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Bienestar / Finanzas

Ponte de acuerdo con tu pareja en las finanzas

«La igualdad en la riqueza debe consistir en que ningún miembro de la pareja sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se vea precisado a venderse» —Jean-Jacques Rousseau.

¿Alguien duda que el manejo del dinero (los gastos, los ahorros, la prevención, la libertad que otorga, los sudores que provoca, los sabores que permite…) no sea un tema constante en la vida de las personas?

Ni qué decir del tema en cualquier tipo de encuentro amoroso, en la relación de pareja y en todo proceso de separación o divorcio. En estos casos, las finanzas significan algo más que una mera cuestión administrativa: son un escenario para la demostración de afecto, para el uso del poder y para el despliegue de cualidades (o de atrocidades, según el caso), así como un vehículo para manifestar o restringir el mismísimo amor.

Hablar de dinero, sobre todo en el intercambio entre hombres y mujeres, es también hablar de “afecto”. Nuestras prácticas concretas con el dinero en las relaciones amorosas reflejan y expresan maneras muy precisas de querer al otro y de quererse a uno mismo. No estamos diciendo que el dinero puede intercambiarse por el amor, sino que el manejo del dinero proyecta si nuestra manera de querer se basa en controlar, subordinar y asfixiar, o en contribuir a generar condiciones de desarrollo y crecimiento para quien nos acompaña en la vida y para nosotros mismos.

Si aceptáramos que las relaciones humanas, en general, y los encuentros amorosos, en particular, se dan fundamentalmente entre dos sujetos que intercambian aquello que necesitan para vivir, el dinero vendría a representar el aspecto material de dicho intercambio.

El dinero como forma de control

¿Te has visto obligado a tolerar un viaje, un coche o un simple platillo que no querías, por sentirte sin autoridad para sugerir otra cosa? Al salir con alguien, ¿has tenido alguna vez que dejar de externar un deseo porque no tienes el dinero para pagarlo o para compartir el gasto? ¿Te has encontrado en la situación de acceder a estrategias de vida, de diversión, de sexualidad o simplemente de elección de amigos, por sentir que negarte te haría perder los privilegios económicos que te otorga la convivencia con el otro? Si estas preguntas te parecen extrañas, has sido afortunado.

El control a través del dinero se da cuando alguno de los dos en la relación gana más y utiliza este hecho para manipular, humillar o degradar al otro. Su poder se hace palpable en la administración del dinero, en su disponibilidad real y en la toma de decisiones respecto al uso del mismo. Coloca a la otra persona en un lugar de dependencia y demanda, pues con el dinero monopoliza los bienes, las actividades, las prioridades. De este modo, quien es el menos opulento tendrá que atenerse a los dictámenes del “poderoso”, así como pedirle, solicitarle, explicarle y, a veces, suplicarle… para disponer de cierta holgura y flexibilidad.

En la vida real, el dinero facilita llevar “la batuta de la orquesta”, ¡y qué mal llevada puede estar cuando el “director en turno” tiene dinero pero no madurez, ni sensatez, ni auténtica brillantez!

Acuerdos funcionales

En el pasado, los roles definidos de “hombre-proveedor y mujer-mantenida-cuidadora” dejaban las cosas en claro: o te aclimatabas o te aclichingabas; hoy, en un auténtico deseo de transformar los acuerdos económicos, damos “un pasito para adelante y otro medio para atrás”. Pero la marcha está iniciada y difícilmente se detendrá.

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Entonces, ¿cómo ajustarnos desde una verdadera colaboración y una total responsabilidad a esta nueva realidad? ¿Cómo instaurar y defender la democracia en los acuerdos económicos de quienes se acompañan amorosamente? ¿Cómo, en medio de este panorama, logramos mejores acuerdos si, en ocasiones, algunas mujeres separadas y divorciadas están aún condicionadas al trabajo doméstico para recibir la pensión?

Pareciera que un punto clave en el intercambio afectivo sería cuestionar cómo se distribuye la disponibilidad económica, independientemente de cómo se concreten las aportaciones:

  • En algunos casos, uno aporta dinero; el otro, servicios.
  • En otros, ambos aportan dinero y servicios en proporciones diversas, dependiendo de sus ingresos y necesidades.
  • Incluso hay casos en los que uno aporta dinero, sin requerir que el otro se haga cargo de los servicios.
  • Muchos acuerdan “jugar el juego” de te invito-me invitas, te sorprendo-acepto… como algo más bien lúdico, de forma que generan placer y bienestar, más que expectativas rígidas basadas en roles obsoletos.

Las combinaciones posibles son tantas como los estilos de encuentros amorosos y relaciones de pareja hay, pero en todos los casos es la disponibilidad equitativa de los beneficios económicos la condición necesaria para hacer posible una relación solidaria, en la que la autonomía no sea sólo el privilegio de uno.

Nuevos acuerdos económicos

Algunos acuerdos económicos concretos que le han funcionado a las nuevas parejas bien constituidas en este aspecto son:

  • Tener un solo fondo común, al que ambos aporten proporcionalmente a sus ingresos y que usen para gastar en actividades compartidas.
  • Dejar un porcentaje para los gastos individuales de cada miembro de la pareja. Así se permite una cierta independencia para que cada cual sustente sus necesidades básicas y gustos personales.
  • Acordar que el manejo del fondo común lo lleve el miembro de la pareja que demuestre mayores habilidades financieras y disciplinarias al respecto.
  • Quien maneje el fondo debe consultar siempre al otro sobre una inversión extra e informarle periódicamente sobre el estado de las cuentas.
  • Si se elige no tener fondo común, se puede optar por invitar al otro lo que cada quien pueda, con libertad.
  • En ningún momento el que gane más (y quizás aporte más) debe hacer sentir que tiene privilegios en las decisiones y manejo de los recursos.
  • Cuando haya puntos de vista diferentes frente al manejo del dinero, escuchar lo que cada uno piensa y tratar de llegar a acuerdos, donde el resultado sea “ganar-ganar”.
  • Si estos acuerdos no son posibles, busca ayuda especializada, alguien que medie y facilite la solución del conflicto (que no sea un pariente).
  • Cuando alguien está más limitado económicamente por cruzar una etapa de despido, por asumir más responsabilidades económicas en otras áreas, por incapacidades físicas, etcétera, el otro puede apoyar en la medida de lo que quiera sin tener la obligación de resolverle al otro sus problemas, pero sí con la conciencia de que a veces toca solidarizarse.

El tema del dinero casi siempre genera diferencias, a veces por exceso, a veces por insuficiencia… así que, por si las dudas, aprovecha tu momento de soltería para garantizar cierta autonomía económica y, antes de elegir pareja, echa un vistazo al manejo financiero de esa persona con quien te quieres vincular.

Hablar de dinero implica tirar viejos significados y derribar tabúes, pero es también una manera de desenmascarar las múltiples hipocresías en las que estamos atrapados los hombres y las mujeres. Es una oportunidad fundamental de atrevernos a disfrutar con plenitud de un intercambio más libre, más creativo, más enriquecedor y, sobre todo, más solidario.