La puesta escrita por Andrés Zuno aborda su propio drama, pero llevado a una comedia similar a una telenovela de los 80.

Por Enrique Navarro

En la misma mañana del 19 de septiembre de 1985, minutos antes del terremoto, al pequeño Andrés (Andrés Zuno) se le movía el piso: Su madre (Ludwika Paleta,) le confesaba que su padre había muerto.

Nunca supo si su progenitor (Hamlet Ramírez) había caído de una moto en una tarde de borrachera, o había recibido un disparo. Y desde ese drama, representado primero como libro, nace la obra Los Hijos También Lloran, estrenada el pasado fin de semana en el Teatro Milán.

Ahí se ve una historia muy simple, pero fresca por Ludwika Paleta, una ambientación en los años 80 y la cultura pop alrededor de esta.

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Ludwika se adueña de la obra; a la actriz se le ve divertida, gozando de su personaje y recordando sus apariciones en la telenovela Carrusel. En escena, en las televisiones viejas que adornan el lugar, se muestran imágenes de la actriz vistiendo ese camisón color menta que la consagró como una de las favoritas de los 80.

Foto: Cortesía Pin Point Comunicación

Llevada a la comedia, la historia se vale de musicalización y escenas más que dramatizadas, como en los melodramas televisados, para sacar sonrisas.

Y todo se sustenta en el gran trabajo de vestuario que de inmediato recuerda al disco Rock Show de Timbiriche y la época en la que se estrenó Los Goonies.

Sobre una superficies plana -que al girar se devela la escenografía-, se proyectan viñetas, dibujos y videos sobre la infancia del autor, en la que gira toda la puesta.

Pablo Perroni y Montserrat Marañón, quienes completan el elenco, van cambiando de personajes para sumarse a una historia con elementos similares a los de la superación personal, pero que finalmente funcionan gracias a la nostalgia y los chistes alrededor de los 80.

Los Hijos También Lloran se presenta de viernes a domingo, en el Teatro Milán. Los precios están en 300, 400 y 500 pesos.

Foto: Cortesía Pin Point Comunicación