Vale, vale. Los millennials se han (nos hemos) apoderado de todo. Es el concepto de moda, el grupo que acapara las conversaciones, los estudios académicos y los de mercado; las personas a quienes se piensa a la hora de diseñar una nueva app y una nueva campaña publicitaria. Lo cierto es que también el mundo del arte ha terminado por rendirse ante esta generación.

Por Jonathan Saldaña

 

Según el Censo realizado por el Pew Research Center, los jóvenes entre los 18 y los 35 años de edad superan ya los 75,4 millones de personas, lo que los convierte en el grupo más numeroso por lo menos en los Estados Unidos. Esto representa diversas implicaciones que van desde lo económico hasta lo cultural, lo que se traduce en nuevas conductas y comportamientos ante los consumos culturales.

Si las definiciones de lo que es un millennial son ciertas, las instituciones dedicadas al arte como los museos tienen un reto: lograr captar la atención de quien difícilmente se sorprende, añadir el mundo digital en sus recorridos para vincularse con quien respira a lado de su smartphone, crear experiencias significativas para quien todo es efímero.

“pero, ¿Qué espera la generación millennial de un museo?”

Interactividad
Publicidad

Parece que los letreros de “no tocar” son ahora una barrera. A esta generación le atraen más las piezas artísticas con las que puede interactuar que las que únicamente puede observar. Por ejemplo, en la exhibición Andy Warhol, estrella oscura, una de las salas más atractivas para los visitantes fue aquella en la que se simula The Factory, el local donde Warhol y sus contemporáneos se reunirán a crear. Ahí una nube de globos metálicos que recrea la instalación Silver Clouds cautivaba la atención. No por nada habitan en redes varias imágenes capturadas por los usuarios de este recorrido realizado por más de 304 mil espectadores en el Museo Jumex de la Ciudad de México.

 

Un entorno audiovisual

Los contenidos audiovisuales son protagonistas en esta era. No sorprende entonces, que una muestra artística recurra cada vez con mayor frecuencia al videoarte o la experiencias audiovisuales para emitir sus mensajes. Incluso hoy, la realidad virtual es también un soporte al que creadores de diversas disciplinas están mirando para comunicarse con generaciones tecnologizadas como los millennials. Como la experiencia de realidad virtual ideada por Alejandro González Iñárritu con imágenes de Emmanuel Lubezki y que se exhibió en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

 

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La experiencia que obtenga un millennial en una exposición de arte tiene que ser lo suficientemente significativa como para colgarla en sus redes sociales, ya sea una selfie, o una captura con mayor composición. Varios museos ya consideran con especial interés esta dinámica, incluso, habilitan espacios propicios para ello. Esto también se puede traducir en una publicidad invaluable para la exhibición en cuestión. Es el nuevo boca a boca pero con el poder y la inmediatez de las redes sociales. Un búsqueda rápida por Instagram, arroja más de 1 millón de resultados para la etiqueta #museo.

Claros ejemplos de ello: Yayoi Kuzama, obsesión infinita en el Museo Rufino Tamayo donde al día se contabilizaba la presencia de más de dos mil personas en el recinto, algunas de ellas hacían fila desde las cuatro de la mañana.

 

Aprender y sentir

Más allá de una transformación en los formatos y los códigos propios de esta generación que han modificado la forma en que se consumen diversos productos, incluidos los artísticos, el impacto al capital cognitivo y emocional del arte es fundamental.