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Psicología

Familias poco convencionales: una manera distinta de vivir

Escribir sobre familias monoparentales o mono-nucleares requiere, como inicio, establecer un marco de referencia. ¿Qué significa ser padres solteros? ¿Cuáles son los alcances? Delimitar este concepto no es sencillo; sin embargo, según los estudios de género y familia, “familias monoparentales son aquellas en las que un progenitor convive con, y es responsable en solitario de sus hijos e hijas menores o dependientes, quienes viven bajo la tutela emocional y económica de uno solo de los padres”.

Existen varios tipos de familias mono-nucleares. Los casos más comunes son: madres o padres viudos; madres solteras (padre desconocido o sin estar presente); madre o padre que se hace cargo de los hijos después de una situación de abandono; progenitores que eligen tener sus hijos solos…

Los estudios sobre psicología y familia demuestran que, mientras el amor y los cuidados sean lo que prevalezca en los lazos de parentesco, los roles pasarán a un nivel inferior. Estaríamos hablando de estructura y no de necesidades afectivas. La happy family (mamá, papá e hijos) es el modelo reinante dentro del sistema patriarcal en el que vivimos. Desde esta perspectiva, es claro que los niños criados por un solo progenitor serán considerados como “con problemas”.

«Mientras el amor y los cuidados sean lo que prevalezca en los lazos de parentesco, los roles pasarán a un nivel inferior»

Pero, ¿es verdad esto? No necesariamente. Las estructuras familiares han ido transformándose a lo largo de la historia. La familia no siempre ha sido concebida de la misma forma, ni para iguales fines. Es claro que gran parte de la sociedad sostiene que los hijos requieren la figura de ambos padres. Aquí radica el meollo del asunto. Pero el hecho de que una pareja constituida decida tener hijos, tampoco garantiza que dichos padres puedan cubrir todas las necesidades de los menores.

Hace muchos años, cuando mi hijo aún era pequeño, asistía a una escuela de tendencias pedagógicas modernas. Después de cinco años, en una de las evaluaciones que me entregaron, la psicóloga expresó: “Tu hijo está muy bien. Es inteligente, sensible y excelente compañero –podrán imaginar cómo se me caía la baba–. Sin embargo, creemos que necesita una figura masculina”.

Preocupada, llena de culpa, indagué: “¿Por qué? ¿Qué han visto? Díganme más, por favor”. Lo sorprendente fue la respuesta: “No te alarmes. En realidad no vemos nada extraño pero, como puedes comprender, todos los niños necesitan las dos figuras: madre y padre. Y tu hijo no la tiene”. Se acabó mi tolerancia. Indignada, pregunté: “¿Qué opciones tengo? ¿Acostarme con el marido de otra madre? ¿Sacar un hombre de un chippendale o mejor lo fabrico de barro? No hubo respuesta. Lo evidente no hace falta mencionarlo.

Existen numerosos pros de educar a los hijos desde la familia tradicional: cada uno de los padres ofrecerá su amor y su visón del mundo a los hijos y los hijos sentirán los roles masculino y femenino. Representa un modelo socialmente aceptado, con reglas preestablecidas.

«Lo más importante es dar amor y tiempo de calidad. Pero, sobre todo, alejar la culpa»

En contraparte, los contras son: no siempre los dos progenitores están de acuerdo ni respetan las diferencias; en muchos casos, utilizan la educación de los niños como campos de batalla conyugal, y los juegos de roles están cargados de prejuicios y estereotipos dañinos.

Asimismo, las familias mono-nucleares arrojan su propia luz y sombra, como diría Jung, sobre algunos aspectos: la capacidad de decidir sobre el futuro y la educación de los hijos en completa armonía con una única visión del mundo; el establecimiento de una relación muy estrecha, basada en la responsabilidad absoluta que el progenitor ha adquirido; pero, al haber un sólo adulto responsable, algunas veces se puede caer en tiranías o chantajes o alguna forma de sesgar al niño.

Finalmente, una de las principales características que en la actualidad se observa es que las familias mono-nucleares establecen profundos lazos más allá de los sanguíneos: hacer familia con los amigos, abuelos, primos, tíos, compañeros y parejas, lo que les da un sentido más amplio y profundo del concepto “familia”. En conclusión, sí hay diferencias, como en cada ser humano, pero sin juicios. Lo más importante es dar amor y tiempo de calidad. Pero, sobre todo, alejar la culpa.

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