Hola, queridos… Me di una vueltecita por el nuevo proyecto de Elena Reygadas: Café Nin. Acá les cuento cómo me fue.

Por La comesola*

 

ENTRE TANTA POLÉMICA que causó la pasada lectura de la lista The World’s 50 Best Restaurants en su versión latinoamericana –en particular por la presencia de La Docena, que parece no haberle gustado a nadie–, celebro muchísimo el regreso de Rosetta a la lista. Pues les cuento que, tan fan de Elena Reygadas como soy, me fui a sentar en una mesa de su más reciente proyecto: Café Nin. Se trata de un espacio lindo, de esos que Elena se sabe montar, en la calle de Havre, en la colonia Juárez.

Es una mezcla entre cafetería y panadería –con espacio en dos barras grandes– y mesitas por aquí y por allá (incluyendo una pequeña terraza al aire libre), donde se tiene un menú muy a lo Rosetta: tres, cuatro ingredientes y no más. Se ve que es un éxito en el desayuno, siendo una alternativa más a la panadería de la Roma, pero yo me fui a cenar. De inicio, tres entradas: un hummus de betabel –fresco y acidito– acompañado por piadinas hechas en casa (el pan de Elena es impecable, no importa cuando leas esto); seguido por un ricotta con tomillo y almendras que también brilla por su frescura; y una ensalada de frijoles, aguacate, tomates y mastuerzo, por mucho, la mejor de las tres entradas. El tratamiento al frijol es preciso y le deja expresarse. En cuanto a lo macizo, hay unos calamares con arúgula y pork belly que se me antojan más como plato fuerte: mucha más porción para poder compartir, porque de sabor anda muy bien. Aunque quería una pasta, me llamó la atención la presencia de un arroz caldoso con camarón y frijol, que no está nada mal, pero que no volveré a pedir. Nota mental: pedir los gnocchi o el tortelloni a la próxima. Al final, me quedaba un huequito y no lo iba a desaprovechar. Lo que más me hizo ojitos fue el medio pollito lechal con berenjenas que está perfectamente cocido, con un sabor potente en la piel y súper tierno. El caldo que lo acompaña está para bañar el pollito una y otra vez, aunque las berenjenas son poco más que olvidables.

Foto: Cortesía Café Nin
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Me encantó su carta de cervezas y cocteles –clásica y compacta– pero lo que más me gustó es que todos sus vinos pueden pedirse por copa, media botella o botella. Yo, que ya saben cómo me pongo, opté por media de Albariño de Fefiñanes, un blanquito de Rías Baixas más que cumplidor.

Café Nin no es un lugar para ir en bola, puede ser ideal para una cita o para ir con dos o tres amigos, no más. Mi siguiente visita será para desayunar (y atascarme de pan, desde luego). Chau, queridos.

“no me cupo el postre, pero tienen dos que tres opciones atractivas de corte europeo”.

 

CAFÉ NIN
Havre 73, Juárez
lun-vie 7-23 h, dom 7:30-18 h
Cheque promedio: $550 pesos por persona