Opinión / S1NGULAR

¿Existe la clave de la felicidad?

El Diccionario de la Lengua Española describe “epicúreo” como “dicho de una persona que busca los placeres de la vida”.

En nuestra idiosincrasia, cuando no es posible alcanzar la fortuna, la fama o “el amor verdadero”, todos ellos equivalencias (o esperanzas ciegas) de “la felicidad plena” (si es que tal cosa existe), no falta quien diga con cierto aire de satisfecha resignación: “pero mientras… ¿lo bailado quién me lo quita?”.

Si “alcanzar la felicidad” ha sido una inquietud natural del ser humano, ¿no existiría ya un método para ello desde hace milenios?
En el año 306 a.C., en la ciudad de Atenas, un estudioso se propuso ser congruente con su pensamiento y fundar una escuela cuya filosofía se fundaba en una idea: “El gozo es el principio y el fin de una vida dichosa”. Epicuro, como se llamaba este filósofo nacido en Samos hacia el 341 a.C., también afirmaba:
“Quien asegura que aún no le ha llegado o que ya se le ha pasado el momento de interesarse por la verdad, igual asegura que no le ha llegado o que se le ha pasado el momento de ser feliz”.

«El gozo es el principio y el fin de una vida dichosa». —Epicuro

Aunque ahora nuestra idea de lo “epicúreo” se remite a lo fastuoso y, sobre todo, a exquisitos manjares, en realidad este término tenía que ver con el goce que daba la libertad plena. En pocas palabras: asegurarse una estabilidad de vida prescindiendo de todo aquello que nos hace infelices.

Y aquí viene “la pregunta de los 64 mil”: ¿qué diablos es primordial en la vida para ser feliz? Epicuro, luego de varios años de filosofar y poner esas ideas en práctica, llegó a tres conclusiones:

La amistad. Nada confirma nuestro lugar en el mundo como la certeza de que alguien sea testigo ( y partícipe) de nuestras experiencias.

La libertad. Epicuro y sus discípulos lograron prescindir de trabajar para otros: compraron una amplia casa con jardín para sembrar y producir sus propios alimentos. Con ello asumieron un tipo de vida muy humilde (sin lujo alguno), pero así evitaron someterse a las órdenes de algún patrón tiránico o déspota.

La reflexión. La vida libre y relajada que alcanzó Epicuro le permitió escribir más de 300 libros y que su escuela filosófica no sólo trascendiera durante siglos, sino que fuera vista con recelo porque significaba un riesgo para la “vida económica” de su sociedad.

Tal vez nuestro ritmo de vida actual hará imposible intentar una aventura similar a la de Epicuro, pero ¿en verdad vale la pena todo lo que padecemos ahora por mantener nuestra “calidad de vida”?