Bienestar / Psicología

Las 5 fases de duelo en el amor

No muchas veces se está preparado para que la persona de quien estás enamorado te anuncie la mala noticia de que ya no existe ningún tipo de interés romántico o sexual entre ambos. El impacto de este acontecimiento puede generar en ti uno de los sufrimientos emocionales más profundos y perturbadores que puede soportar una persona: el desamor.

Estas emociones pueden afectar tus hábitos cotidianos, como comer, dormir, concentrarte o funcionar adecuadamente en tu vida laboral, académica o social. Por ello, en ocasiones puede resultar perturbador lo que podemos llegar a hacer con tal de evitar sufrir una pérdida amorosa: somos capaces de exponernos a cometer arrebatos que nos impiden resolver un proceso de duelo y es peor si no fuimos nosotros quienes elegimos la separación.

El duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida. Hay que valorar su importancia y traspasar el dolor y la frustración. El proceso de duelo posee al menos cinco fases y su duración depende de la cultura y la historia previa de la persona que se considera abandonada.

1. Negación

Pensamos que se trata de un error, que no puede estar ocurriendo, es algo que no estaba previsto. La primera etapa se caracteriza por incredulidad ante una nueva realidad, consiste en un intento de autoprotección contra el dolor y contra la fantasía de sufrir.

Se requiere de un gran esfuerzo adaptativo para vivir sin la pareja, el cerebro entero debe de reconfigurar sus conexiones. Mientras éste realiza esta actualización, podemos considerarnos discapacitados física, emocional y cognitivamente. Nuestro cerebro necesita del tiempo y de las condiciones adecuadas para realizar este trabajo. Cuando se consigue traspasar esta etapa de incredulidad, entonces podemos llegar a intentar negociar esta decisión.

2. Negociación

La antropóloga Hellen Fisher ha denominado a esta etapa como fase de protesta, en la cual los amantes abandonados intentan obsesivamente recuperar su relación. Cuando te empiezas a dar cuenta de que la persona a quien amas está pensando en terminar la relación, generalmente entras en un estado de intensa inquietud. Invadido por la añoranza y la nostalgia, entonces dedicas tu tiempo, energía y atención a la persona que está a punto de abandonarte.

Se cree que la reacción de negación y protesta está asociada con niveles elevados de dopamina y de norepinefrina, mismos que incrementan el estado de alerta y estimulan a la persona abandonada a buscar y reclamar ayuda. Sin embargo, después de haber llorado, irremediablemente, llega un momento de ira.

3. Ira: La furia ante el abandono

El intento de recuperar al ser amado, la necesidad de él, la ansiedad ante la separación y el pánico por la inminente pérdida son reacciones que tienen un sentido. Muchas personas pasan de sentir pena a experimentar un sentimiento de ira incontenible, ¿por qué? Debido a que tanto el amor como el odio se encuentran estrechamente ligados en el cerebro humano, los circuitos primarios del odio/furia atraviesan la región cerebral conocida como amígdala y llegan hasta el hipotálamo, prolongándose hacia otras áreas del cerebro. Y, cuando comenzamos a darnos cuenta de que una recompensa esperada es inaccesible, los centros de la corteza cerebral prefrontal envían señales a la amígdala y desencadenan la furia.

El amor romántico y la furia del abandono se encuentran íntimamente conectados en el cerebro y tienen muchas características en común: ambos están asociadas con la excitación corporal y mental; ambos producen una energía excesiva; ambos nos inducen a centrar obsesivamente nuestra atención en el ser amado; ambos generan conductas dirigidas a unos objetivos y ambos producen un intenso anhelo, ya sea de unión con la persona amada o de venganza hacia el amante que nos abandona.

4.Depresión

En diversos estudios realizados a hombres y mujeres rechazados por su pareja se ha identificado que un porcentaje significativo experimenta sintomatología clínica que corresponde a un episodio depresivo mayor, una fase que se caracteriza por un estado de ánimo francamente abatido y que no sólo es identificada por la persona afectada, sino es visible ante los demás. En esta etapa se puede experimentar una marcada disminución del interés en actividades que anteriormente generaban placer; además de pérdida significativa de peso o incremento/disminución en el apetito; insomnio o somnolencia excesiva; agitación o retardo psicomotor; fatiga y sentimientos de culpa.

El estado de depresión en este proceso de duelo es una señal sincera y creíble de que algo se encuentra terriblemente mal. Es importante que en el momento en que estos síntomas afecten la calidad de vida, las relaciones sociales, de trabajo y otras áreas del funcionamiento psicosocial, se busque ayuda para sanar lo que está perturbando nuestro sentir, y es preferible que se lleve a cabo el duelo de la mano de un especialista, ya que, cada persona procesa el dolor de forma distinta.

5. Aceptación

Se puede decir que un duelo se ha completado cuando somos capaces de recordar a esa persona sintiendo poco o ningún dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin él o ella, sin eso que no está. Cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en nuestra vida presente y en lo que existe alrededor.

 

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