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¿Para qué sirve el orgasmo?

La ciencia lleva años preguntándose sobre el origen del orgasmo femenino, pero sobre todo siempre predomina el cuestionamiento acerca de qué función tiene además del placer.

Durante siglos se consideró que el sexo era un medio para un único fin: la reproducción de la especie. Cualquier otro asunto relacionado, como el placer recreativo, se concibió como un mero incentivo para tan importante cometido.

Por los estudios anatómicos sabemos que el clímax sexual en los hombres, que culmina en la eyaculación, cumple una función determinante: la concepción, porque el semen es el portador de la progenie; sin embargo, no pasa lo mismo con el placer femenino, pues al parecer no hay estudios contundentes que comprueben el vínculo entre el orgasmo y la reproducción.

Un objeto histórico

A lo largo de la historia, la aparente falta de relación entre el orgasmo y la reproducción femenina se utilizó como argumento para afirmar la inferioridad de la mujer frente al varón. De hecho, Aristóteles decía que las féminas experimentaban un goce completamente inútil y que sus fluidos no tenían “espíritu y fuerza vital”. No obstante, Galeno consideró que sí tenía un papel relevante, pues el “semen femenino” excitaba a la mujer, abría el cuello del útero y se mezclaba con el del hombre para lograr la fecundación.

Así pasaron los años, discurriendo entre ambas escuelas, hasta que en los siglos XV y XVI se convino que si bien el goce no era una condición necesaria para la fecundación, sí lo era para su perfeccionamiento, una idea que sigue presente en nuestros días. Incluso se decía que los niños que habían sido concebidos con placer sexual femenino eran más saludables y perfectos que los que no.

La ciencia del orgasmo

En las últimas décadas, los científicos han aportado varias teorías sobre el orgasmo femenino, señalando, por ejemplo, que éste provoca que las mujeres tengan más sexo para reproducirse o que escojan a hombres más fuertes y sanos, maximizando así sus oportunidades de supervivencia. Sin embargo, investigaciones recientes han desmitificado algunos de los postulados más arraigados.

El agotamiento y la gravedad

En 1967, el zoólogo Desmond Morris propuso la teoría de que el orgasmo femenino tenía la función fisiológica de mantener a la hembra horizontal tras la cópula, por medio del agotamiento. Sin embargo, Elisabeth Lloyd, investigadora del Kinsey Institute for Research in Sex, Gender and Reproduction, desmontó esta explicación adaptativa basándose en un argumento clave: si la postura idónea para que la mujer alcance el clímax, según está demostrado, es mientras ella está arriba, ¿no provocaría eso que la gravedad drenara el esperma?

La succión femenina

En 1984, Robert Smith introdujo una de las tesis más aceptadas con respecto a la existencia del orgasmo femenino, en la cual asegura que las contracciones que suceden durante el clímax favorecen la concepción, pues ayudan a retener el esperma dentro del útero.

De nueva cuenta, Lloyd expuso que los datos de dicho estudio estaban sesgados y que no había una evidencia clara sobre cómo el orgasmo femenino favorecía el éxito reproductivo, por lo que no era posible generalizar.

Favorecer la ovulación

En 2016, Gunter Wagner y Mihaela Pavlicev publicaron una investigación sobre el origen del orgasmo femenino, en la cual exponen que en algún momento de la evolución el orgasmo tuvo la función de desencadenar la ovulación.

Lloyd concluye que, de momento, la ciencia no ha brindado una explicación válida que arroje luz sobre la funcionalidad biológica del orgasmo femenino.

¿Un solo momento?

Quizá una de las posturas más convincentes ante la pregunta ¿para qué sirve? es la propuesta del antropólogo Donald Symons, quien menciona que el orgasmo femenino es simplemente un artefacto “de diversión”; prueba de ello es el clítoris, un órgano cuya función está relacionada con el placer. Así que, si hay que escoger una explicación, podemos simplemente decir que a veces un orgasmo es simplemente un orgasmo.

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