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Empoderamiento emergente: las NoMo y una nueva sociedad

Japón quiere tomar medidas contra la anticoncepción femenina; Alemania está mandando a sus demógrafos a estudiar qué hay detrás de la baja fertilidad de sus ciudadanas; Estados Unidos hace investigaciones y levanta encuestas para saber por qué el índice de natalidad desciende en las mujeres en edad fértil; en las redes sociales, los sitios de los llamados “sin hijos” (childfree) crecen como zonas liberadas para hablar de la incomodidad que provoca la presión social sobre la idea de que tener hijos debe forzosamente formar parte de tu proyecto de vida; abundan videos, documentales, programas de televisión donde el tema de la no maternidad sube el rating; los foros de mujeres arrepentidas de ser madres, o por lo menos de expresar su malestar, son la gran sorpresa en internet; las notas y portadas periodísticas sobre las NoMo (Not Mother) se vuelven virales; los blogs de mujeres que se rebelan contra la obligación maternal proliferan en la red; y los libros sobre este tema se convierten en bestsellers.

Ante el grito (cual disco rayado) demográfico “¡Tengan hijos!”, millones de mujeres responden “No todas queremos”.

El no a la maternidad ha tomado cada vez más visibilidad en las generaciones de mujeres jóvenes (aunque algunas de ellas no estén tan seguras aún de no serlo). Para algunos es un tema de moda, otros lo observan como una evolución de las individualidades, donde se defiende que la decisión de procrear o no es un ejercicio de libertad, entendimiento y respeto, aun cuando todavía en los países latinoamericanos cause confrontación y discusiones controversiales, sobre todo cuando se sigue presionando a las mujeres a que cumplan con el mandato biológico.

«Hay que liberar a las mujeres de la idea de que lo natural es tener hijos».

Elisabeth Badinter, socióloga francesa, en 1980 puso el dedo en la llaga de la discusión, con su libro ¿Existe el amor maternal?, donde cuestionaba el instinto maternal ligado a la naturaleza femenina. Lo más polémico que subrayó en ese texto fue el juicio colectivo de considerar “anormales” a las mujeres que ignoraban la procreación. Treinta años después, en 2011, Badinter arremetió en un nuevo libro, El conflicto, la mujer y la madre, contra los postulados que metían a la mujer en una nueva esclavitud: la madre perfecta. Además, apuntaba, “hay que liberar a las mujeres de la idea de que lo natural es tener hijos”. Pareciera, dice, que el mundo no observa que hay una gran diversificación de deseos femeninos que pone en cuestión la posibilidad de una definición universal de la naturaleza femenina.

También a finales de los ochenta, Jeanne Safer, una joven médico de 35 años, decidió publicar una columna para explicar las razones de su decisión de no ser madre. Para ese texto y después un libro, Beyond motherhood (Más allá de la maternidad), con 50 entrevistas a mujeres en la misma situación, utilizó un pseudónimo porque temía que la descubrieran. “Eso explica lo fuerte que es el estigma social”, ha dicho en varias ocasiones.

En 2015, la periodista Meghan Daum lanzó un libro polémico que rápidamente se convirtió en bestseller, cuyo nombre sarcástico Egoísta, superficial y ensimismado, incluía la reflexión descarnada y testimonial de 13 mujeres y tres hombres de reconocido prestigio que han elegido no procrear.

No han sido los únicos libros, en 2009, la escritora suiza Corinne Maier, con su libro No kids: 40 good reasons not to have children, dinamitó las buenas conciencias y dijo lo que muchas mujeres piensan: “si no tienes hijos, disfrutas de más sexo y mayores oportunidades laborales”.

La prensa también se ha hecho eco de la tendencia. En agosto de 2013 la revista Time dedicó todo el número al tema con un provocador título “¿Es igual ser mujer a ser mamá?” y un subtítulo, “No querer tener hijos es como un NO muy grande y millones de pequeños sí”.