Mayra Hernández, quien estudió en el Edinburgh College of Art, fue una de los 100 artistas en animar Loving Vincent.

Por Enrique Navarro

Foto: Cortesía Mayra Hernández

Pinceladas cortas y fuertes. Muchas, muchas líneas. Así pintó Vincent Van Gogh cada uno de esos cuadros que ahora lo encumbran como uno de los aristas más importantes de la historia, pero de los que en vida sólo logró vender uno.

Así también pintó Mayra Hernández, una chica nacida en la Ciudad de México, quien, junto a otros 100 artistas, pintó 65 mil fotografamas para animar la cinta Cartas a Van Gogh (Loving Vincent), basado en los últimos días del pintor y devenida de sus pinturas más icónicas.

“Fueron cuatro años de planeación. Investigaron sobre Van Gogh e hicieron experimentos.
Luego fueron dos años de producción con los actores (trabajando en live action) y luego
vinieron los pintores. Para unificar nuestros estilos, teníamos supervisores. Estábamos
divididos en equipos y cada uno tenía su supervisor”, recuerda Mayra en entrevista.

Contada a través de Armand Roulin (Douglas Booth), la historia refleja cómo fueron los
últimos días del pintor holandés y la relación epistolar que tuvo con su hermano Theo. En
pantalla se ven escenas de cuadros reales como “La Noche Estrellada”, “El Café de Noche” y el retrato del cartero Joseph Roulin, padre de Armand.

“Mi escena favorita es una que tuve que pintar de atrás para adelante, pues se funde con otra escena.”

“Es cuando el personaje principal está guardando una carta y de pronto hay una vista hacia el cielo, está en un campo de trigo”.

Mayra, de 28 años, tuvo oportunidad de participar en el largometraje de Dorota Kobiela y
Hugh Welchman gracias a su formación artística, esa que inició con sus estudios de animación en el Edinburgh College of Art. Continuó al regresar a su país para batallar con los salarios a los animadores, pero, sobre todo, al buscar un lugar que fuera para ella: su animación es plástica y no precisamente en 3D.

“Encontré un estudio de animación digital, pero después de trabajar ahí durante un tiempo, me di cuenta de que no era lo mío. Podría haberlo sido si hubiera aprendido más de software, pero no es algo a lo que me quiera dedicar. Sentí que no les estaba dando lo que ellos merecían, no sentí que fuera un buen intercambio”, recuerda.

Así inició su trabajo como freelance:

“pensé que mejor me dedicaba a lo que soy buena, a ver si así se abrían las puertas…”

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Así fue que decidió llamar a la banda de fusión folk y jazz Triciclo Circus Band para proponerle la realización del video “Beautiful Girl”, bajo la técnica de óleo sobre vidrio, muy parecido a lo que después trabajaría en Cartas a Van Gogh.

Tiempo después, cuando los productores del filme le anunciaron al mundo que trabajaban una cinta pintada a mano, en redes sociales creció la presión por ver la película terminada y eso derivó en una oportunidad para la chica.



“Hicieron un llamado a artistas internacionales para que éstos subieran su portafolios. Pedían imágenes y yo mandé el video, las imágenes y mi currículum. Se enfocaban en estilos parecidos a los de Van Gogh o que funcionaran para la película”.

Seis años después, Mayra se enorgullece de haber pinceleado los fotogramas que dan vida a esa película que actualmente se exhibe en México y de la que se dice, pinta para contender por el Óscar.