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La Habana vieja bajo cuatro miradas 2

Segunda parte, ¿te perdiste la primera? vela aquí.

Exploramos la capital cubana a través de su gente: un grupo de músicos, un vendedor ambulante, unos caseros, y una pareja de bailarines nos hablan sobre su vida en la isla.

Pedro González, vendedor de carteles, libros y antigüedades / fotógrafo

Plaza de Armas, Habana Vieja

Alrededor de la Plaza de Armas, jóvenes y mayores acomodan diversos objetos sobre una mesa o un estante con la esperanza de robar la mirada de los turistas y atraerlos para comprar. Todos venden antigüedades. Es posible encontrar viejas ediciones de libros de Ernesto Guevara y otros héroes de la revolución, así como novelistas y narradores cubanos e internacionales que nunca imaginarías poder hallar en ese rincón del país. También venden monedas y billetes de la época revolucionaria y viejas cámaras.

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Resulta difícil resaltar entre los diferentes vendedores, cuando sus ofertas son tan similares. Algunos tienen la fortuna de contar con objetos únicos, los demás tienen que resaltar por ser buenos en su trabajo.

Pedro González pronto notó que tenía que resaltar de algún modo y él eligió su amor por los idiomas como su mejor aliado. A través de estudios en escuelas privadas de idiomas, aprendió a hablar inglés, italiano y francés, además de su lengua materna, el español. “Eso me ha ayudado a tener mejor posibilidad de trabajo, porque me puedo comunicar mejor”, explica.

Pero éste no es el primer trabajo de Pedro. “Lo rico que tiene Cuba es que hay una situación que te hace hacer de todo”. Antes de estar aquí, trabajaba como cocinero en el sector hotelero. También, durante sus años más jóvenes, se arriesgó con trabajos ilegales.
En aquella época no estaba permitido utilizar divisas estadounidenses ni comprar productos de allá. Pero un amigo lo invitó a vender ropa que había llegado a la isla de manera ilegal. “Si te agarra la policía, ¿cómo le explicas de dónde sacaste la ropa y que se adquirió con dólares?”, dice.

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Para su mala suerte, tuvo que enfrentar esta pregunta en persona. No le fue mal. Tenía tan sólo 18 años y decidieron dejarlo ir.

Magdalena y Rafael Abreu, renta de departamento.

Calle Villegas, frente al Parque de Cristo

Tras su retiro, Magdalena y Rafael Abreu escucharon de la posibilidad de habilitar su casa como un espacio para recibir huéspedes. Ambos reciben dinero de su retiro, sin embargo, la entrada no es suficiente. “Hacemos esto para luchar por la vida”, indica Magdalena.

«Hay un acercamiento por parte de los turistas para conocer cómo vivimos»

Rafael trabajó como oficial de la Marina cubana, lo que le permitió viajar bastante y conocer bien su país. Ahora quiere que, quienes visitan La Habana, tengan también la oportunidad de conocer cómo viven ellos, y tener la experiencia desde adentro, y no desde la comodidad de un hotel. “Hay un acercamiento por parte de los turistas para conocer cómo vivimos”, dice.

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Curiosamente, la mayoría de sus huéspedes, desde que comenzaron con este negocio hace un año, son estadounidenses. Aunque la pareja no habla inglés, logra comunicarse con sus huéspedes internacionales. “El mejor inglés que hay es el de las señas”, considera Rafael.
El éxito de su interacción fue tal que Troy, uno de sus visitantes norteamericanos, decidió dar de alta el espacio en Airbnb. Como en Cuba el internet es muy limitado, Troy administra el sitio y les avisa por teléfono cuándo van a llegar huéspedes a la casa y también les transfiere el dinero.

Además de la entrada adicional, lo que más disfruta la pareja es conocer a personas de otros lados, y enseñarles que Cuba no es necesariamente la vieja isla que todo mundo cree allá afuera.

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