Nostalgia de verano | S1ngular
Opinión

Nostalgia de verano

Tiempo de verano, ¿cuántas cosas suelen pasar? ¿Quién no tiene en su vida algún verano que recordar? Yo recuerdo innumerables y calurosos veranos de mi infancia: qué simple y qué bella era la vida entonces… esos días dulces en casa de mi abuela, cuánta ternura me brindó y con cuanto cariño me cobijó siempre.

Cuántos sueños imaginé sentada en aquel porche junto al viejo naranjo. Pasaba las tardes jugando en el jardín; salir de compras, tomar en la esquina el viejo autobús que nos llevaba “al otro lado” como mi abuela decía, sólo nos dividía un puente, un puente para llegar al paraíso. Al llegar pasábamos el día caminando entre tiendas, un juguete por aquí, una nieve por allá, comprar telas, estambres y al caer la tarde de regreso a la casa en donde nos esperaba mi abuelo que siempre nos recibía con una sonrisa, con su cariño de siempre y esa candidez del hombre sencillo y bueno que siempre fue; con sus innumerables anécdotas y chistes. Sabía de historia con gran exactitud, y como no hacerlo si en carne propia la vivió! Me contó mil y un anécdotas que no olvido ni olvidaré, mi gusto por la historia comenzó junto a él.

«Mi gusto por la cocina se lo debo a mi abuela, como un tributo al amor que siempre me otorgó».

Justo hace unos días pensaba en eso, nada es gratuito, parte de lo que somos y anhelamos lo aprendimos en nuestra más tierna edad. Mi gusto por la cocina se lo debo a mi abuela, como un tributo al amor que siempre me otorgó.

Recuerdo el sonido de la cafetera en las mañanas y el maravilloso olor del café al despertar. El olor del comino en la cocina y ver las manos de mi abuela siempre activas, siempre haciendo creaciones culinarias, creaciones de amor, ni todas las estrellas Michelin juntas del mejor restaurante han logrado nunca igualarla, y no porque fuera una experta cocinera, sino porque su cocina me transmitía amor y el amor es lo que se graba en la memoria y nos hace pensar que somos seres privilegiados y únicos.

¡Anécdotas hay tantas que contar! Por ejemplo, la visita diaria de mi tío Héctor que desde la cocina me saludaba con esos ojos tan llenos de ternura y de bondad, “Rosinita Bailarina” me decía… Mi tía Rosa y su manera tan positiva siempre de ver la vida, mi primo Jorge Carranza, “Tote Taranza” como se decía el, mi compañero, cómplice y amigo —junto con mi hermano Javier— de mil y una aventuras, lo llevo siempre en mis recuerdos.

Las amigas, los primos, el primer novio con aquella vieja sudadera azul que yo distinguía en la lejanía y mi corazón palpitaba con emoción…la familia, la feria, las tardes de cine, las visitas diarias de amigos y familiares que llenaron mi vida de alegría y que siempre recordare con gratitud.

El tiempo ha pasado y (sin querer) la vida nos ha ido alejando. Yo no he regresado en mucho tiempo a este lugar, un poco por la vida misma y otro tanto por la enorme nostalgia que tantos recuerdos me trae… Pero sin duda, los veranos de la infancia en la calle Padre de Las Casas serán momentos que nunca olvidaré.