Leer estas páginas, es recorrer el camino de la transformación. Es también, atestiguar un deseo constante por pertenecer al mundo, uno de rechazo y hostigamiento. Es la historia de Saúl, primero, y la de Morgana, después: es la historia de los dos en la que solo uno sobrevive. En el cuerpo correcto, son las memorias de una cantante transgénero.

“Si en esta historia no se la pongo fácil a todo el mundo, es porque tampoco ha sido fácil para mí.” El relato, comienza con advertencias claras. La autora y protagonista, alerta al lector de que este libro no es para quienes solo hay blanco y negro, luz y oscuridad, azul o rosa. En la vida de Morgana hay matices importantes que no dejan espacio para las categorías cerradas. Y aún, si el libro cae en las manos de alguien que piense lo contrario, tal vez su concepción del mundo cambié un poco después de las 336 páginas. Por lo menos esas son las intenciones.

La portada y el tono de la narrativa, dan la sensación de tener entre las manos un libro de autoayuda. Sin embargo, el relato de Morgana toma cierta distancia de ellos al plantear un tema del que la sociedad habla poco y para el que los oídos sordos, sobran. Si bien la transexualidad ha saltado al debate público en los últimos años, la incomprensión y la falta de información, le mantienen en el universo del tabú.

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En ese sentido, el libro traspasa la línea de ser una autobiografía íntima –intimísima– para ser la ventana a la realidad de una minoría sexual, sus retos y sus etapas de angustia en contextos adversos, pero también, la presunción de sus logros, sus hazañas y, por qué no, de los sueños. El de ella, por ejemplo, la posibilidad de pisar los escenarios a través de su talento como soprano y sus estudios en música clásica.

Es un viaje significativamente doloroso al pasado. La autora se adentra en la caverna de su infancia para, como ella misma señala, “bucear en aguas profundas, meterme a sacar todos mis recuerdos, los más dolorosos, los más extraños, los que me daban más vergüenza y hubiera querido olvidar”.

A quien el lector conoce primero es a Saúl. Lo acompaña al colegio y lee páginas de acoso, rechazo y agresión. Podemos ver al pequeño de seis años frente al espejo colocarse en el rostro el maquillaje que hurtó a su madre, mientras sueña con ser una mujer, una -tal vez- como la que es hoy Morgana, quien, como lo relata en esta biografía y en el documental Made in Bangkok de Flavio Florencio, después de un proceso de hormonización y una cirugía de reasignación de sexo, está En el cuerpo correcto.