambos tengan el mismo nivel de autoridad en la familia.

Pero la relevancia de estos hombres no queda únicamente en el plano familiar sino que permea hasta el social, pues ellos son pieza fundamental en la transformación de los paradigmas hacia un trato más justo e igualitario con ambos géneros.

Mayor ejercicio de la paternidad positiva en las diferentes sociedades, representaría mejorías a nivel familiar, social y hasta económico. Según datos recogidos por el Panorama del Estado de los Padres en el Mundo (State of the World’s Fathers), el género femenino invierte de dos a diez veces más tiempo en labores no remuneradas de trabajo doméstico y ganan de un 10 a 30 % menos que los hombres por realizar el mismo trabajo. Por ello, si tuvieran la misma participación en el mercado laboral que ellos, el Producto Interno Bruto (PIB) de los países aumentaría de manera considerable: 5 % en los Estados Unidos, 9 % en Japón y 34 % en Egipto, por poner algunos ejemplos.

Además, la violencia de género que se transmite de generación en generación podría romper el ciclo con una correcta paternidad positiva. Cuando los niños son testigos de violencia, tienen 2.5 más probabilidades de replicarla en sus familias al crecer. Y no son pocos los niños que experimentan algún tipo de violencia en casa: cada año, una de cada tres mujeres sufre violencia por parte de su pareja a nivel mundial y más de 275 millones de críos la viven.

La paternidad positiva es feminismo en su estado más noble y puro: acciones que empoderan a mujeres y niñas. Así que anda, anímate y sé un padre feminista. Tu familia -y el mundo- lo agradecerá.