Los modelos tradicionales de trabajo se están transformando y las nuevas generaciones están encontrando un balance entre su vida personal y laboral. Averigua cuál es el secreto.

Por Alejandra Crail y Nuria Ocaña

Todos se mueven de un lado a otro… son un ejército de jóvenes que teclea sobre sus computadoras en las largas mesas que más bien parecen hechas para hacer una fiesta o picnic en un jardín; no trabajan juntos y, en muchos casos, sus oficios son muy distintos. Muy pocos visten de traje; aquí predominan los jeans, los tenis y una libertad de horario inimaginable, pero claro, sin olvidar el profesionalismo.

UNA CHICA TRABAJA CON LOS PIES RECARGADOS SOBRE UN SILLÓN mientras otros tienen una junta en unos columpios que cuelgan del techo. En la sala de descanso, otra joven duerme con comodidad en un cuarto sin ruido. Y ahí, entre todos ellos, está Aldo Calderas, un joven de 31 años que hace dos años dejó su empleo en una tienda departamental internacional y se propuso empezar de cero y seguir su instinto, el instinto de emprender. Tenía 29 años cuando se quitó de encima el traje y la corbata (y también los horarios fijos). “La edad perfecta”, dice Aldo con firmeza. Había trabajado en tres empresas, así que “ya tenía la madurez que te da conocer procesos, organización y metas de corporativos grandes”.

No era tan joven para no tener experiencia laboral, pero –lo más importante, desde su perspectiva– tampoco tan grande como para tener más responsabilidades: él no tiene hijos ni está casado. “Así es más fácil aventarte”, reconoce el economista que lanzó Benefits and Agreements, una plataforma que desarrolla programas de lealtad a través de beneficios para que las empresas incentiven a sus trabajadores, y que hoy coordina desde The Pool, un cowork (espacio de trabajo compartido) que ofrece todo lo de una oficina sin la rigidez que las distingue. Y su caso no es el único…

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De acuerdo a Hussein Escamilla, especialista en recursos humanos en Bumeran, estamos ante una transformación en los modelos de trabajo tradicional, pues las nuevas generaciones ya no aspiran a tener un empleo en el que puedan permanecer 10 o 20 años, sino tener un equilibrio entre su vida profesional y su vida personal, por eso los millennials permanecen en promedio dos años por empleo y el modelo coworking, oficinas compartidas a bajo costo, está volviéndose exitoso.

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“Los jóvenes se inclinan por no tener horarios fijos, trabajar sobre metas y tener códigos de vestimenta más relajados. De las empresas absorben los conocimientos, por eso tienen pocos trabajos con poca duración, porque luego buscan emprender y ser dueños de su tiempo”, afirma Escamilla. Pero esto no es sólo producto de la aparente rebeldía de los jóvenes. También responde a un contexto en el que los trabajos ya no ofrecen sueldos competitivos, han reducido o eliminado las prestaciones –también las plazas de trabajo–, no invierten en capacitación y cancelan los aumentos de sueldo, según el análisis de la consultora en recursos humanos, Kelly Services México.

En el país, explica Emilio Llanes, cofundador del cowork PÚBLICO, la idea del freelance tomó relevancia a partir de la crisis financiera del 2008, cuando las empresas hicieron recortes grandes, y comenzó a esparcirse el outsourcing en el mercado laboral.

“las personas que salieron del sistema tradicional se convirtieron en casos de éxito y un ejemplo para otros ”.

A ello hay que sumarle que tres cuartas partes de los trabajadores mexicanos buscan una mayor flexibilidad en sus trabajos, así como más tiempo de esparcimiento, según Regus, multinacional que ofrece espacios de trabajo compartidos. Algo imposible si consideramos que la Ley Federal del Trabajo estipula que para descansar 30 días con goce de sueldo, se tendría que haber trabajo en una misma empresa un mínimo de tres décadas, el mismo número de días de vacaciones que tiene como ley Brasil cuando un empleado ingresa a una empresa y que queda muy por debajo de lo estipulado en Francia y la isla de Malta, en donde dan 38 días por año a sus trabajadores.

Este panorama lo vio tarde el politólogo Álvaro Lagunes, quien pasó más de 20 años de su vida trabajando en el sector gobierno. Ahí, cuenta, trabajaba 12 horas en horario corrido, a veces sin salir a comer. “De lunes a viernes yo no era dueño de mi vida”, señala. Él no es
millennial pero también quiso apostar por su calidad de vida y hace poco más de un año decidió emprender, cambió su guardarropa y se deshizo de la figura trajeada que lo había caracterizado desde los 19 años. Álvaro, hoy de 49, es delgado, pero no siempre fue así, dice que la rutina laboral lo llevó al sobrepeso –pesaba 88 kilos– pero que con los cambios que decidió hacer en su vida, mejoró su alimentación y ahora se ejercita casi todos los días, incluso ha corrido maratones. Su rutina, cuando encontró The Place, uno de los pocos coworks al sur de la ciudad (Coyoacán), dio un giro de 180o: él decidió trabajar sólo de 10 de la mañana a tres de la tarde para conformar su proyecto de capacitación de personal Talfer Emprender, el resto de su tiempo lo comparte con su hija, para ir a la Cineteca, andar cerca del Museo de las Intervenciones, o sólo para pasear por el sur sin pendientes encima.

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LA CALIDAD DE LA VIDA

Hans se pasea entre las patas de las sillas. Es un perro mestizo color negro, tímido, que prefiere ignorar el movimiento a su alrededor. A un paso, un joven recostado en un sillón teclea concentrado en su computadora, alguien más se mece en un columpio que parece cuna.

