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Finanzas de un hombre divorciado

La experiencia es casi universal: todo aquel que vive una separación después de una relación larga y significativa (sea matrimonio o unión libre, pero en la que se comparte la vida, incluidos los gastos y el dinero), enfrenta una terrible incertidumbre con la que es muy difícil lidiar, no sólo en lo emocional sino también en lo económico.

Las finanzas de los recién separados suelen desequilibrarse hasta el punto de la descompensación total. Algunas personas llegan a la quiebra. Y esta experiencia la viven tanto hombres como mujeres. En esta ocasión, revisaremos cuáles son los retos para el hombre divorciado.

Divorcio = Gastos x 2

En infinidad de casos, a los hombres el divorcio los toma desprevenidos en cuanto a lo financiero, y su economía suele resentir una crisis mayúscula. Pero, como todas las crisis, puede ser una gran oportunidad para replantear sus finanzas y llegar a una mucho mejor organización personal del dinero. En principio, el papel de proveedores en la pareja, aunque ha venido cambiando, aún tiene mucha vigencia, así que muchos hombres se encuentran con que deben seguir aportando para mantener a la familia, aunque ésta se haya dividido.

Legalmente, los padres deben mantener a los hijos hasta que cumplan 18 años, y las mujeres, si no trabajan en el momento del divorcio, tienen la prerrogativa de exigir una cantidad mensual adicional a la manutención de los niños. El espíritu de esta ley es que ella no se quede desprotegida, y eso no puede sino ser positivo en un mundo machista en el que los hombres muchas veces no honran sus compromisos (¡ni con sus propios hijos!), pero también hay que decir que muchas mujeres abusan de ello y, para no dejar de recibir esa pensión especial, abandonan la búsqueda de empleo.
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El resumen de todo es que el hombre divorciado se encuentra de pronto con que le retiran una parte importante de su sueldo (por lo común, entre el 20 y el 40%), y encima de esto, de la noche a la mañana tiene que buscar y mantener un nuevo lugar donde vivir. Muchos salen de la casa familiar para rentar un departamento, con lo que los gastos pueden llegar al doble de lo que tenían apenas unos meses antes. ¿Qué hacer ante esta situación? Esto aconsejan los expertos:

Negocia buenos términos de separación

El primer elemento que afecta las finanzas de un hombre divorciado es la relación con su ex. Así de crudo. Al negociar, sé lo más justo posible, pero con ambas partes: con ella y contigo mismo. Debes apoyarla, pero no aceptes quedarte prácticamente sin dinero con tal de llegar a un arreglo rápido (muchos hombres hacen esto por culpabilidad inconsciente y, de pronto, se encuentran con que no pueden siquiera llegar a fin de mes). Debes explicarle a tu ex la situación, siendo muy honesto y claro, pero también firme.

Evita llegar a la instancia de los abogados; negocia con un mediador. Un consejo invaluable: cuando hay mucho enojo, los gestos unilaterales de buena voluntad ayudan sobremanera. La regla con tu ex debe ser la justicia: nunca desprotegerla (sobre todo si ella no trabajaba y le es difícil al principio encontrar un empleo por haber estado fuera del mercado laboral), pero tampoco sobreprotegerla por un confuso sentimiento de culpa.

¿Qué hacemos con la casa?

Si se casaron por bienes separados, cada quien se queda con lo que está a su nombre. Pero, independientemente de a nombre de quién esté la casa, si ambos aportaron para comprarla, y si, por ejemplo, ella se va a quedar a vivir ahí, él debe recibir un porcentaje equivalente a lo que puso, ya sea que ella le pague esa cantidad, si tiene efectivo, o se equilibre con otros bienes o con términos menos onerosos en la pensión mensual. Ojo, hombre divorciado: una vez más, separa los sentimientos y la posible culpa, pues muchos tienden a quedarse literalmente sin nada con tal de “compensar” sus emociones. La terapia emocional es algo obligado, lo mismo que la financiera.

