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¿El rock nos puede enseñar a ser felices?

Jacobo Celnik no concibe un mundo sin libros. Su padre era melómano por lo que creció oyendo todo tipo de música: desde Santana, Mahler, Mozart, José Alfredo Jiménez, Piazzolla, la Billos Caracas hasta Ray Conniff. El primer disco que escuchó fue Now!, de los Stones, “ahí todo cambió”, dice entusisasmado. Tenía doce años. Luego vino lo demás: The Beatles, Queen, Zeppelin, Charly García. Hoy Jacobo Celnik es un reconocido periodista muscical que escuha rock en todas partes “en mi casa, en el carro, en la oficina… En el auto uso un ipod que lo actualizo cada mes, es el compañero ideal ante el horrendo tráfico de Bogotá. Intenté un tiempo con Spotify, me parece interesante, no me emociona del todo y sigo apegado al formato físico”.

¿Cómo nació Satisfaction? ¿es una idea tuya o te lo propusieron?

Puedo decir que tuvo dos partes, un interés mutuo tanto de Penguin Random House como mío. El principal antecedente fue mi primer libro Rockestra. Tenía una deuda con el lector no especializado en rock, así que decidí incluir 19 entrevistas inéditas que no incluí en Rockestra además de perfiles.

Cuéntame de la historia del título, ¿por qué Satisfaction?

Es un homenaje a la generación de 1965 cuando la música pop cambió y se convirtió en rock, en un fenómeno masivo, en una actitud de vida, gracias en parte a los Stones, a los Kinks, a The Who y a Dylan. También es un homenaje a los Stones por su tema icónico de 1965, la canción que les abrió el camino del éxito en Estados Unidos.

Es un libro complejo en su realización pero de ágil lectura; con múltiples referencias y datos, ¿cómo fue el proceso de creación?

Yo he entrevistado a músicos desde el año 2004. Algunas entrevistas vieron la luz en medios como la Rolling Stone Colombia y el portal mtres.co. Otras se quedaron inéditas. Lo más dispendioso fueron las traducciones y la curaduría, es decir a quién incluir en el libro. Tengo más de 30 entrevistas inéditas que tuve que dejar por fuera.

«Los contenidos del rock son atemporales. No pierden vigencia».

¿Cuál fue el criterio de selección de las entrevistas que aquí aparecen?

Pioneros con acento británico en su gran mayoría. Que me permitiera abordar diversos estilos en el rock desde su arte y legado.

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Al leerlas, y a pesar de que son historias y personajes de otra generacón, las leí sumamente actuales, ¿a qué crees que se deba esto?

Se debe a que los contenidos del rock son atemporales. No pierden vigencia. Sucede lo mismo con otros géneros. Hoy podemos leer una entrevista a Miles Davis o Duke Ellington y no pierden vigencia o relevancia, son de suma importancia para comprender procesos. Son voces que no mueren. Son voces que son vigentes hoy, en 5 años en 20, 30 años.

Es una antología de entrevistas íntimas, pero también un libro sobre la historia reciente del rock, ¿cómo definirías tu libro?

Es una puerta para comprender y conocer más de 50 años de gesta en el rock. Para comprender que detrás de la grandeza de un músico hubo procesos, ombres, instituciones, coyunturas que fueron determinantes. Es un libro para conocedores y curiosos que decidan enamorarse, más, del rock.

Cuéntame acerca de uno de los personajes que más disfrutaste al escribir sobre él.

De todos tengo gratos recuerdos. Andrew Loog Oldham, Jack Bruce, Clapton, Steven Wilson, Roger Daltrey, pero si me pones a escoger uno disfruté mucho la entrevista con Jazz Summers, fue un tipo abierto, sincero, sin tapujos, y con muchas enseñanzas sobre el negocio de la música. Fue un diálogo de casi dos horas, con muy buena información. La industria de la música perdió el año pasado a un grande.

«El periodista debe conocer de los artistas a la hora de hablar de ellos. Hay que leer mucho, no basta con conocer los álbumes».

¿Qué tanto sabías de él antes de entrevistarlo?

Leí sus memorias, Big Life, uno de los mejores libros que se han escrito sobre el negocio de la música y su evolución. Sobre lo que significa liderar y tener fe en un artista, dar el todo por el todo y sacarlo adelante. También nos muestra la faceta menos amable de este negocio cuando la fama y el dinero ganan y la correspondencia queda sujeta a una cifra.

¿Qué cosas sobre su vida y obra te sorprendieron específicamente?

Cómo terminó de mánager de grandes artistas sin siquiera proponérselo. La vida lo fue llevando por ese camino y terminó llevando a la cima a Wham! Y a George Michael a quien le tenía una fe bárbara, cuando nadie daba un peso por ellos. Algo similar pasó con The Verve cuando tuvo que perder en una negociación feroz con ABCKO por los derechos de “Bitter Sweet Symphony”, pero ganó al posicionar a la banda como uno de los actos más importantes de la cool Britania. Jazz fue un “hustler” en todo el sentido de la palabra, un hombre que pecó por bonachón.

A veces se tiene la idea de que hacer periodismo musical es sencillo, ¿qué le dirías a quien piensa eso?

En lo más mínimo. Esto no es un ejercicio subjetivo de apreciación. El periodista debe conocer de los artistas a la hora de hablar de ellos. Hay que leer mucho, no basta con conocer los álbumes.

¿Crees que hay que reivindicar al periodismo musical?

El periodismo en general pasa por un momento complicado. El periodismo de afán se ha tomado a los medios. Las cámaras de seguridad ahora son la fuente predilecta de los medios. Cada vez hay menos análisis, solo afán por likes.

Finalmente, ¿Qué aprendizajes te dejan los personajes que entrevistaste?

Son hombres que huyen a vivir de los recuerdos. Solo el presente importa.

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