En la entrada, un joven coloca su bicicleta en el arnés, alguien más ingresa al lugar al tiempo que se retira el casco, este último viaja en moto. Están en un cowork de la colonia Juárez, uno de los espacios de trabajo compartido que sigue dos tendencias globales: permitir que las personas pasen más tiempo con sus mascotas e impulsar los cambios en
la movilidad de los usuarios.

Los millennials, dice Human Resource Management, quieren poder llevar a sus mascotas al trabajo, pero en el mundo sólo el 8% de los trabajos permiten hacerlo, Google es de las pocas empresas que ha impulsado esta medida, incluso tienen un seguro de gastos médicos que abarca la salud de perros y gatos que asisten al centro; otro síntoma de los cambios es que la mayoría de los jóvenes ya no está dispuesta a invertir su tiempo en el tránsito. Los espacios de cowork conocen muy bien estas tendencias; por eso, la mayoría son pet friendly y ofrecen servicios como estaciones de motos eléctricas, préstamo de bicicletas y biciestacionamientos, muchos se ubican cerca de avenidas principales, centros de negocios y estaciones de transporte público. Jorge Acevedo, cofundador de The Place, dice que el bienestar de los usuarios es primordial para su centro de coworking; tiene unas seis bicicletas que presta a sus usuarios con la finalidad de que salgan a distraerse, también ofrece áreas de esparcimiento, cursos y talleres, así como clases de yoga y meditación. “Ellos están aquí porque buscan un equilibrio y nosotros los apoyamos para que logren esa meta sin descuidar sus proyectos profesionales”, explica. Ellos, por ejemplo, se ubicaron al sur de la CDMX para abastecer la demanda emprendedora y permitir que la gente invierta menos tiempo en traslados.

Un modelo similar se sigue en The Pool, de acuerdo a Airy Minor del área de comunicación, que indica que estos servicios son lo que demanda su público, en su mayoría jóvenes entre 24 y 34 años: freelanceros, startuperos, emprendedores jóvenes; también un par de empresas que quieren darle mayor calidad de vida a sus empleados, personas entre los 38 y 50 años. Ambos reconocen que sus usuarios comparten una característica: buscan la innovación digital. Otra de las tendencias que están presentes en el modelo del coworking es que las mujeres están emprendiendo cada vez más y, en promedio, los centros este año han detectado que cuatro de cada 10 usuarios son mujeres.

El Banco Mundial también ha observado este incremento y ya ha dicho que las compañías de mujeres en Estados Unidos están creciendo dos veces más rápido que todas las demás; sin embargo, su dinámica de trabajo tiene aristas propias.

En la ciudad hay oficinas compartidas especializadas para este sector de la población, entre ellas SPACIOSS, un proyecto de Blanca Sánchez que nació en 2014. “Hoy por hoy la mujer tiene un papel muy importante en la economía. Del 100% de sus ingresos, destina el 70 a su familia y a su comunidad, y solamente se queda con un 30% para sí misma”, comenta. Allí hay mayor aforo durante la primera mitad del día, mientras los hijos están en la escuela, para que, por la tarde, puedan dedicarse a ser mamás de tiempo completo. “El desarrollo profesional de hombres y mujeres requiere de grandes redes de apoyo, pero ellas necesitan más”, hace énfasis.

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PUENTE AL FUTURO

Los espacios coworking son una herramienta de profesionalización del freelance, así lo ve Gabriela Cristerna (25), abogada que mudó su sede laboral a un espacio de trabajo compartido, que permite –según su propia experiencia– ofrecer servicios y contratar otros con mayor facilidad. Este último punto le ha ayudado a Héctor Menéndez (36) a combatir la frustración que le provocaba “ser un empresario mediocre, pero un excelente empleado” pues solo no lograba expandir su negocio sobre tecnologías financieras, pero a partir de que ingresó a We Work, un centro de trabajo global, pudo tener una red de colaboradores y clientes potenciales.

Otro de los pros que los usuarios resaltan es eliminar las distracciones del home office. “Aquí no suena el teléfono, no tocan la puerta los vecinos, no te acuerdas que tienes que ir al súper. Aquí te dedicas a trabajar y como puedo traer a mi mascota, tengo la tranquilidad de que está bien todo el tiempo que invierto en mis proyectos”, señala Brenda Huerta (27), diseñadora gráfica.

Lo que viene es explotar la utilidad de estos centros, dice Andrés Martínez de PÚBLICO, que asegura que la idiosincrasia del mexicano que lo lleva a aislarse y a no tener herramientas fuertes de comunicación son algunas de las barreras a vencer para que los usuarios saquen el mayor provecho de este nuevo modelo de trabajo. “En coworks con espacios abiertos y sin divisiones, puedes darte cuenta que la gente busca la manera de encerrarse, con audífonos, incluso con el lenguaje corporal, al encorvarse. Quizá los escritorios compartidos son el futuro del mundo, pero no el presente”, detalla.

En México aspiramos a replicar los modelos internacionales y también las cifras, quizá pronto tengamos datos como aquel que indica que en EU el 30% del producto interno bruto proviene de trabajadores independientes y que para 2020 se elevará al 50%. Algo que el escenario actual de nuestro país ya comienza a reflejar. Como dice Hussein, de la bolsa de
trabajo Bumeran, las empresas ya están apostando por contratar más freelance y veremos un aumento de esta tendencia los próximos años, mientras que los coworks aunque hoy están de moda, no serán pasajeros, al contrario: llegaron para quedarse.