La religión del body shaming | S1ngular
Bienestar

La religión del body shaming

Mucha cadera, copa A, piernas delgadas, ojos oscuros, espalda ancha, orejas puntiagudas y la uña del pie “rara”. Piensa qué es lo que no te gusta de tu cuerpo; ahora piensa ¿por qué? ¿Qué o quién te ha hecho creer que no es perfecto?

Sentir vergüenza por cómo o quién eres (body shaming) no es un sentimiento innato, sino producto de nuestra cultura.

Sin considerar la época de la prehistoria en la que todos usaban taparrabos y la atracción física respondía casi enteramente a la capacidad de reproducción que el cuerpo reflejara (caderas anchas, pechos grandes, hombres altos y fuertes), ¿alguien recuerda otra momento de la historia en la que la gente no comparara su cuerpo con el estereotipo marcado como “ideal”?

La mayoría de las personas se esfuerza todos los días por salir a la calle, lidiar con los prototipos de belleza establecidos, mantener el amor propio y, sí tiene suerte, transmitir seguridad en sí mismos; lo cual es bastante fácil perder de vista si estamos inmersos en las responsabilidades diarias. “¿Qué hay de malo en burlarse por un momento de los ‘defectos’ de alguien más miento veo mi timeline de Facebook?” “¿Qué hay de malo en exponerlo y agregar un comentario ‘gracioso’?”

Es sano tener un criterio propio y una opinión sobre el estilo de los demás, lo que resulta nocivo es olvidar que muchas de estas “imperfecciones”, sobre todo cuando se tratan de algo físiológico, dependen de algo incontrolable como los genes. Más allá de lo grave que es aprobar vivir en una sociedad que tiene el derecho de desacreditar y humillar públicamente a cualquier persona, vale la pena considerar cuánto participamos en ello y qué tanto de las críticas que recibimos son provocadas por las mismas acciones que fomentamos.