¿Quiero o no quiero? Autosabotaje en las relaciones amorosas | S1ngular
Psicología

¿Quiero o no quiero? Autosabotaje en las relaciones amorosas

Si bien hoy, más que en ninguna época de la historia, la diversidad de estilos de vida es tendencia y un hecho concreto en nuestra sociedad, la vida en pareja sigue siendo anhelada por muchas personas.

Sin embargo, en la actualidad vemos que la imposibilidad de iniciar, construir y sostener relaciones amorosas suficientemente buenas se ha convertido en punto nodal de los dilemas humanos. De ahí la proliferación de sitios virtuales de encuentro y del sinfín de cursos y terapias cuyo propósito es lograr superar desengaños amorosos y encontrar un buen amor.

«¿Qué es lo que decimos y nos decimos cuando no encontramos a la persona idónea para hacer una vida “de a dos”?»

Sin duda, el inconsciente y el subconsciente existen (no en vano Freud cambió, con su descubrimiento, la concepción de la constitución humana), y la actividad consciente y el impacto del contexto que nos define coexisten con ellos también. Toda esta entretejida estructura influye en la ambivalencia de tantas personas que externan expresiones como: “quiero y no quiero tener pareja”; “me gustaría encontrar un buen amor y, al mismo tiempo, me niego a perder algunas prerrogativas que he conquistado”; “estoy decidida a renunciar a ciertas cosas por amor, pero sólo a unas pocas…”; “anhelo una buena compañía amorosa, pero no estoy dispuesto(a) a poner en riesgo mi autonomía”. Y es que hemos de reconocer que las personas somos complejas y contradictorias, particularmente en el intrincado territorio del amor.

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Pero, ¿qué es lo que decimos y nos decimos cuando no encontramos a la persona idónea para hacer una vida “de a dos”? Existe una infinidad de respuestas, como: “no estoy listo para comprometerme en una relación”; “no hay hombres que valgan la pena”; “en esta etapa de la vida me queda poco tiempo para el amor”; o bien, “las mujeres de hoy piden demasiado”, “lo mío, lo mío, no es la intimidad”. Y si bien todas estas aseveraciones pueden tener mucho de cierto, no agotan el laberinto de motivos conscientes e inconscientes que dificultan los encuentros amorosos y la construcción de una buena relación.

Sabotear, sabotearnos, autosabotaje…

¿Es, entonces, real que podemos autosabotear la tan ansiada vida de pareja? Veamos… No hay duda de que nuestras creencias arraigadas, nuestras necesidades profundas y nuestros deseos “desconocidos” pueden entrar en contradicción con los anhelos y decisiones que conscientemente perseguimos y que, de esa manera, nuestras conductas puntuales eviten, interrumpan o impidan el logro de un objetivo concreto. Y, desde esta perspectiva, nos sorprendemos a nosotros mismos realizando acciones que nos llevan al extremo contrario del “puerto elegido”.

Factores y más factores

Son muchos los componentes que intervienen en la dificultad de encontrar, construir y sostener una vida de pareja plena. Este entramado de factores hace que las decepciones amorosas, más que un simple autosabotaje, sea un tejido con diversos componentes personales, amorosos y sociales, difíciles de entrelazar.

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Repasemos algunos:

Componente temperamental

Todas las personas, al nacer, tenemos una carga genética que nos predispone hacia diversas vertientes. Una de ellas es la tendencia natural a la extroversión o a la introversión. Esta distinción (siguiendo a Susan Cain, escritora y conferencista estadounidense) señala aquellos rasgos de carácter que nos hacen requerir (para el propio crecimiento y bienestar) espacios más tranquilos y solitarios, o bien, situaciones de mayor convivencia y estimulación.

¿Infancia es destino?

La mirada recibida en los primeros años de la vida, si bien no determina nuestro futuro, sí condiciona nuestra manera de valorarnos. Así, alguien que fue permanentemente ignorado, incluso maltratado, se considerará poco merecedor de amor. Aunque las relaciones de pareja pueden ayudar a sanar las heridas tempranas y a transformar el rumbo de la propia vida, se requiere un trabajo personal para actualizar un autoconcepto construido sobre una autoestima baja, distinguir “de qué pie cojeamos” y aun así apropiarnos de la experiencia de ser valiosos y de merecer una buena compañía.

