Los micromensajes de Twitter se fueron a la shit… nos ganó la palabrería.

Por Mario Villagrán

NO SERÉ BREVE, aunque tenga que hablar sobre la brevedad… Hace unos años, Augusto Monterroso estaba preocupado por el empuje del círculo literario en torno a las extensiones de la escritura y a la producción de un escritor. Era un momento donde la brevedad comenzaba a ser mal vista y el escritor guatemalteco, conciso hasta entre los concisos, empezó a ser mal visto por su dinosaurio de mal despertar y sus moscas y vacas tachadas de efímeras. Un momento donde o se tenían mil páginas en una novela o se ponía en duda todo talento con la tinta. Ahí, desconcertado, tomó la pluma y escribió dos fábulas:

“El mono piensa en ese tema” y “El zorro es más sabio”.

En ambas, la duda estaba centrada en tener algo que decir. En ambas, estaba mal visto ser breve y aun así se era, casi como postura de vida. Una postura que, décadas después, el escritor catalán Enrique Vila-Matas retomó como argumento principal de su Historia abreviada de la literatura portátil.

Ahí, los Shandy, ese grupo de intelectuales con formato de sociedad secreta (creada, entre otros, por Fitzgerald, Benjamin y Vallejo), postulaban que toda vida debía caber en un maletín o no había vida. Es decir, lo que no cabía en el bolso, simplemente era paja y había que aprender a dejarla atrás. Uno de los ejemplos perfectos era Rulfo y su aguante ante la presión de la industria por publicar más. Pero él, como acto literario, decidió cerrar la fábrica de Eduviges y más vacas… callar casi como acto político.

Foto: Shutterstock
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Hoy despierto y el #280 es el tema de conversación. Twitter, como medida de emergencia ante su inevitable caída en números, decidió duplicar la cantidad de texto a usar en sus publicaciones. Unos aplauden. Otros juzgan la transformación de la que era justamente su ESENCIA. Y los más, comienzan a usar cada uno de los nuevos caracteres. Pero todos hablan de la brevedad. Aún sin mencionarla o les preocupa o les abruma. Aún más que
tener algo que decir. En su maleta, ya que es más grande, ahora tiene que caber todo sin importar si se necesita un traje de baño en el desierto o un paraguas en Copacabana. Lo que importa es que ya puedo decir más, ya podemos despilfarrar más.

Hoy me desperté alarmado por los #280, pero bueno, no nos alarmemos que al final ya no hay paja… porque todo será paja. Y sí, está columna no fue breve.
Lo siento Augusto, te fallé.

Tras lanzar esta actualización, el 5% de los tweets que fueron publicados tenían más de 140 caracteres y sólo el 2% incluían más de 190. La buena suerte la tienen los asiáticos, porque las cuentas en japonés, coreano y chino seguirán estando limitadas a 140 caracteres.

“Unos aplauden. Otros juzgan la transformación de la que era justamente su esencia.”