Psicología

Quiero separarme, no divorciarme

¿Separarse?, ¡hoy!, ¿divorciarse?… quién sabe. En México, la familia, los trámites costosos, el miedo y la esperanza de que todos los problemas se arreglarán son factores que llevan a las parejas separadas a posponer el mayor tiempo posible un trámite de divorcio.

En este país, cada vez son más las parejas que se separan. Entre 1990 y 2014 se duplicó el porcentaje de la población mexicana que estaba casada y decidió separarse, ya que pasó de 2.2 a 5.4 por ciento; mientras que el número de divorcios también aumentó entre 1993 y 2014, pasando de 4.9 a 18.7 por ciento.

Pero estas cifras, las cuales son las más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), no revelan otro fenómeno que cada vez es más común en las parejas: separarse posponiendo el divorcio lo más que se pueda.
Esto se debe a diversos factores que van desde evitar trámites y gastos, hasta temores por los juicios ajenos que dirán los familiares o amigos, además de que muchas de estas parejas quizá guardan la esperanza de que todo se arreglará en un futuro.
“La cultura mexicana es colectivista, con muy fuerte orientación hacia la familia como centro de las relaciones y en donde el divorcio sigue tomándose como un fracaso de parte de la familia y la sociedad en general”, destaca Rolando Díaz Loving, académico e investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Hablamos con varias personas que vivieron o están viviendo ese proceso para conocer cuáles son las razones por las que, a pesar de que decidieron separarse de sus parejas, no se han animado a tramitar un divorcio.

CARMEN

Al ver que después de siete años su relación se había vuelto monótona, Carmen tomó la decisión de separarse de su esposo, un noruego que conoció en México y que es padre de sus dos hijos.

“No nos divorciamos inmediatamente porque en un principio pensamos vivir separados para ver si nos hacíamos falta, además de que no terminamos peleados. A la fecha nadie habla de divorcio porque para nosotros sólo es algo legal”, dice Carmen, quien ahora radica en Noruega y lleva un año separada de su esposo, el cual también vive en ese país.

“Nuestras familias lo tomaron fatal. En las dos hay casos de mujeres que aguantaron un matrimonio difícil y por eso esperan lo mismo de las siguientes generaciones. Los amigos también han sido un tema delicado y algunos matrimonios de plano nos dejaron de hablar”, relata.

BRENDA

Después de nueve años de matrimonio, Brenda tomó la decisión de separarse al ver que estaba incómoda con la rutina y que los planes de su esposo terminaban en beneficios únicamente para él.

“Cuando hablamos de separación, incluso hubo pro- puestas de ser un matrimonio abierto, o de darse un tiempo, pero él quería el famoso: todo o nada”, recuerda.

Justo esto fue lo que la llevó a tomar la decisión de separarse, por lo que salió de la casa matrimonial y se fue a vivir sola, compartiendo la custodia de su hija cada semana.

“Yo pagué todo y renuncié a mi pensión porque lo que quería era divorciarme”

“No tramité de inmediato el divorcio porque no quería pelear por las cosas materiales ni causar más conflictos; sentía mucha culpa de querer hacer mi propia vida, además de que en mis círculos sociales fui muy criticada”, relata.

“Dos años después, decidí hacer el trámite”, pero vaya ironía, ya que Brenda se animó a divorciarse porque su pareja actual se lo pidió para poder empezar un nuevo plan de vida. “Yo pagué todo y renuncié a mi pensión porque lo que quería era divorciarme”, cuenta.

JORGE Y RAÚL

Jorge y Raúl no se conocen, uno es ingeniero y el otro es químico, además son de diferentes edades, pero ambos están divorciados y coinciden en varias frases como: “La separación me agarró de sorpresa”.

Aunque su esposa se lo pidió varias veces, Jorge se negó a aceptar una separación porque siempre creyó que las cosas se arreglarían.

“Mi esposa había hablado de separación, pero nunca tomé en serio el tema, hasta que un día llegué de un viaje a la casa y ya no estaban ni ella ni los niños”, relata. “No hablamos lo suficiente del tema y me pareció que fue una decisión muy radical y, aunque traté de retomar la relación, nunca encontré disposición de arreglarla”.

«La separación me agarró de sorpresa»

Después de tres años, decidió aceptar el trámite de divorcio, el cual todavía no termina porque, tras un año de negociación y de abogados, no se han puesto de acuerdo en los términos.

A Raúl también le llegó por sorpresa la decisión de la separación por parte de su esposa, pero él, para evadir ese tedioso trámite, hizo caso omiso de las peticiones de su esposa.

“Según yo, no nos llevábamos excesivamente mal, pero de la noche a la mañana decidió que era momento de vivir separados. Ahora nos vemos como amigos de vez en cuando y salimos, hasta hemos tenido relaciones sexuales, pero ella (extrañamente) nunca ha querido que regresemos cuando se lo propongo”.

Sin embargo, como bien dicen por ahí, hay quienes la esperanza la perdemos al último, y después de cuatro años de separación, Raúl está convencido de que retomará la vida en familia con su esposa.

Dios los hace…

Violeta Farfán, psicoanalista experta en terapia individual y de pareja, dice que cuando termina la etapa de enamoramiento en las parejas (esa de “las maripositas en el estómago”) es cuando las personas empiezan a notar los defectos del otro. Superar esa etapa sería la entrada al “amor maduro”, pero hay personas a las que no les agrada esa idea.
“Es entonces cuando las personas ponen en medio de la relación infidelidades, agresiones o mala comunicación, además de actitudes como enfocarse demasiado en el trabajo, porque en el fondo le temen a la cercanía emocional y a perder su identidad”, expone.

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“El problema es que en verdad nunca concluyen con su relación, sino que se quedan solamente en la separación, porque las parejas no sólo se unen por amor y compatibilidad, sino también por sus conflictos inconscientes mutuos, los cuales satisfacen de manera patológica a la otra persona, o lo que es lo mismo, ‘Dios los cría y sus patologías los juntan’”.

Estas patologías inconscientes que tienen que ver con su pasado, su infancia, o situaciones que vivieron y que no recuerdan o quedan reprimidas, los llevan a continuar unidos aunque sea a través de un papel, asegura la especialista.
“Cuando estos conflictos inconscientes se resuelven de manera individual, es cuando logran desengancharse”, explica.

Las causas

En efecto, México es un país de separados más que de divorciados, y esto tiene una gran carga en elementos sociales como la familia; sin embargo, parece que la buena noticia es que existe una tendencia hacia una mayor diversidad de relaciones amorosas. Existen ya más de un solo modelo de relación y más de un solo modelo de lo que debe ser una familia.

“La sociedad y la cultura cambian despacito, y cada vez es más importante la individualidad. Pero en unos años, vamos a tener que entender que habrá una mayor diversidad de relaciones”, advierte Díaz Loving.

“Seguirá habiendo relaciones tradicionales, pero habrá también gente que diga que ese tipo de relaciones no son para ellos. Es un nuevo nivel de tolerancia que llevará a aceptar a las personas que lo que es funcional para uno, no debe ser funcional para los demás”, visualiza.

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