Lealtades invisibles

Nos guste o no, la historia compartida con nuestra familia genera un sentimiento de compromiso y unión. Es decir, los temas de nuestros antecesores y las injusticias cometidas dentro y fuera de la familia que nos precedió pueden tener un impacto inconsciente en nuestra propia vida: ¿enfermedades, depresiones, fracasos económicos, relaciones conflictivas y… por qué no, también la dificultad para encontrar pareja, para disfrutar de ella, incluso para dejarla ir? Por eso, podemos experimentar cierta culpa y temor si “traicionamos” a nuestra familia de origen con algún comportamiento que desafía la historia familiar.

Desencantos amorosos

Seguramente, en nuestros amores pasados hubo momentos bellos, pero también situaciones lastimosas y ni qué decir de las relaciones francamente tóxicas que nos dejaron un mal sabor de boca, o bien, de los rompimientos beligerantes que echaron por la borda todos nuestros planes y rompieron nuestro corazón.

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Ante estas experiencias, es entendible el temor que puede generarnos una nueva relación y la posibilidad de sufrir de nuevo. No se puede borrar ni negar el dolor vivenciado, pero éste no tiene por qué convertirse en un obstáculo para volver a amar.

Desconocimiento personal

Es tarea de cualquier ser humano conocerse a sí mismo: sus competencias, deseos, necesidades, intereses y valores. Si nos diéramos a la tarea de conocernos mejor y construyéramos un “perfil” claro de lo que esperamos del otro, cotejaríamos si lo que ofrecemos es lo que pedimos y si estamos recibiendo lo que nosotros mismos queremos otorgar. La vida humana, en general, y las relaciones de pareja, en particular, son un intercambio y, cuando la balanza se desequilibra, vienen los desencuentros y las frustraciones.

Creencias erróneas del amor

En contraposición con la idea del amor eterno, hoy podríamos pensar que “el amor es eterno mientras dura”. La idea de que “algún día no estaremos juntos”, ya sea por una separación o por la misma muerte, no es un augurio de fatalidad, sino una realidad ineludible. Asimismo, uno de los errores más comunes es, por ejemplo, esperar encontrar a nuestra “media naranja”; o bien, a un “salvador” que resuelva nuestras carencias, sean de la índole que sean. Del mismo modo, creer que el verdadero amor todo lo puede y todo lo soporta, o bien, que quien realmente nos ame nos será incondicional, hace de nuestra búsqueda amorosa la espera de un ángel inexistente y no de un ser humano terrenal.

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Priorizar la individualidad

¿Cómo conjugar el anhelo de compañía con la posibilidad de construir una vida individual? Hoy, más que nunca, surge con intensidad la pregunta: “¿qué soy y qué quiero para mí?”. La respuesta a este cuestionamiento existencial integra, además de la pasión amorosa, la pasión por la autonomía y por la autoafirmación.

Desacoples de género

Hoy como nunca vivimos la “guerra” de los sexos. Las mujeres están avanzando rápidamente en el tema de equidad y la mayoría de los hombres se encuentran desorientados. Buscamos relaciones igualitarias y, al mismo tiempo, nos cuesta trabajo romper los patrones ancestrales que esperan mujeres pasivas, dóciles, muy emocionales y hogareñas, y hombres fuertes, protectores, proveedores, inquebrantables e infatigables.

¿Por qué actuamos así?

Yo no creo en la adicción al dolor: a nadie le gusta sufrir por sufrir. Si evitamos encontrar o sostener una vida de pareja, eso tiene que ver más con la dificultad de desafiar algunos de los retos planteados en este artículo y en el temor de cuestionar creencias sobre el amor y las relaciones que nos han dado previamente seguridad. Aunque, por supuesto, cabe la posibilidad también de que tengamos la genuina necesidad de transitar por un periodo de soledad y de placentera s1ngularidad, ¿por qué no?

Detrás de las conductas de sabotaje, aparentemente irracionales, hay motivos profundos que buscan que evitemos un dolor mayor o que satisfagamos una necesidad prioritaria. Tomar conciencia de la razón, sea cual sea, nos permitirá hacernos responsables de las elecciones tomadas y sacar de ellas el mejor provecho.

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