Especial

La felicidad es negocio

Hay que distinguir entre el bombardeo de “productos” que te garantizarán la felicidad en cinco días y la verdadera y honesta búsqueda de bienestar, porque, en la actualidad, es muy fácil distraernos con esos métodos de a millón y perder de vista nuestros objetivos.

Aunque encontrar la felicidad es como querer bajar de peso sin dieta ni ejercicio, Alejandra López, del Instituto de la Felicidad, admite que un primer paso para alcanzarla es liberarse de las creencias que desde pequeños nos han inculcado sobre ésta: “Hay una exigencia muy grande por llegar a ser lo que no somos y eso genera infelicidad”, a esa conclusión llega después de ocho años de ofrecer soluciones que permiten a las personas y empresas alcanzar su desarrollo óptimo a través de su organización.

A pesar de que la felicidad ha sido una cuestión interminable con concepciones y enfoques casi infinitos, la especialista en temas de educación y liderazgo resalta que la realización de la persona es algo distinto para cada individuo, dependiendo de su cultura, necesidad y situación, pero “aunque es un tema que siempre ha acompañado a la humanidad por siglos, en la actualidad es más observable por las redes sociales”.

«Hay una exigencia muy grande por llegar a ser lo que no somos y eso genera infelicidad»

Encontrar la felicidad es quizá el anhelo más antiguo de la humanidad, sin embargo, en esta era digital se ha transformado también en un objeto de consumo más. Una obsesión de investigadores, pero también en una he- rramienta de la industria para fomentar el consumismo, que, en teoría, garantiza una alegría sostenible.

Si la depresión es la enfermedad del siglo XXI, la felicidad es un negocio muy redituable: desde los simposios científicos hasta la lista de libros más vendidos. Según Ed Diner, psicólogo de la Universidad de Virginia (llamado también como el “Doctor de la Felicidad”), en su artículo publicado en el diario El Mundo, calculó que mientras en 1980 se publicaban 130 artículos científicos al año sobre el tema, ahora se editan más de mil al mes, es decir, este sector se ha multiplicado por cien.

Con sólo escribir “felicidad” en el buscador de Google se pueden encontrar más de 81 mil 200 artículos relacionados con el tema. Y no sólo eso. En 2012, la ONU creó el Día Internacional de la Felicidad: el 20 de marzo. En el estudio, que abarca a 156 naciones, este año México ocupa el lugar 21 del listado. Una prueba más (por si hace falta) de lo indescifrable que es el concepto de felicidad.

«Todos quieren ver cambios sin hacer nada para obtenerlos, y así es imposible»

Mientras se combate la depresión con medicamentos, la aspiración hacia la felicidad es un tema rentable para la política, el consumo y la ciencia, sin embargo, a decir de Alejandra López, todo consiste en entrenar la conciencia, enfocar la atención en nuestra vida y en los pequeños cambios. “Todos quieren ver cambios sin hacer nada para obtenerlos, y así es imposible”, indica con resignación.

Datos curiosos

Sonja Lyumbomirsky, en su libro The How of Happiness, indica que los estudios de la psicología positiva muestran que el rango base genético contribuye con un 50% al nivel de felicidad; las circunstancias, como el país en el que vivo, si estudio o trabajo, si tengo dinero o salud contribuyen con el 10%; mientras que la voluntad, es decir, lo que yo decido hacer para construir mi felicidad contribuye con el 40 por ciento.

Martin Seligman, padre de la psicología positiva, propone en su libro Authentic Hapiness la fórmula: F = R + C + V
F es el nivel de perdurable felicidad que resulta de sumar. R el rango base de la felicidad, que son las características con que se nacen. La genética determina el género (hombre/mujer), raza, apariencia física y temperamento. Esas cualidades determinan el patrón de pensamiento, sentimientos y actitud ante lo que sucede. C son las circunstancias que nos rodean (estado civil, nacionalidad, nivel socioeconómico, ocupación, situación laboral, edad, etcétera).
V acciones que se emprenden de manera voluntaria. El componente más importante de los tres. Hacer lo que se quiere, pero sobre todo, disfrutarlo y vivirlo con atención.