Opinión / Sexualidad

Ojalá lo hiciera como mi ex

Descubrir esas pequeñas cosas, como si está circuncidado o no, si estás depilada o no, si tiene lunares o cicatrices. Sentir el peso de su cuerpo sobre el tuyo. Descubrir si embonan. Cuánto dura el juego previo. Si la excitación te hará lubricar. Si su erección será rígida. Un sinfín de cosas.

Tal vez no sean preguntas tan específicas las que pasan por nuestra mente. Pero, aunque uno no lo desee, aunque nos digamos que no las haremos, siempre vienen las comparaciones. Las terribles y odiosas comparaciones. Porque, de entrada, es posible que no salga bien parado (es decir, sí, pero de otra forma). Sobre todo si vienes una relación larga. Tal vez tu ex ya sabía cómo hacerte llegar al orgasmo. Conocía los botones que debía apretar. Y es como comenzar de cero.

Claro, puede pasar lo contrario: que te guste más la nueva experiencia. Pero siempre habrá algo que te guste más del anterior. Y la nostalgia aflorará.

En mi caso, puedo decir que de Mario me encantaba el sexo oral. No sé cómo demonios lo hacía, pero era perfecto. A diferencia de Luis que, cuando comenzaba, prefería decirle que ahí la dejáramos y que mejor se dedicara a penetrarme. De perrito, por favor. La especialidad de la casa. Cuando estuve con Fernando, lo mejor sucedía cuando yo estaba arriba. Me encantaba tener el control total de los movimientos hasta el punto de explotar.

Algunos han destacado por ser más arriesgados; mientras que otros por su timidez, aunque lo compensaban de distintas y especiales maneras. Pero todos tenían algo especial, algo que los hacía cogibles. Algo que siempre extrañaré y recordaré con cariño. Si pudiera crear a mi amante perfecto, lo haría con cada una de sus fortalezas a la hora de coger. Sí, es utópico. Y mientras esto no se pueda realizar, soy feliz con lo que tengo y trato de guiar a mi pareja a esa perfección. Porque, al igual que ellos, no soy esa chica ideal.

 

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