Psicología

Fuera clichés, lo mejor del cuarto piso

Salvo contadas excepciones, a nadie le encanta verse en el espejo y notar que hay más lonjas y menos pelo. Que las ojeras de una noche de juerga permanecen meses y que la cruda dura un día entero.

Pongámonos filosóficos: crecer es complicado, no sólo por las responsabilidades que se van adquiriendo y lo complejo de las interacciones sociales (enamoramientos, divorcios, contratos, despidos, etc.), sino porque cumplir y cumplir años está asociado con un miedo muy hondo y primigenio: el miedo a la muerte, a desaparecer y desvanecerse tras el paso del tiempo. No es gratuito que los griegos representaran, dentro de su cosmogonía, a Cronos, dios del tiempo, como aquel que todo lo devora, incluyendo a sus hijos.

A eso sumemos los mensajes que nos impactan del exterior: campañas, marcas y productos que constantemente nos recuerdan, casi nos imponen: “evita las arrugas”, “no dejes de verte joven”. Demasiado estrés y consumismo, dirán algunos.

Y como cereza en el pastel: los millennials. Ese maldito concepto de marketing para encasillar a las personas nacidas entre finales de los 80 y principios del 2000, un grupo demográfico al que todas las grandes compañías quieren hablarle al oído.

Pareciera que, si no somos millennials, nuestras posibilidades de ser “creativos”, “innovadores” o “disruptivos” se reducen en un 67%.

Pues, bueno. Es hora de tumbar algunos mitos y hablar de cómo, a partir de los 40, comienza la buena vida.

Miguel, el escritor (México, 1974) 

Lo tiene claro: la edad es, antes que un factor biológico, una convención social. “La edad sirve para imponernos cosas. Cuántas veces no escuchamos de nuestros amigos y familiares: ‘uy, m’ijito, es que todavía no estás en edad’. O peor aun: ‘¿en serio a tu edad quieres hacer eso?’”

Si siempre nos dejáramos llevar por las convenciones sociales, el mundo sería un lugar de infernal aburrición. Eso lo sabe Miguel, quien es escritor, periodista, columnista y, recientemente, productor y director teatral. Está empezando los 40 y lo expresa de la siguiente manera: “me siento de 25 pero con más tablas: creativo y estable como nunca antes”.

«Si siempre nos dejáramos llevar por las convenciones sociales, el mundo sería un lugar de infernal aburrición».

Miguel vivió fuera de México casi siete años, en un periodo de altibajos, tanto personales como macroeconómicos. De 2008 a 2013, a España, lugar donde residía, le pegó de lleno la crisis económica y la explosión de las burbujas inmobiliarias. Pese a ello, Miguel publicaba uno de sus libros más queridos y aparecía en diversas antologías de narrativa. Sin embargo, al mismo tiempo que escribía, se sentía solo y un tanto desorientado. Regresó a México y, tras varias semanas, se decidió: apostaría por entrar al mundo teatral, no como actor, sino como director y productor.

“Estar en los cuarenta y tantos es una etapa que estoy disfrutando: con mucha libertad, creatividad, estabilidad emocional y con la certeza de que estoy donde quiero estar, haciendo lo que quiero hacer”.

Actualmente, Miguel se ha especializado en obras de micro teatro, un género que comenzó a tener fuerza en España en 2011 y que se expandió rápidamente en algunos países de Iberoamérica.

Alejandra, la periodista (Colombia, 1971)

Es una reportera con suerte: le ha tocado cubrir los hechos noticiosos más relevantes de Colombia de las últimas dos décadas, sin perder frescura y notoriedad. “Los 40 años es una edad excitante. No puedo decirlo de otra manera. Es como si muchas de las cosas que viste, conociste o leíste en tu juventud y adolescencia, de pronto cobraran todo el sentido, pero con un extra: tienes más certeza, más control y más mesura. Es una etapa dorada”.

«Los 40 años es una edad excitante. No puedo decirlo de otra manera».

La necesidad de “reinventarse” no es algo que le quite el sueño a Alejandra. Sabe que lo que habla por ella es su trabajo, sus historias y las redes de contacto que ha creado. Hace unos años, un grupo editorial la contrató para dirigir un portal de información política, cosa que ha hecho con notable maestría. “Nunca hubiera podido dirigir nada sin la experiencia de mis años de reportera, que fueron frenéticos”, dice.

Alejandra disfruta su trabajo, pero no es la workaholic de hace una década; ahora pasa mucho más tiempo con su familia y se da pequeños premios, como escaparse de vacaciones a la playa si hay alguna oportunidad. Cuando la conversación da un giro sobre su vida sexual, la respuesta es la misma: “¿recuerdas qué fue lo primero que dije? Excitante a más no poder. A estad edad se mezclan tres cosas: sabes qué te gusta, sabes pedirlo y sabes dejarte llevar”.

Así que ese combo resulta, a todas luces, ganador.

Óscar, el hacker tardío (Argentina, 1969)

Estudió ingeniería civil y trabajó varios años en empresas de renombre mundial… hasta que le llegó el cansancio por la actitud de su jefe, la economía que no jala y el suyo mismo. En algún momento de 2014 lo despidieron, sin liquidación, cuando estaba por cumplir 45 años.

“Llegué a casa, hablé con mi pareja por teléfono y miré mis cuentas de ahorro. La verdad es que tenía para sobrevivir varios meses de pagar rentas, deudas y otras cosas. Pero algo sí sabía: quería celebrar en grande mis 45. Y así lo hice”.

Quizá movido por un afán liberador, Óscar organizó una celebración que parecía el más grande cliché: decenas de invitados, mucha comida y muchos temas juveniles para ocultar la tristeza por el despido y el “envejecimiento”.

En la fiesta, uno de sus colegas mencionó que su hijo era programador, que le pagaban sueldos impresionantes y que en el mundo de los hackers había pleno empleo.

“Viví en la zona de confort toda mi juventud y parte de la adultez. Y sentí que era tiempo de probarme y demostrarle al mundo, y a mi ex jefe en particular, que podía hacer lo que quisiera”.

Óscar encontró, en internet, tutoriales gratuitos de programación en html5, PHP y Java. Poco a poco empezó a programar sitios web básicos y a divertirse en los foros de discusión que encontraba a su paso. Aprendió a hacer visualizaciones y a programar distintos tipos de efectos interactivos en la web. Se registró en una página donde clientes piden algo y distintos programadores ofrecen una solución. Todo automatizado. Y, un buen día, uno de ellos le ofreció un trabajo.

“El cliente no sabía mi edad. Seguro pensaba que era un pibe de 18 años quien le programaba los sitios. Acepté, por probar. No era el trabajo soñado, pero me ha permitido entender y aprender muchísimo y deshacer ese gran mito de que a partir de la edad en el cuarto piso ya todo se ha aprendido”.

En otras palabras, si los 40 traen profundidad, ímpetu, estabilidad, madurez, brío y nuevos aprendizajes, pues… ¡a vivirlos y a gozarlos!