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La gordofobia o el falso derecho a joder

Tengo 29 años y he sido gorda prácticamente toda mi vida. Durante algunas épocas lo he sido menos que en otras, pero, en resumidas cuentas, siempre he estado por arriba de lo que debiera pesar. Como la gorda que he sido siempre, he escuchado toda clase de burlas, soy experta identificando las miradas juzgonas, e incluso he aprendido a esquivar los comentarios bien intencionados que terminan en un incómodo insulto, como el clásico “estás bonita de la cara”.

¿Por qué a las personas les inquieta tanto el peso de otras personas?

La respuesta no es sencilla ni corta ni única, pero al menos existe una palabra para nombrar eso que mueve a algunos a desaprobar la apariencia de un obeso: “gordofobia”.

El legítimo pretexto para meterte conmigo

La gordofobia, en el sentido más riguroso del término, es el miedo irracional a los gordos, a ser uno o a interactuar con uno. Entiéndase “miedo” no como pánico, sino como preocupación o un interés negativo.

La gordofobia se origina en la obsesión contemporánea de estar delgado. “Desde siempre los estándares de belleza han estado muy relacionados con lo que se percibe como saludable. A nivel social, una persona atlética se considera actualmente mucho más atractiva y simboliza todo eso que debiera ser”, explica Mario de Dios Yepez, psicólogo del Grupo Monte Fénix.

Ser delgado hoy es sinónimo absoluto de belleza, pero también de salud y de equilibrio emocional.

Ser gordo, explica el especialista, sería entonces lo opuesto. El sobrepeso y la obesidad equivalen a holgazanería, descuido personal, falta de autocontrol, conformismo, pero, sobre todo, enfermedad. El estudio “La relación de la obesidad con el empleo y los salarios en México”, de Raymundo Campos, revela que los mexicanos ganan hasta 17% menos debido a su índice de masa corporal.

Los kilos y la talla no importan, el peso no indica salud, sino el nivel de grasa

Y es que tener muchas pecas, o una nariz aguileña o una gran estatura no aumenta el riesgo de padecer hipertensión y diabetes, en cambio, el sobrepeso y la obesidad sí. Por eso la gordura no es sólo una característica física y por eso la salud se ha convertido en el pretexto perfecto para señalar, hostigar y discriminar a gordos.

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Esa subespecie humana llamada “gordos”

Hay muchas creencias falsas sobre lo que implica ser gordo. Todas éstas, irónicamente, alimentan la gordofobia. De los gordos se dice que somos todos simpáticos y chistosos, pero que, al mismo tiempo, estamos deprimidos, somos ansiosos, inseguros, torpes. Los gordos creemos que la comida resolverá nuestros problemas. O hasta se dice que las gordas cogemos como nadie, le echamos más ganas por aquello de la desesperación.

Para el mundo de allá afuera la alimentación de nosotros los gordos es pésima, comemos básicamente fritangas y comida chatarra día y noche. ¿Ejercicio? Jamás. Somos perezosos y, de cualquier modo, incapaces de mover un dedo.

“No es cierto. Las personas con obesidad y sobrepeso no son todas iguales. No hay normas que apliquen absolutamente a todos. Hay constituciones genéticas distintas, contextos distintos”, asegura De Dios.

Los únicos casos en los que, reconoce el especialista, se han hallado patrones de estrés, ansiedad y depresión son los de obesidad mórbida y aun así puede haber excepciones.

Paulina Beltrán y Puga, nutrióloga y directora del centro de nutrición holística Casa Luz, dice que hay tantas razones del sobrepeso como gordos en el mundo. “Hay problemas metabólicos, hormonales, familiares, genéticos y hasta culturales que pueden impedir que una persona pierda peso. Y, para ser franca, los kilos y la talla no importan, el peso no indica salud, sino el nivel de grasa”, explica.

La gordofobia no sirve… No nos excluyan, no nos recomienden dietas ni especialistas (a menos que lo pidamos), no nos insulten.

Ejemplos hay muchos. La yogui Dana Falsetti pesa más de 130 kilos y es toda una celebridad en Instagram, con 227 mil seguidores y su propia plataforma para impartir lecciones de yoga en línea.“Pensé que mi cuerpo me limitaría al practicar yoga, pero con el tiempo he aprendido que sólo mi mente fija límites. Muchas personas piensan que necesitan ser delgadas, flexibles o fuertes para practicar yoga. Por favor, escúchame cuando digo que el yoga es para todo el cuerpo”, comparte Falsetti en su sitio web.

Los gordos no somos un tipo de persona. Somos como cualquiera, excepto que no cabemos en la talla chica y mediana y, a veces, tampoco en la grande.

Sí, hay riesgos

Hasta ahora no he tenido problemas de salud derivados de mi peso. Glucosa, colesterol, presión: todo en orden. Sin embargo, sé que si conservo estos veintitantos kilos extra, eventualmente podría haber complicaciones.

Es un hecho que el sobrepeso y la obesidad no son saludables. También es un hecho que no estoy gorda porque quiero, y les aseguro que no perderé un solo gramo despreciando mi cuerpo. Ni yo, ni cualquier otro gordo.

Para Beltrán y Puga, trabajar con la autoestima de pacientes es igual de importante que diseñar un plan alimentario para perder peso.

Odiar tu cuerpo no te hará delgada y ser delgada no te hará dejar de odiar tu cuerpo. Hasta que amas tu cuerpo puedes honrarlo; si no estás bien con tu cuerpo, vas a terminar comiendo como antes porque ser delgado tampoco te va a dejar satisfecho”, indica.

Lo que nos lleva a otro punto, si es que quedaba alguna duda: la gordofobia no sirve. Esa preocupación estéril que apunta, insulta, se burla, segrega y rechaza a los gordos no dará como resultado la repentina concienciación y la abrupta pérdida de peso.

De hecho, el resultado puede ser exactamente el opuesto. Es decir, en el mejor de los casos, seguirá habiendo gordos. En el peor, crecerá un problema de salud pública y social.

“Cuando se recompensa en exceso una posición (que en este caso es ser delgado y atlético) y se castiga en exceso la opuesta, vas a tener tendencias extremas. Los trastornos alimenticios son una consecuencia obvia de la gordofobia. Para encajar debes adelgazar, es el mensaje y, al mismo tiempo, están quienes aceptan la idea de que el sobrepeso es una condena perpetua. En ambos casos hay depresión”, dice De Dios.

¿Cómo resolver el problema?

No pierdo de vista el problema de salud pública que el sobrepeso conlleva. El mundo y los respectivos gobiernos siguen averiguando cómo evitar que los casos de obesidad sigan en aumento. Se trata de una epidemia de altos costos para los sistemas públicos de salud.

A esa escala, desconozco la respuesta.

Pero, a nivel individual, me atrevo a decir que lo único que sí tenemos en común todos los gordos es que sabemos que lo estamos, sabemos que es dañino y sabemos también que nada de lo que nos digan o hagan lo cambiará. Quizá los fumadores entienden bien esto.

No nos excluyan, no nos recomienden dietas ni especialistas (a menos que lo pidamos), no nos insulten, no piensen que somos todos iguales, ni que somos tan diferentes a los no-gordos. No jodan, pues.

 

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@lasenoritacori

lasenoritacora.com

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