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La primera vez de una gorda

Hay gordas que perdieron su virginidad a los 13 años, como si nada. Para mí, significó derribar miedos y creencias falsas que tenía catalogadas como verdades absolutas.

Mi historia no es la de todas, pero seguramente es la de muchas.

Toda la vida me dijeron que no iba a poder estar con un hombre hasta que adelgazara. Nunca le iba a gustar a nadie hasta que bajara esos kilos de más. ¿Quieres tener novio? Entonces, deja de comer para que estés flaca y encuentres a alguien que te ame. Una era consecuencia de la otra: bajar de peso para hallar el amor.

Así fui por la vida condenada a nunca tener una vida amorosa y mucho menos sexual, hasta que descubrí que aquella idea era una mentira.

Pocos días después de empezar un nuevo trabajo conocí a un hombre que se me lanzó de inmediato.

Él tenía pocas semanas viviendo en la Ciudad. Un día salimos a un bar con otros compañeros y, al final, nos quedamos solos, coqueteando. Me invitó a ir a su casa y acepté de inmediato. Me gustaba muchísimo y nadie nunca me había insinuado que quisiera algo físico conmigo, así que no podía dejar pasar la oportunidad.

En cuanto llegamos a su departamento, me besó y me desnudó de inmediato. Las luces estaban prendidas y mi cuerpo, aquel que toda la vida me había avergonzado, estaba al descubierto. Yo esperaba que me mirara con repulsión y se arrepintiera de haber llevado a una gorda a su cama, pero no fue así. Miró mis curvas con deseo, apreció cada uno de mis defectos (esos que había aprendido a odiar, mis lonjas, mis estrías, mi celulitis) y me besó completa.

No podía creer lo que estaba sucediendo. Y es que no sólo fue la gente quien me decía que no podría estar con alguien por mi físico, me lo aseguraban las revistas de moda, las comedias románticas de Hollywood, la industria de la dieta y hasta los catálogos de lencería en los que los negligee son sólo para mujeres delgadas.

Jamás creí posible que mi cuerpo fuera objeto de deseo de nadie. Pero por primera vez en toda mi vida, a través de los ojos de otra persona, vi lo hermoso que era. No era perfecto, pero era bello y podía provocar la misma pasión que uno delgado.