¿Por qué los celos son "buenos"? | S1ngular
Psicología

¿Por qué los celos son “buenos”?

Una de las pasiones humanas más involucrada en las relaciones amorosas son los celos, sentimiento que, a pesar de haber evolucionado con el tiempo, en realidad mantiene su carácter más primitivo, tanto en hombres como en mujeres. Y aunque tienden a ser fuente inagotable de problemas, según la dosis en que se empleen -lo creas o no- son fundamentales en toda pareja y tienen una razón fisiológica.

Los celos siempre han tenido su función dentro de la sociedad y en los amoríos. Sirven como escudo ante los engaños para proteger la relación, pero como sucede con casi todo lo que nos rodea, éstos han cambiado junto con los tipos de  infidelidades. Según David Buss, Doctor en psicología por la Universidad de Berkeley en California, “cuando el engaño se volvió algo clandestino, desarrollamos un mecanismo psicológico para volvernos más sensibles a señales sutiles”.

Por ejemplo, cuando Buss participó como ponente en La Ciudad de las Ideas en 2011, platicó la anécdota sobre un hombre que, al ver que las luces de su árbol navideño estaban sincronizadas con las del árbol del vecino de enfrente, tuvo un ataque de celos al relacionar este hecho con la supuesta infidelidad de su esposa con el vecino.

Es evidente que las luces navideñas nunca fueron una prueba real del engaño y, en realidad, posiblemente ni siquiera tenían esa aparente sincronía pero, sumado a otras pequeñas señales, el hombre descubrió que sí existía un engaño .

Además, la prevención ante infidelidades no es su única función. Entre las utilidades descritas por el doctor Buss, están: ahuyentar a los “cazadores de parejas” (aquellas personas que podrían buscar un vínculo física o sentimental con tu pareja actual), prevenir el abandono, mantener la integridad de la relación e incluso se considera una muestra de amor y se dice que quien no siente celos, por mínimos que sean, es porque en realidad no se se siente completamente comprometido o enamorado.

En el caso específico de los hombres, una función primitiva de los celos es la de preservar la transmisión genética, es decir, celar a la mujer, les sirve para sentirse seguros de que los hijos son realmente suyos. Por lo mismo, cuando se le pregunta a ellos qué es lo que más dolería en un engaño por parte de su pareja, la respuesta es que haya tenido sexo con alguien distinto. En cuanto a las mujeres, lo que más duele de un engaño es que el hombre sienta algo por la “otra”, pues esto, a largo plazo, esto supone el abandono y la falta de seguridad para su familia.

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