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Siéntense con un mediador

Para hacer las cosas mucho más sencillas, lo mejor es contratar a un mediador. Más vale un mal arreglo que un buen pleito, dicen por ahí, pero incluso puede ser un buen arreglo, y además pacífico, que sustente las bases de una convivencia futura positiva, si hay hijos. Vale la pena considerar que se puede recurrir a ellos incluso si ya ha pasado un tiempo después de la separación, puesto que siempre se puede volver a replantear el arreglo, sobre todo si está siendo excesivamente oneroso para alguna de las partes.

Cuidado con los gastos

La experiencia de muchos divorciados es que sus gastos se van al doble, pues no sólo hay que pagar dos rentas (o dos hipotecas), sino que los gastos de comida, cable, internet, limpieza, etcétera, se duplican. La ventaja de la “economía de escala” que significaba tener dos ingresos y una división de gastos, se revierte. Hay que buscar los mejores precios de cada servicio o gasto del nuevo hogar, sobre todo en lo que se llega a un nuevo balance financiero. Los servicios de televisión restringida pueden variar hasta en un 150%, por ejemplo, buscando las mejores opciones. Y la limpieza… bueno, habrá que ponerse el delantal de vez en cuando.

Convive con tus hijos

El tema de no saber manejar el tiempo que se pasa con los niños afecta especialmente al hombre divorciado. Muchos primerizos (recién separados) no saben qué hacer con los pequeños cuando los tienen en casa, por lo que caen en grandes gastos. Además, aquí también se mezclan las emociones con los sentimientos de culpa, que hay que saber manejar.

Cuando esto interviene, puede incurrirse en compras excesivas, lo que incluso puede dañar su autoestima. Entérate: si eres un papá presente y no tomaste decisiones irresponsables en lo que respecta a la separación, no eres culpable de haber “abandonado” a tus hijos. Si cometiste alguna falla, acéptala y haz una reparación del daño (ayúdate de la terapia para saber cómo).

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Lo más gratificante de la vida, que es la unión familiar, el tiempo de calidad, el sentido de aventura, el respeto a las aficiones de cada quién, ¡no cuesta! ¿Qué hacer con los niños los fines de semana? Ir al cine es lo más obvio. Un museo, un zoológico, un picnic improvisado, salir a pasear al parque o a andar en bicicleta, hacer un tour de los mejores helados de la ciudad o ir a pueblitos cercanos, cohesionará a la nueva familia binuclear, tú no gastarás mucho y los niños estarán felices de ese nuevo tiempo ganado con su padre.

También, pregúntales qué es lo que les gustaría aprender. Quizá unas clases de pintura (que en varios museos se imparten como lecciones sueltas, gratis) los haga felices, o apóyalos para que entren al equipo de futbol de la escuela y acude los sábados a sus partidos.

Cocina en casa

No hay nada más edificante y que genere un mejor sentido de unión familiar (recuerda, ahora son una familia binuclear) que cocinar juntos. Salgan a comprar los ingredientes, enséñales a hacer los platillos que más les gustan y observen cada proceso como una aventura. Les encantará, y cada vez gastarás menos en comidas afuera.

Haz un presupuesto guerrillero

Prepara una economía de guerra, sobre todo para los primeros meses de la separación, que es cuando hay mayores gastos (se monta la nueva casa) y cuando los hombres están más desorganizados. Al contrario, que tu caso sea el de una hiper-organización, siendo consciente de lo que se viene. De una vez debes saberlo: llegará el momento en que sientas que “no hay dinero que alcance”, así que mejor prevé desde ahora. La estrategia guerrillera no se basa sólo en la austeridad, sino en el meticuloso registro de los gastos que hagas. Anótalo todo en una libreta y al final viértelo en un archivo de Excel. Es tedioso, pero te acostumbrarás. Te darás cuenta exactamente en dónde están las fugas y qué es lo que hay que recortar. Sobre todo, sabrás si tienes déficit, para atenderlo pronto y llegar a un nuevo superávit.

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Busca ingresos alternativos

Reacciona rápido con esto; no puedes esperar a que te llegue el agua al cuello. Piensa qué afición tienes que te pueda generar ingresos económicos en tus tiempos libres. Quizá descubras que puedes iniciar un negocio con el tiempo, o cambiar de giro, ¿por qué no? Por lo pronto, tu actividad B te puede ayudar a compensar los desequilibrios financieros después de la separación. A veces el estado anímico no ayuda mucho, pero no veas mal otra opción de ingresos.