S1NGULAR

Las etapas de la vida (explicadas a través de un pastel)… ¡aprende a disfrutar de todas!

Cuando reflexionamos sobre nuestra vida o cuando hablamos sobre ella, existe una tendencia a polarizar las emociones, las vivencias, las relaciones… etcétera. Casi siempre lo vemos demasiado bueno o demasiado malo y decimos cosas como: “estoy extremadamente contento”, “me siento miserable”, “estoy mega depre”, “no quepo de la felicidad”. Vamos del blanco al negro como si no quisiéramos que las áreas grises “mancharan” nuestra felicidad.

Lo mismo sucede con las actividades en nuestra vida: nos cuesta trabajo equilibrar nuestras prioridades, tendemos a irnos a los extremos; si tenemos pareja, todo el tiempo se lo dedicamos a él o a ella: no existen amistades ni familia (sobre todo al inicio de la relación). Si de trabajo se trata, hacemos lo mismo, nos volvemos adictos: trabajamos largas jornadas y pareciera que lo único que nos compete es ganar dinero y “ser alguien”. Y en el plano social y de diversión nos pasa un poco igual.

«Ser equilibrado suena increíble pero ¿cómo le hago?»

Sin embargo, hay que aprender a diversificarnos para sacarle partido a cada una de las etapas y áreas de nuestra vida. Podemos tener etapas en donde salir a ligar, cenar, desarrollados profesionalmente  y cumplir con todos los compromisos sociales que tenemos. Lo importante es buscar el equilibrio para encontrar la paz (eso es lo que constantemente escuchamos por todos lados y leemos en infinidad de “memes” que saturan las redes sociales), ser equilibrado suena increíble pero ¿cómo le hago?

Alguna vez escuché una manera muy fácil de explicar (y entender) este equilibrio en nuestra vida: hay que verla como un pastel en donde cada rebanada es una actividad o interés diferente, así todas las rebanadas deberán ser cortadas de la misma manera y tamaño. Hay que saber disfrutarlas todas.

Ahora bien, para que esta idea funcione, tenemos que comenzar por entender, valorar y amar lo que somos, entender que por más que queramos no podemos ser un sabor distinto al que somos, por la aceptación y reconocimiento de nosotros mismos es importantísimo.

«No se trata de cortar las rebanadas a lo loco, que sean parejas y entregarles a cada una el mismo tiempo y darles el mismo valor».

Sucede también que pretendemos que a todo el mundo le encante el sabor de nuestro pastel (léase personalidad) y en el camino, estamos dispuestos a ceder y sacrificar incluso nuestros deseos más profundos. Hay que tener muy claro que para eso existen miles de sabores en la vida, para que cada quien elija el que más le agrade o el que se le antoje en el momento, pensar que siempre vas a derretirte por un pastel de chocolate, sin que alguna vez le seas infiel con el de zanahoria, me resulta imposible de creer. Con lo anterior quiero decir que en el transcurso de nuestra vida vamos a ir seleccionando sabores que complementen nuestras propias rebanadas, y vuelvo a recalcar –complementen- porque existe una tendencia no muy natural a exigir que los participantes de nuestra vida, se conviertan en ti.

Ya sabemos, no vamos a cambiar el sabor, podemos mejorarlo, no se trata de cortar las rebanadas a lo loco, que sean parejas y entregarles a cada una el mismo tiempo y darles el mismo valor, porque una sin la otra no es una pastel completo y a nadie nos gusta que nos vendan algo a medias.