Psicología

Los don’ts del divorcio con hijos de por medio

La mayoría de los divorcios no son nada sencillos, se combinan muchos aspectos complejos (legales, emocionales, entre otros) que lo hacen mucho más difícil de sobrellevar. Además, un aspecto muy importante a discutir cuando se disuelve un matrimonio son los hijos. Pero no sólo quién ganará la custodia, cómo será el arreglo de las visitas, con quién pasarán fechas importantes, y un largo etcétera que pierde de vista un aspecto mucho más importante e inmediato: cómo vivir el proceso de divorcio junto con ellos.

Es un hecho que cuando una pareja se divorcia la relación familiar se transforma (de nosotros depende que así sea y que no se desintegre), pero también es un hecho que cada uno de los padres representa para los hijos confianza, amor, seguridad, lealtad y muchas más cosas, por lo que en este proceso no hay que dejar de otorgarles estas cualidades que ayudan a su bienestar y tranquilidad. Como padres (incluso separados), tenemos la responsabilidad de ver por nuestros hijos y eso incluye pensar antes que actuar. Recordemos que ciertos comportamientos pueden ser mucho más dañinos que el divorcio mismo; por ello, evitemos lo siguiente para prevenir caer en ciertas actitudes o comportamientos que quizá nosotros, inmersos en el proceso, no vemos, pero que dañan mucho a nuestro hijos y la relación que tenemos con ellos en el presente y que podamos formar en el futuro. 

Jamás los involucres en los problemas que haya entre tu pareja y tú (incluso estando casados esto debe evitarse)

¿Por qué?

Aunque entendemos que no hay modo de que pasen inmunes todo el proceso, sí existe la posibilidad de mantenerlos más al margen de cosas que no les competen, como: convertirlos en “papás” de sus propios padres, buscando que ellos los aconsejen y los apapachen, ni tampoco usarlos como elemento de venganza o chantaje.

En la medida de lo posible, no hay que hacerlos parte de los pleitos legales

¿Por qué?

Porque esto les genera ansiedad y estrés innecesarios. Sólo en algunos casos específicos es inevitable que ellos se involucren en esto, pero, mientras esté en tus manos, evita que tengan que vivir esa parte del divorcio. Suficiente es con lo que tienen que renunciar, modificar y aceptar.

«Ellos no decidieron divorciarse, ni mucho menos tienen que elegir entre uno y otro: ambos, separados o no, son sus padres».

Por favor, nunca los utilices como mensajeros, ni los fuerces a tomar partido.

¿Por qué?

Esto es algo que ocurre más seguido de lo que quisiéramos. Creemos que ser una especie de intermediario es una de las tareas de nuestros hijos, pero no, al contrario, esto no les compete. Todo lo relacionado con el divorcio tiene que verse estrictamente entre los adultos que tomaron esa decisión. Tampoco hay que ponerlos entre la espada y la pared, obligándolos a que tomen partido. Ellos no decidieron divorciarse, ni mucho menos tienen que elegir entre uno y otro: ambos, separados o no, son sus padres. 

Salvo algunos casos en que es necesario (por diversas razones), si está en tu poder, no obstaculices o impidas la relación con uno de los padres

¿Por qué?

Porque nuestros hijos necesitan la presencia de ambos y porque manejar las cosas de manera mucho más cordial fomenta una actitud de acuerdos, negociación y armonía en ellos.

Aunque estés inmerso(a) en todo lo que involucra el divorcio, evita dejar de prestarles atención a sus hijos

¿Por qué?

Sí, es muy importante observarse y estar bien consigo mismos, pero a la par necesitamos también atenderlos y procurarlos a ellos, quizá aún más que antes debido a que se encuentran más vulnerables. La atención y el amor constantes son clave en el bienestar de todas las partes involucradas en este proceso tan complejo y doloroso.

Ni tú ni tu familia critiquen al otro frente a ellos

¿Por qué?

Aunque no siempre nuestros hijos nos hagan ver o nos manifiesten que eso les molesta, eso no quiere decir que no les afecte. Cualquier comentario, desahogo o aspecto negativo relacionado con el divorcio es mejor hablarlo aparte. Apóyate mejor en la familia, los amigos o conocidos que hayan pasado por algo similar.

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Ojo con hacer comentarios que favorezcan el sentimiento de abandono

¿Por qué?

Si de por sí los hijos están enfrentándose a una situación de la que, la mayoría, se sienten “culpables” (hay que dejarles claro que no lo son y reforzarles esto), echarles más al saco alimentando sentimientos negativos no genera una buena convivencia y tampoco una noción adecuada de la situación. Lo que haya sido entre los adultos, que se resuelva entre ellos, pero es completamente innecesario echar mano de frases como: “Tu papá, que no se ocupa de ti…”, “Tu mamá que ha roto nuestra familia”. El sentimiento de abandono puede traerles consecuencias muy dañinas en sus relaciones futuras como adultos, así que mucho cuidado en alimentar esto.

No les mientas

¿Por qué?

Es mejor darles explicaciones sobre lo que está ocurriendo (usando aspectos positivos), siempre con la verdad. Incluso cuando les tengan que explicar asuntos más complejos, como el porqué está pasando todo eso y por qué no todo puede volver a ser como antes, es mejor que busques la forma de hacerlo en lugar de mentirles. No hay que subestimar a los hijos: sí son capaces de poder manejar, a su propio ritmo, lo que les digas.

Demuestra respeto por el otro

¿Por qué?

Por difícil que pueda ser para algunos, siempre hay que ser respetuosos con el otro. Además de que esto ayuda a fomentar una buena actitud en nuestros hijos frente a cualquier problema, también les enseña que, aunque no compartas con el otro lo que dice o hace, siempre hay que buscar llegar a acuerdos de manera respetuosa. No olvidemos que todo el tiempo nuestras acciones y palabras son ejemplo a seguir para nuestros hijos. Por ello, hay que buscar, en la medida de lo posible, sacar lo mejor de nosotros mismos incluso en las peores situaciones.

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