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Samantha Flores: el primer albergue para el adulto mayor gay

Dicen que para dejar huella hay que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Yo disto mucho de este pensamiento. Para mí, dejar huella es trascender de una mejor forma: dando a los demás, porque así siempre serás recordado por ser una persona que pensó y actúo en beneficio de los otros. Éste es el caso de Samantha Flores.

Originaria de Orizaba, Veracruz, a temprana edad se mudó a Acapulco, donde trabajó como recepcionista. Llegó a la Ciudad de México en 1957. Siempre portando con orgullo su identidad, hizo amistad con los “antreros” de la época y trabajó como publirrelacionista. Actualmente es voluntaria de un albergue para niños con VIH, llamado Ser Humano, y presidenta de la Asociación para el Adulto Mayor.

El trabajo de Samantha como la única activista trans de 85 años le ha dado espacio y reconocimiento a una comunidad que no puede ser olvidada: los adultos mayores gay.

Samantha siempre se ha relacionado con gente joven. Cuenta que hace tiempo, platicando con uno de sus mejores amigos, éste le sugirió que escribiera un libro de sus vivencias; sin embargo, descartó la idea porque asegura que hay películas porno más interesantes. Así que se decidió por otro de los consejos que le habían dado, y así surgió la iniciativa de abrir el primer albergue gratuito para el adulto mayor gay en México. Una meta que persigue desde entonces.

“El adulto mayor heterosexual está muy mal atendido, muchas veces abandonado. Ahora imagínense alguien de la comunidad LGBTTTI. Mi idea máxima es conseguir hacer una familia entre toda la gente que somos de la tercera edad. ¿Te imaginas todo lo que podemos platicar? Todas las experiencias que tenemos. Eso es lo que quiero lograr”, cuenta Samatha, emocionada porque su idea se vuelva parte de la realidad nacional.

Con esta propuesta, Samantha realizó una campaña de procuración de fondos llamada Hazlos brillar de nuevo (Let them shine again). La meta eran 400 mil pesos, con lo cual, lograría pagar la renta de una casa en una colonia popular y su mantenimiento por un año. Y lo logró.

“Antes de ver toda la ayuda que me dieron los medios, era muy pesimista, no pensé que fuéramos a lograr mucho. Me da gusto que la idea que represento moviera a tantas personas. Incluso si no lo hubiéramos conseguido, era feliz con la idea de que la gente comenzara a que al tomar en cuenta a las personas de la tercera edad, hacerles saber que aquí estamos y todavía podemos ser muy útiles”.

La activista confiesa que sólo pide tener más años de vida para ver realizada la lucha que está construyendo. “Ya que esté funcionando la casa de día, ya que esté funcionando, me voy”, finalizó.

Su sueño, el de una tenaz y orgullosa representante de la comunidad LGBTTTI en México, ha movido muchos corazones y su iniciativa ha devuelto la unidad a la comunidad gay y a los adultos mayores, justamente para hacerlos brillar, como siempre han querido.

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