La vida de mis hijos, ésa donde no hay un camino único | S1ngular
Opinión

La vida de mis hijos, ésa donde no hay un camino único

Ya tengo mis añitos, pero aún recuerdo un programa de televisión de mi niñez que daba “clasecillas” de moral e instruía sobre “lo que no se debía hacer”. A mí me daba entre miedo y culpa porque aparecía un diablito que te aconsejaba “feo” y un angelito que te decía cómo seguir el camino del “bien”. Hoy me río de imaginar a mis hijos, millennials los cuatro, viendo la simplicidad de lo que allí se planteaba en términos de decisiones de vida y de dilema moral. ¡Nada que ver con lo que enfrentan hoy mis criaturas!, las que les siguen a ellos y de pasadita los de generaciones anteriores que no sabemos bien pa’dónde jalar.

A mis 15 años se suponía que si hacías lo que te decían, conseguirías lo que querías. Pero ahora no hay caminos únicos, respuestas certeras ni verdades absolutas. Y si bien lo ético estará por siempre, los cuestionamientos presentes rebasan lo “moralino” de antaño y se instalan en el mundo de lo diverso y de la complejidad. Más allá de “lo que no se debe hacer”, un sin fin de quimeras entran en el territorio de las posibilidades reales.

Un mundo que nos pinta asequible tooodoooo lo que deseamos, te hace darte de topes ante la dificultad de conseguir lo que en un pasado reciente parecía conquistado. No se puede elegir con facilidad una carrera profesional porque hay 2000 opciones a escoger, difícilmente se puede sostener una relación longeva teniendo las largas vidas que ahora se pueden gozar, también hay pocas opciones de trabajos eternos en un mercado laboral salvaje y, por supuesto, no se puede asegurar que los hijos nos van a cuidar cuando uno esté viejo.

¡No se puede estar al 100 en una reunión, porque mientras cenas te invitan por chat a tantas otras fiestas más!

Andrés, mi tercer hijo, me compartió una reflexión que estaba fuera de mi alcance mental cuando me casé: “Madre, pensaba el otro día que, si quiero tener hijos, que aún ni siquiera sé, tendré que elegir a una mujer (más allá de que me guste y la quiera) con quien pueda formar un equipo de padres para toda la vida, muy aparte de lo que pueda durar nuestra relación”. ¡Uf, uf… pues síiiii! Y yo que el tema lo sé de memoria, con esa confesión comprobé que hoy los chavos y “treintichavos” observan cosas que ni de forma remota estaban en mi haber mental.

Y de estos ejemplos tengo miles (con mis hijos, con pacientes y en mi vida personal).

Pues bien, cómo no entender a los millennials y a sus contemporáneos que miran tanto y quieren todo. Yo me maravillo de lo que estamos viviendo (esto es lo que tenemos y con esto es con lo que podemos bordar). Por supuesto que por ratos me mareo un poco ante la infinidad de opciones y dudas que te presenta la vida moderna, pero tampoco paro (ni pararé) de soñar.

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