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“Gordofobia”: el falso derecho a joder a otros

Como la gorda que he sido siempre, he escuchado toda clase de burlas, soy experta identificando las miradas juzgonas e incluso he aprendido a esquivar los comentarios bien intencionados que terminan en un incómodo insulto, como el clásico “estás bonita de la cara”. Pero ¿por qué a las personas les inquieta tanto el peso de otras personas?

La respuesta no es sencilla ni corta ni única, pero al menos existe una palabra para nombrar eso que mueve a algunos a desaprobar la apariencia de un obeso: “gordofobia”.

En el sentido más riguroso del término, la gordofobia es el miedo irracional a los gordos, a ser uno o a interactuar con uno, y se origina en la obsesión contemporánea de estar delgado.

“Desde siempre los estándares de belleza han estado muy relacionados con lo que se percibe como saludable. A nivel social, una persona atlética se considera mucho más atractiva y simboliza todo eso que debiera ser”, explica Mario de Dios Yepez, psicólogo del Grupo Monte Fénix.

Ser delgado hoy es sinónimo absoluto de belleza, pero también de salud y de equilibrio emocional. Ser gordo, explica el especialista, sería entonces lo opuesto. El sobrepeso y la obesidad equivalen a holgazanería, descuido personal, falta de autocontrol, conformismo, pero, sobre todo, enfermedad.

Por eso la gordura no es sólo una característica física y por eso la salud se ha convertido en el pretexto perfecto para señalar, hostigar y discriminar a gordos. El estudio “La relación de la obesidad con el empleo y los salarios en México”, de Raymundo Campos, revela que los mexicanos ganan hasta 17% menos debido a su índice de masa corporal.

 

Esa subespecie humana llamada “gordos”

Hay muchas creencias falsas sobre lo que implica ser gordo. Todas éstas, irónicamente, alimentan la gordofobia. De los gordos se dice que somos simpáticos y chistosos, pero que, al mismo tiempo, estamos deprimidos, somos ansiosos, inseguros y torpes.

Las personas que mantienen su peso en promedio creen que los gordos la alimentación de los gordos es pésima: fritangas y comida chatarra día y noche. ¿Ejercicio? Jamás.

“No es cierto. No todas las personas con obesidad y sobrepeso son iguales. Hay constituciones genéticas distintas, contextos distintos”, asegura De Dios.

Los únicos casos en los que, reconoce el especialista, se han hallado patrones de estrés, ansiedad y depresión son los de obesidad mórbida y aun así puede haber excepciones.

Paulina Beltrán y Puga, nutrióloga y directora del centro de nutrición holística Casa Luz, dice que hay tantas razones del sobrepeso como gordos en el mundo. “Hay problemas metabólicos, hormonales, familiares, genéticos y hasta culturales que pueden impedir que una persona pierda peso. Y, para ser franca, los kilos y la talla no importan, el peso no indica salud, sino el nivel de grasa”, explica.

 

Sí, hay riesgos

Es un hecho que el sobrepeso y la obesidad no son saludables. Pero les aseguro que no estoy gorda porque quiero y que no perderé un solo gramo despreciando mi cuerpo. Ni yo, ni cualquier otro gordo.

Odiar tu cuerpo no te hará delgada y ser delgada no te hará dejar de odiar tu cuerpo. Hasta que amas tu cuerpo puedes honrarlo; si no estás bien con tu cuerpo, vas a terminar comiendo como antes porque ser delgado tampoco te va a dejar satisfecho. Por ello, trabajar con la autoestima de pacientes es igual de importante que diseñar un plan alimentario para perder peso”, indica Beltrán y Puga, .

Así que, si es que quedaba alguna duda: la gordofobia no sirve. Esa preocupación estéril que insulta, se burla, segrega y rechaza a los gordos no dará como resultado la repentina concienciación y la abrupta pérdida de peso.

De hecho, el resultado puede ser exactamente el opuesto. Es decir, en el mejor de los casos, seguirá habiendo gordos. En el peor, crecerá un problema de salud pública y social. “Cuando se recompensa en exceso una posición (que en este caso es ser delgado y atlético) y se castiga en exceso la opuesta, vas a tener tendencias extremas. Los trastornos alimenticios son una consecuencia obvia de la gordofobia.

 

¿Cómo resolver el problema?

No hay que perder de vista el problema de salud pública que el sobrepeso conlleva. El mundo y los respectivos gobiernos siguen averiguando cómo evitar que los casos de obesidad continúen en aumento. Se trata de una epidemia de altos costos para los sistemas públicos de salud.

A esa escala, desconozco la respuesta. Pero, a nivel individual, me atrevo a decir que lo único que sí tenemos en común todos los gordos es que sabemos que lo estamos, sabemos que es dañino y sabemos también que nada de lo que nos digan o hagan lo cambiará. Quizá los fumadores entienden bien esto.

No nos excluyan, no nos recomienden dietas ni especialistas (a menos que lo pidamos), no nos insulten, no piensen que somos todos iguales, ni que somos tan diferentes a los no-gordos. No jodan, pues.

 

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@lasenoritacori

lasenoritacora.com

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